En la Monumental México… Juan Pedro Llaguno vino a triunfar y ¡triunfó!

Monumental Plaza de Toros México. Domingo 05 de Diciembre, 2021. Temporada de reapertura. Tercera novillada. Unas cuatro mil personas. Se ha lidiado una novillada mansa de Caparica, disparejamente presentada pero que mostraba inequívocamente su edad. Los seis ejemplares no pelearon con las cabalgaduras. Primero, cuarto y sexto se defendieron aventando cornadas de manso arriba del peto para deshacer el encuentro; incluso -el tercero- cuando intentaban ponerlo en suerte con el caballo, en su huida fue a dar con el picador de la querencia, porque se le atravesó en su camino. El que cerró plaza resultó un manso con genio que desarrolló peligro. Inadmisiblemente el inútil juez de plaza regaló arrastres lentos para homenajear a la mansedumbre. Nuevamente aparecieron ciertos gritones que a cada momento desde el tendido de sol, alababan sin sustento al ganadero… ¿quién los habrá enviado para equivocar al gran público taurino?

José Miguel Arellano: Silencio tras aviso y bronca tras aviso.

Juan Pedro Llaguno: Dos orejas y saludo en el tercio con mucha fuerza.

José Alberto Ortega: Silencio tras aviso y oreja con fortísima petición de la segunda.

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No basta decir solamente la verdad, más conviene mostrar la causa de la falsedad”: Aristóteles

  • Advertencia: Siempre es oportuno advertirle tanto a ganadero como a novilleros que esta crónica no es apta para ellos, porque aquí no aparecerán ni los falsos elogios ni las inútiles justificaciones para acomodar todo en una artificiosa ficción. Para ello, existe la prensa corrupta, la que enaltecerá el engaño e intentará convencer a la buena fe de los lectores, de lo que no ocurrió en el redondel. Bajo advertencia no hay engaño.

Llegó desde Querétaro, Juan Pedro Llaguno, a quien vi nacer como torero; sí en aquella maravillosa tienta que les preparó a los hermanos Llaguno, el inolvidable criador de toros bravos y encastados, Pepe Chafik Hamdan Amad, y que transmitimos en el añorado Toros y Toreros de Canal Once que dirigió por 40 años el licenciado Julio Téllez; en el que participé por 20 años de los 40 de luminosa y aleccionadora existencia, hasta que se lo arrebataron, al licenciado Téllez, seres malignos.

Recuerdo, que acaso, Juan Pedro, habrá tenido cuando más 5 años y a pesar de que le costó el comienzo, se acabó imponiendo a la becerra. Entonces toreaba como adulto chiquito. El edificante tiempo le fue llevando a ir conformando su toreo, a tener su sello y a muchos años de distancia, le he visto con evidente e inobjetable solidez en su expresión.

Vino desde Querétaro a triunfar, y… ¡triunfo!

Ni duda cabe.

Tuvo un primer novillo que se defendió en los caballos, que dobló contrario, que desarrolló complicaciones de manso, al que, Juan Pedro, desde con la capichuela supo meter en vereda; tras una tijerilla que no fue suficiente para detener su huida, con lances poderosos dejó todo dicho. 

Por orticinas llevo al manso ejemplar de Caparica con el jamelgo debilucho y apenas recibió un pellizquillo como puyazo, quedándose como manso que era a dormir el sueño de los justos.

En este contexto y después de haber bregado para hacerse del mansesco novillo, con el noble fin de evitar que saliera suelto, aparecieron unas chicuelinas estupendas, en verdad estupendas, recortadas a una mano con donaire.

Todo iba a mejor.

La puesta de escena estaba ahí en el redondel con una inmejorable introducción capotera, en la que había sometido al huidizo utrero al que con soltura, banderilleó al cuarteo por el lado derecho espléndidamente, se fue a la puerta de toriles para intentar de poder a poder, el novillo tardó en acudir y el par resultó fallido, quedando sólo una banderilla. Y como tercer par, al pasar en falso, inteligentemente galleó y con más voluntad consiguió dejarlo.

Juan Pedro Llaguno

En lo que fue el prólogo de su propuesta, el novillo tardaba en acudir porque andaba distraído, hasta que consiguió, Pedro -que así le dicen sus amiguetes- encelarlo consiguiendo se arrancara, para aparecer de inmediato una recortadora arrucina y el de pecho, para dar lugar a una primera serie con la derecha llevando al de Caparica sometido en su muleta; con mando, pero con temple. Pasándose ceñido a su geografía corpórea al mansesco ejemplar haciendo gala de poder y buenas maneras.

