Antitaurinismo, situación actual y perspectivas de futuro… Parte tres

El antitaurinismo en la era de la globalización… Desde el animalismo al antitaurinismo en el pensamiento contemporáneo Marx nos ha enseñado que siempre es delicado determinar qué viene en primer lugar, la ideología o las características de la sociedad, o sea las infraestructuras. Como acabamos de esbozar el retrato de éstas últimas, conviene hablar de los pensadores que han influenciado o inspirado estos nuevos planteamientos sociales y, en vía de consecuencia, el nuevo antitaurinismo imperante.

El australiano Peter Singer, profesor de bioética en la Universidad de Princeton, es sin lugar a dudas la figura más fundamental, por no decir fundamentalista, del pensamiento animalista. Sus tesis quedan expuestas en su obra de referencia Animal liberation (1975), traducida al español en 2011 (Liberación Animal, Taurus). Siguiendo al profesor británico de sicología, Richard Ryder, Singer va en contra de lo que llama el especismo, según él un prejuicio histórico de la cultura occidental que hace creer que la especie humana tiene un estatus central en la creación, y en todo caso superior al del resto de los animales, especie a la que el hombre pertenece al fin y al cabo.

Existe por lo tanto una igualdad de consideración, si no de derechos, entre todos los seres sensibles – y un animal lo es -, siendo el especismo humanista el culpable de una discriminación moralmente intolerable, de la misma manera que el racismo y el sexismo. Singer llega hasta a cuestionar el concepto de especie y considera que sólo deben ser tomados en cuenta los individuos vivientes. Todos ellos, absolutamente todos, deben recibir un tratamiento acorde a su bienestar.

El sufrimiento ocasionado a un animal, cualquiera que sea el fin perseguido, es condenable y es el criterio que determina el juicio moral que merece cualquier acción; en este sentido matar de mala manera a una vaca es más grave para él que matar a un bebé que no sufre por ser inconsciente, y conviene acabar lo más pronto posible con la matanza industrial y con la explotación de los animales para la investigación científica. Lo que se evidencia en esta reflexión es que el profesor no define con precisión qué es un animal, o se forma de él un concepto global que resulta cuestionable (¡otra faceta de la globalización !).

En estas condiciones, si uno se debe indignar por el maltrato a un caballo o a un bovino, ¿por qué no extiende su compasión al mosquito y a la lombriz ? ¿Por qué habría entonces distinciones entre unos y otros ? ¡Si hasta algunos científicos han pensado en demostrar que las hierbas gimen cuando se las pisa ! 9 Las ideas de Peter Singer van a tener un efecto práctico al fomentar la constitución del movimiento PETA (People for the Ethical Treatment of Animal), matriz de todas las organizaciones animalistas del mundo, incluyendo España.

Este movimiento, fundado por la británica Ingrid Newkirk al volver de una experiencia humanitaria en la India (otra ilustración del acercamiento entre el mundo anglosajón y el oriental para el animalismo), convierte en acciones directas las tesis de Singer. Promueve el veganismo (no consumir carne ni cualquier producto de un animal, como la leche o el huevo) y, sin aprobarlo rotundamente, reconoce la legitimidad de ciertos activismos « ultras » como los incendios a ciertos mataderos o laboratorios, o la liberación de animales enjaulados para ser sometidos a experiencias científicas. ¿Nos estamos alejando del tema taurino ? De ninguna manera.

AnimaNaturalis, organización que acaba de alzar en las últimas Fallas de Valencia el estandarte de la protesta antitaurina, se reclama expicitamente del profesor australiano y de PETA. Por otra parte, en 2010, un discípulo de Peter Singer, Jean-Baptiste Jeangène Vilmer, filósofo y jurista, profesor en el King’s College de Londres y especialista en ética animal, entabla en el diario francés Libération un duelo encarnizado, en el campo de las ideas, con el filósofo y gran aficionado Francis Wolff.

El debate entre los dos se centra en dos puntos claves : uno, el concepto de tradición que sustenta en Francia la excepción cultural, en el código penal, en favor de la corrida. Una tradición no justifica la permanencia de costumbres nefastas y crueles – afirma Vilmer, tomando como ejemplo la escisión de la niñas en África. Hablar de tradición, por supuesto cuando no atenta a los derechos humanos universales, es hablar de la sensibilidad y de la cultura compartidas por un pueblo en una región, y legítimas como tales, responde Wolff. Dos, el estatuto del toro bravo ; no es una raza auténtica, es un producto artificial debido a la selección muy controlada por los ganaderos, en consecuencia su eliminación no supone ninguna pérdida ecológica, dice Vilmer. Es un compendio maravilloso de la unión entre la naturaleza y la cultura, contesta Wolff. En España la lucha ideológica contra los toros, sobre todo en el campo de la filosofía y de la ética, se hace también muy intensa, como se ha visto, por los intelectuales llamados a ser los paladines para lograr la prohibición de la corrida en el debate del Parlamento catalán, en 2010.

