Antitaurinismo, situación actual y perspectivas de futuro… Parte seis

El antitaurinismo en la era de la globalización… Sus vías y métodos de acción – La lengua del «imperio» antitaurino En su espeluznante ensayo LTI la lengua del Tercer Reich Viktor Klemperer muestra cómo el poder de un partido o de un régimen con fines totalitarios utiliza en primer lugar la herramienta de la lengua, cambiando los términos o su sentido habitual, para imponer una nueva realidad tal como la concibe.

Del mismo modo la propaganda antitaurina habla no solamente de « barbarie » sino de «tortura tauromáquica», o simplemente de « tortura » para designar las corridas, añadiendo por supuesto que «… no es cultura».

Y eso les permite matar dos pájaros de un tiro : descalificar la Fiesta y denunciar la intolerable perversidad de sus espectadores. El uso y el abuso de este término hacen que ya nadie se atreva a cuestionarlo, aunque en el lenguaje 18 común la tortura designa una situación bien diferente: el dolor insoportable infligido a un ser atado e indefenso por un verdugo a salvo de cualquier reacción por parte del torturado.

¿Es acaso lo que se produce en el ruedo ?

¿Es esto el núcleo del placer y de la emoción que sienten los aficionados?

Partiendo de esta base idiomática los antitaurinos se consideran autorizados para tratar a los toreros de « asesinos » o « torturadores » y a los públicos de las plazas de « perversos que gozan del sufrimiento de un pobre y pacífico animal ».

Pero también, de forma más sutil, saben escoger sus palabras : no reclaman la prohibición de la tauromaquia – término que alude demasiado a un acto de censura – sino su abolición, término que recuerda las más grandes causas del progreso de la humanidad, la abolición de la esclavitud y de la pena de muerte.

Desnudar al hombre, vestir la piel de toro Una alternativa a los gritos y a los insultos son el silencio y la desnudez. Deponiendo sus pancartas los manifestantes antitaurinos se acuestan en la calle. Se desnudan – por lo menos el torso – y se cubren de pintura roja, exhibiendo a veces en las espaldas falsas banderillas, o se visten de negro.

En una palabra se despojan metafóricamente, y casi físicamente, de su humanidad para revestir los sufrimientos del toro indefenso. Es la ilustración elocuente de la equivalencia entre el hombre y el animal.

Interpelar a los aficionados ha sido hasta el momento la forma más corriente de manifestarse. Los grupos antitaurinos se colocan a la entrada de las plazas o en las cercanías y con palabras reprobatorias, por no decir insultos, tratan de infundir vergüenza a los que se disponen a entrar.

Así es como un servidor se hizo tratar de « asesino » y de « inculto » en Barcelona – claro, cuando todavía se permitía ir a los toros – y, en Rieumes, cerca de Toulouse, de «¡podredumbre humana!» con el grito añadido de «¡Vergogna!».

Entendí que me enfrentaba a unos «militantes» transportados en autobús desde Italia y, como tales profesionales, debidamente remunerados, lo que nos remite al poder de financiación de las organizaciones animalistas.

No es solamente para ellos el placer de insultar y de intimidar. No les vendría mal provocar una reacción violenta por parte de los insultados. Esto daría un poco más de realidad al hecho de que somos unos « bárbaros » y unos agresores de animales y por lo tanto de humanos, y que ellos son los mártires de su militancia.

Es el 19 síndrome clásico de todos los fanáticos de una causa. Hay que felicitarse de que los aficionados hasta ahora no hayan caído en la trampa. En esta dinámica de la provocación, la siguiente etapa es la de invadir el ruedo y de encadenarse los unos a los otros para impedir el desarrollo del espectáculo.

Esto ha sucedido, por ejemplo, en el pequeño pueblo francés de Rodilhan, durante una becerrada, y esta vez, desgraciadamente, algunos espectadores acabaron a puñetazos con ellos, siendo la trifulca debidamente grabada por las cámaras de los antis y denunciada ante los tribunales.

Sin embargo el tiro les salió por la culata y ellos mismos tuvieron que responder de su intrusión y del desorden consiguiente. También los miembros del CRAC, incluido su presidente, tuvieron que responder ante la justicia del hecho de haber intentado, en Camarga, soltar de un camión a los toros destinados a un festejo, con el peligro de provocar un pánico entre las gentes.

La potencia de fuego del Internet y de las redes sociales No cabe duda de que los grupos antitaurinos han sabido utilizar las herramientas de la militancia moderna, con más eficacia que los colectivos de los profesionales taurinos y de los aficionados.

Con el correo electrónico han sabido convertir las misivas de protestas en misiles, bombardeando las redacciones de los medios de comunicación y las diferentes instancias políticas.

Cuando, por ejemplo, en Francia, se logró la inscripción de la corrida en el inventario nacional del patrimonio cultural inmaterial, una avalancha de más de diez mil emailes insultantes e indignados – todos con el mismo contenido concertado desde una cúpula – bloquearon la mensajería electrónica del ministerio de cultura al mismo tiempo que su central telefónica quedaba fuera de servicio por la abundancia de llamadas de la misma índole.

También designaron a la vindicta pública, a base de caricaturas con pelos y señales, a los que habían trabajado para este reconocimiento.

Para evitar daños mayores el ministerio prefirió, manteniendo formalmente la inscripción in petto, borrar la ficha de la corrida de sus páginas web. Sería muy extraño pensar que la misma arma no ha funcionado en España y en los demás países taurinos.

