En Cali… Diego San Román destaca con sólidos argumentos

Plaza de Toros de Cañaveralejo, primer festejo de la versión 62 de la feria taurina de Cali, correspondiente a una novillada con picadores; se lidiaron utreros de la dehesa de Alhama, procedencia Jandilla, en general bien presentados, pero justos de fuerza y casta, destacando el quinto, cuyos despojos fueron acompañados por las palmas del respetable.

Gitanillo de América: Oreja y silencio

Diego San Román: Palmas y oreja

Juan Sebastián Hernandez: Silencio y Palmas.

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Con una pobre entrada, inferior a un tercio de plaza, se dio inicio a la versión 62 de la feria taurina de Cali; que mostraba una plaza remodelada y atisbos de la mercadotecnia propia del negocio de los toros, transformaciones sin duda motivadas por la alianza comercial entre México y Colombia que da cuerpo a la actual empresa Promotoreando, que por segundo año consecutivo direcciona los destinos del coso de Cañaveralejo.

Al ruedo novillos de la dehesa vallecaucana de Alhama, de origen Jandilla, que representaron las virtudes y defectos de las torifactorias ibéricas, bovinos de estampa, pero justos de fuerza, de raza y de fuelle; cornúpetas las más de las veces nobles y dulzones, y en otras, ásperos y geniudos, cargados de esa casta mala que delata falta de clase y bravura; en fin, un encierro que pidió carnet a la novel terna, que, a diferente sazón y razón fue convocada para el inicio de la temporada colombiana.

Gitanillo de América, dio cuenta con su primero Mensajero (440 kilos) de lo emplazado que se encuentra, acompañando de manera inteligente la noble embestida del bicho que se dejó hacer; su actuación agrado y entusiasmo, apelando a las maneras que otrora su padre esgrimía en su vida de activo; con la espada deja efectiva estocada, reclamando el primer trofeo.

La otra cara expondría su segundo Artista (410 kilos) que le apretó y exigió llegando incluso a desbordarlo, especialmente con la pañosa, en donde no se logró ubicar; esto sumado a sus fallos con el acero silenciaron su labor, escuchando incluso pitos de los tendidos.

Diego San Román: El buen novillero queretano, salió a por todas en su primero de nombre Chavito (438 kilos) mostrándose pinturero con el percal y templado con la pañosa, en su expresión se leen el valor y las buenas maneras, temple y valor, argumentos que matizaron su fallo con la espada, llevándolo a saludar desde el tercio.

Sería el quinto Goyesco (426 kilos) quien le otorgará el favor de la afición caleña, pues aunque noble y bobalicón, el novillo le permitió ligar y gustar, mandar y exponer, en una meritoria actuación rubricada con una buena estocada, tras pinchazo, que le hizo acreedor de un justo trofeo.

Juan Sebastián Hernandez: El joven novillero de Sogamoso, pechó con el peor lote, su primero Andariego (404 kilos) justo de fuerza y raza, rayando a la invalidez, le exigió mucho mimo y cuidado, impidiéndole expresar con la muleta; con el acero, un mar de dudas, siendo silenciado.

El cierra plaza Agato (428 kilos) le apretaría demasiado, mostrando el genio y peligro propio del descastamiento, con él no hubo conjunción, perdiéndose la actuación en un toreo para las gradas, que incluso lo llevo a ser prendido en varias ocasiones, una de ellas de fea manera; con la toledana certero reclamando palmas.

Para mañana 27 de Diciembre:

Bovinos de Ernesto Gutierrez para Enrique Ponce, Paco Ureña y Juan de Castilla.

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@Manzanarestoro

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Fotografía: Prensa plaza de Toros Cali (Promotoreando)