Hubo otra serie estupenda, que nos recordó el enigmático toreo martinista. Y tenía que ser, el padre de Juan Pedro… Juan Pablo Llaguno, abrevó de la tauromaquia de Manolo Martínez, y lo que bien se aprende se hereda.

El joven Llaguno, mostró saber estar en todos los terrenos, conocer el tiempo suficiente para darle respiro al astado y no atosigarlo sino convidarlo a acudir.

Si, sí, el toreo al natural apareció, correcto, pulcro, pero no con la misma intensidad que con la derecha, porque ahí, el novillo, tenía una sosería y deslucimiento pasmosos.

Regresó la mano derecha a escena y el novillo y su embestida borreguna también. No tenía codicia, no tenía casta ni mucho menos bravura, pero sí movilidad. Más con la derecha y hasta otra arrucina como detalle pinturero que condujo a la rúbrica de esta serie que comenzaba anunciar que todo estaba escrito.

Pero, hubo otra serie con la derecha en la que el toro ya era mucho más reticente y hasta protestó, se estaba pasando de faena por romper las leyes del sano equilibrio; por ello la siguiente serie poco dijo, y así se excedió con unas Joselilliinas que dijeron lo justo para exigir la necesaria rúbrica de la faena.

Cuando algunos intentaban pedir absurdamente el indulto de un novillo manso y deslucido, Juan Pedro, impuso una estocada entera traserilla y desprendida, que fue suficiente para que le concedieran las dos orejas.

Con su segundo manso, le recibió con dos largas cambiadas de hinojos al hilo de las tablas, para ya de pie lancearlo con entusiasmo, mucho entusiasmo, lo que comenzó a desgastar el poco ‘gas’ que tenía el novillo. Después de un desordenado tercio de varas en donde se defendió el de Caparica aventando cornadas de manso arriba del peto, con el desesperado fin de deshacer el encuentro, Juan Pedro, lo banderilleó y lo hizo con firmeza y justeza, al cuarteo, al violín y al quiebro al hilo de las tablas; otorgando todos los terrenos y luciendo absolutamente.

Todo lo que ocurrió en el primero y segundo tercios, acabó con el manso y descastado ejemplar, por lo que ya no quiso embestir a pesar del loable esfuerzo del joven Llaguno. Al final todo quedaría en una sonora ovación en el tercio, porque ha convencido que en él, habita un importante prospecto novilleril.

El joven Ortega que venía desde Apizaco, Tlaxcala, mostró su inexperiencia, su verdor, pero también sus inquebrantables deseos de concretar en él un buen novillero. Con su primero le vimos hacer de todo sin consolidar nada; mientras que con su segundo, cuando el volcán de Apizaco estaba haciendo un quite sin un claro hilo conductor, ya que se sucedieron sin paz espiritual con el capote un lance en la mano derecha, luego dos largas afaroladas de pie y cuando recortaba de hinojos se echó encima literalmente al novillo, recibiendo senda guantiza, por lo que se pensó en lo peor.

Por fortuna, después de un tiempo regresó y su pundonor se reconoció y agradeció.

Pudo haberse ido a la enfermería, sí no obstante pudo más su vergüenza torera lo que se aplaude. La faena resultó nerviosa, muy nerviosa pero intensa.

Dio inicio con pases por alto exponiendo y mucho. Para después con la mano derecha salir airoso de la descompuesta embestida del novillo. Luego aparecieron desordenados pases de rodillas y de pie sin una lógica que le condujera; en fin, faltó estructura en su faena. La espada cayó trasera y caída, pero fue suficiente para que claudicara el novillo.

La gente exigió dos orejas y con fuerza, pero el juez Bráun sólo autorizó una e ilógico arrastre lento para rendir tributo a otro novillo manso.

Y… viajó desde Aguascalientes , José Miguel Arellano, un viaje inútil, absolutamente inútil. Hace poco había fracasado en España, en este festejo hizo lo mismo… fracasó. Y no hay más que contar.

Al final, salió en hombros Juan Pedro Llaguno, vino a triunfar y triunfó, aunque inadmisiblemente apareció también en los oficiosos hombros de unos cargadores el ganadero por haber enviado novillos mansos.

¿Tendrá autocrítica el ganadero?… Cada cabeza es un mundo.

¿Qué le vamos hacer?

Por favor, no se les olvide

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