Técnicas de boycott Ese instrumento de las redes sociales sirve también, por los menos en Francia, donde la lucha entre aficionados y animalistas es particularmente encarnizada, para impedir que empresas o comercios permitan en sus productos ni siquiera la menor referencia a la Fiesta y al tema taurino.

Con esas mutiplicaciones de mensajes, 20 haciendo por lo tanto creer que eran un inmenso ejército de clientes disgustados y dispuestos a dejar de comprar, han logrado que una importante empresa óptica deje de subvencionar las fiestas de Bayona que incluyen corridas y actos taurinos, que un supermercado elimine de sus almacenes un embutido empaquetado con una imagen de corrida, que otro deje de poner en sus espacios carteles de feria, y hasta que una carnicería de una ciudad taurina descuelgue de sus muros una cabeza de toro que servía de decorado.

Sin mencionar los innumerables correos de protestas que caen sobre cualquier título de la prensa nacional que se atreve a publicar cualquier reseña de corrida o cualquier artículo sobre el tema.

A escala internacional la famosa cantante canadiense Céline Dion tuvo que suprimir, disculpándose ante sus fans, un clip en el que unas imágenes aludían a un matador. Es excepcional que Cayetano Rivera siga siendo, sin mayores protestas, «muso» de Armani.

Censura académica y talibanismo cultural Los guardianes de lo « politicamente correcto » no dudan en intervenir ruidosamente en los recintos universitarios donde se celebran coloquios, seminarios o presentaciones de libros de tema taurino. Algunos lo han experimentado personalmente, en 2014, durante unas Jornadas sobre ganado de lidia y tauromaquia, organizadas por una cátedra de la Universidad Pública de Pamplona.

A veces tratan de presionar para que, simplemente, se quiten de la programación o para poner en evidencia al profesor que ha propuesto tales actividades. Tampoco se deja que algunos toreros, invitados por profesores, cuenten su experiencia a los alumnos y, en muchos casos, parece difícil conseguir las debidas autorizaciones para que visiten las dehesas del campo bravo.

Esa actitud de intolerancia e inquisición, tan opuestas a la ética universitaria, no para ahí. Como unos auténticos talibanes – sin la violencia mortífera, desde luego – de noche han agredido y cubierto de pintura roja las estatuas de Curro Romero en Sevilla, de Pepín Jiménez en Lorca y del recordado Nimeño II en Nîmes.

En esta misma ciudad la Alliance Anti Corrida ha presionado de tal manera a la directora de una escuela de primaria que ésta pensó que no tenía más remedio que el de borrar en un fresco de este centro escolar, dedicado al coso emblemático y romano, un dibujo ingenuo de los niños que representaba en el ruedo la silueta de un toro y de un torero.

¡Menos mal que la acumulación de las protestas de las peñas, del Observatorio de las culturas taurinas y del propio ayuntamiento acabaron por 21 restablecer el censurado dibujo !

Hablando de este tema:

¿Cómo no interpretar como un acto de censura cultural la decisión de la alcaldesa de Barcelona de prohibir que se exponga en la Ciudad Condal una lona en la que figuraba una astuta fotografía de Morante disfrazado en Dalí ?

¡Tranquilicémonos!

Todavía el antitaurinismo no ha pensado en atacar las obras taurinas de Picasso en su museo de Barcelona, ni las de Goya en el Prado.

Objetivo prioritario : «proteger » a los niños y a los jóvenes Uno entiende la razón de tal objetivo. Conviene apartar de los toros a las nuevas generaciones para cortar de raíz la transmisión de la afición, esa transmisión que la convención de la Unesco marca como la clave para asegurar la permanencia de un patrimonio cultural inmaterial.

Se ha empezado pues por intentar que las autoridades responsables dicten una prohibición de entrada a las plazas de toros de los menores, para protegerles, claro está, de un espectáculo tan cruento y violento (¿no sería más urgente protegerles de algunas imágenes terribles en los noticieros de televisión ?).

Los antitaurinos franceses han desencadenado su campaña sobre el tema de la violencia taurina, traumatizante para los niños, con varios testimonios de psiquiatras afines. Pero, cuando en la comisión nacional para debatir este tema el Observatorio de las culturas taurinas les ha pedido su acuerdo para realizar una verdadera encuesta, se han negado rotundamente.

Entonces han atacado el problema por otra vía. A través de la Fundación Franz Weber, conocida y respetada en Suiza, han intervenido ante el Comité de los Derechos del Niño, organismo de las Naciones Unidas radicado en Ginebra, para que, en el marco de sus inspecciones regulares sobre la situación de la infancia en los países miembros, dicte una «recomendación» que señale el trauma posible causado por un espectáculo de tauromaquia. Dicha recomendación ha sido comunicada a Portugal, en 2014.

Lo ha sido, pero en tono menor, este año a Francia, porque el Observatorio ha mandado por su parte un informe indicando que esta decisión de llevar o no a los niños a tal espectáculo corresponde a la responsabilidad paterna, y que sería un trauma mayor para los hijos ver a sus padres desautorizados en su proyecto de transmitirles su afición. Pronto le tocará a España ser examinada por el Comité y debe prepararse a esta llamada de atención.

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* Encierro Zaino, obra del Maestro Rafael Sánchez de Icaza

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