Desde la barrera de Antonio De Carlo… La fiesta boba, ¿cómo erradicarla?

Frente a la somnífera mansedumbre borreguil, la vacuna de la bravura parece no estar en el lenguaje de ciertos figurines de hojalata, quienes con sus exigencias de corridas cómodas están masacrando la auténtica fiesta brava…

No es nuevo el que la fiesta boba antes brava, esté cada día en mayor picada y decadencia. Todo gracias a las exigencias de ciertas figuras, quienes a base de imponer en las plazas mastodontes y novillos carentes de bravura, le han y están haciendo un daño descomunal a la tauromaquia, la ahora grisácea y sin esplendor, fiesta mansa.

Hay que recordar, aquel 18 de mayo de 1968 cuando Miguel Mateo Miguelín, exhibió de manera burda en Las Ventas de Madrid a Manuel Benítez El Cordobés, el entonces figurón de toreo mundial.

Resulta, que la disputa se dio cuando la corrida que iba a lidiar El Cordobés no pasó el reconocimiento veterinario, y éste sin decir agua va, decidió torear esa tarde la corrida de Escribano de Bohórquez que iba a lidiar al siguiente día Miguelín.

Miguelín molesto por los hechos de El Cordobés, asistió a la corrida y al percatarse de las corderiles condiciones de uno de los astados, saltó del tendido al ruedo como espontaneo para acariciar, abrazar y hasta darse el tiempo para tomarse la foto del recuerdo con aquel dócil y bobalicón toro bravo que de forma histriónica lidiaba El Cordobés, dejando de manifiesto el fraude y mansedumbre del astado.

El hecho anecdótico quedó ahí, naciendo una rivalidad en forma de guerra mediática entre los dos toreros y según se sabe, Miguelín fue arrestado y obligado a pagar en la comisaria $40,000 pesetas como multa.

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– El 18 de mayo de 1968, Miguelin hasta foto se tomó con un toro que lidiaba El Cordobés en Las Ventas de Madrid, dejando de manifiesto la mansedumbre del ovejuno cornúpeta.

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Al siguiente día, cuentan las crónicas, Miguelín hizo el paseíllo en Las Ventas para torear la corrida de la Prensa, lidiando tres toros a los que les cortó seis orejas.

Eso se dio como resultado de la rivalidad entre dos toreros, pero imagínese respetable lector, ahora que están de moda y en pleno apogeo quienes anhelan con vehemencia la abolición de las corridas de toros so pretexto de la lucha desigual entre toro y torero…

… ¿Qué va a suceder cuando de pronto un valiente anti taurino, salte al ruedo y logre abrazar, acariciar y tomarse una foto con un manso descastado? de esos que cada vez se ven con mayor frecuencia en las plazas. ¿Cómo se defenderá lo indefendible? ¿Habrá quien se atreva a decir de forma contundente que, hoy más que nunca los toros en su mayoría son bravos y que solo el que se lidiaba en suerte ese día, era un manso?

El gran maestro Antonio Chenel Antoñete bien lo sentenció, El toro encastado, ligero de carnes y con gran movilidad es el que vale para el triunfo grande, pero es también, el que más miedo da… Un toro que por cierto, muchos figurines de rococó no están dispuestos a lidiar, ni lidiarán.

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-Más manso imposible. El Fandi en un desplante poco torero, algo que jamás debería darse en una plaza de toros.

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Los verdaderos detractores de las corridas de toros son en efecto los antis, pero los anti bravura del auténtico toro que le da majestuosidad y seriedad a la fiesta brava.

Esa que contagia de emoción los tendidos y solo toreros como un Rodolfo Gaona, Manolete, Carlos Arruza, Domingo Ortega, Dámaso González, Luis Francisco Esplá, Paco Ojeda, José Tomás y otros con ese par de arrestos, apasionada honestidad y sin ventajas, se han jugado la vida frente a fieros toros bravos, dándole grandeza a la fiesta brava al haber creado con pundonor memorables obras de arte.

Una faena contundente frente a un verdadero toro bravo en puntas, de esos que dan miedo por su edad, viveza y trapío, es el mejor argumento de un torero, diciendo de facto más que un millón de palabras, aboliendo con hechos esas crónicas chayoteras llenas de coba que con frecuencia se dan.

Olvídense señores empresarios, toreros y demás involucrados, del marketing de los vende hamburguesas con refresco de cola.

Aquí lo que urge, es retomar la auténtica bravura del toro, solo así se le devolverá la verdadera magnanimidad a la más bella de todas las fiestas… la genuina fiesta brava.

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@1AntonioDeCarlo

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