Me limitaré a mencionar a algunos de ellos, recordando sus principales argumentos. 10 Jesus Mosterín, catedrático de lógica en la Universidad de Barcelona ha colaborado durante varios años con Felix Rodríguez de la Fuente en la protección de la naturaleza y en la defensa de los animales, no dudando en hablar, refiriéndose a ellos, de sus derechos basados en las exigencias de una ética compasiva. Para él la tauromaquia es el reflejo de las peores lacras de la historia de España, desde luego vinculada con la Inquisición, el reino sombrío de Fernando VII, la dictadura de Franco y, ahora, la violencia de género…

Es « el espectáculo público de la tortura sangrienta, cruel y prolongada de un mamífero superior, capaz de sentir dolor. » La escritora vasca, Espido Freire, no desconoce la belleza y la atracción de tal espectáculo, y la catarsis que puede facilitar en la mente de los espectadores ante la violencia, una catarsis que también experimentaban, según ella, los griegos en las tragedias cuando morían de verdad algunos esclavos en el escenario ( !). Considera que la corrida no puede ser considerada como un arte, porque ahí todo pasa de verdad, y « un arte no es la realidad », es un modo de resolver problemas reales, e incluso dramáticos, a través de la ficción.

No niega la fascinación que grandes artistas y escritores sintieron por los toros, entre ellos Hemingway del cual es especialista, pero era la fascinación por « un país exótico », España. Pablo de Lora del Toro, catedrático de derecho público y de filosofía jurídica en la UAM, no está seguro, por su parte, de que se pueda hablar de derechos de los animales, pero sí afirma que hay obligaciones éticas hacia ellos. Antepone la ética universal a las culturas particulares – en este caso la de los toros (pero ¿acaso el respeto de esas culturas particulares no forma parte de los derechos humanos, también universales, como lo sostiene la Unesco?), y ante el argumento sobre el vínculo entre la permanencia de la corrida y la preservación de la raza brava, contesta : « Si para preservar una especie debemos torturar a todos sus miembros, tal vez no merece la pena. »

No se puede terminar este capítulo sin evocar un « clásico » del antitaurinismo, el escritor y columnista valenciano, Manuel Vicent. Casi cada año, al principio de la temporada, publica en El País su talentoso panfleto como un ritual obligado. En una línea muy similar a la de Eugenio Noel, denuncia a través de la Fiesta esta « España de las moscas », este espectáculo del que no entiende qué placer puede encontrar un público al contemplar el sufrimiento de un animal, la sangre y los excrementos, y concluye uno de ellos con esta famosa y contundente frase « Si las corridas de toros fueran arte, el canibalismo sería gastronomía. » 11 Este último desplante, como el conjunto de los planteamientos contra los toros, parten del mismo presupueto básico : nada separa a los hombres de los animales, ni en el hecho ni en el derecho. Es un ataque frontal a más de tres mil años de humanismo sobre el que se fundó, lo repito, la civilización occidental.

Para dar una idea de las derivas que puede provocar esta posición llevada a sus últimas consecuencias, y sin querer sugerir amalgamas o confusiones improcedentes, quisiera mencionar dos hechos de magnitud muy diferente. Como lo recuerda José Aledón en un excelente artículo publicado en Taurología, la primera ley de protección radical de los animales domésticos y salvajes (1933) se debe al gobierno nacional socialista de Alemania.

La ideología nazi es esencialmente naturalista y antihumanista : para los hombres no existen más que razas, algunas superiores y otras inferiores ; en cambio los animales son iguales en dignidad. Himmler, el ejecutivo de la Shoah, presenciando una corrida durante su visita a España, en 1940, salió vomitando de la plaza de Las Ventas al no soportar lo que sucedía en el ruedo, a pesar del arte de Pepe Luis Vázquez. El otro ejemplo puede parecer más intrascendente, pero no deja de invitar a la perplejidad : en 2011, durante una manifestación de protesta ante el ministerio de cultura, en París, por la declaración de la corrida como patrimonio cultural inmaterial, pudimos ver una pancarta donde figuraban fotos de un cordero, de un becerro y de un bebé con el lema « ¡Todos iguales, todos con los mismos derechos ! »

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* Qyure de Bricio. obra del Maestro Rafael Sánchez de Icaza

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