Opinion

Lo dice Pepe Mata… Rafael González destaca en medio de la mansedumbre

Día de novillada en San Isidro, la primera del ciclo, el Excmo Conde de Mayalde mandó un encierro correcto de presentación, sin embargo, la sombra de la mansedumbre, del descastamiento hicieron acto de presencia en sus novillos.

No creo que la justificación de la movilidad sea algo para elogiarse y decir que el encierro ha sido bueno.

¡Sí!

¡Sí!, se dejó torear, pero la casta y la bravura no volvieron acudir en este festejo y eso es desilusionante.

Justificar a la mansedumbre, justificar al descastamiento, es actuar en contra de la Fiesta, peor que los antitaurinos; porque se está conduciendo desde hace años a la Fiesta a un nivel que provocó el desencanto del público, y ese no es el camino para que vuelva con fuerza a ir una vez sí y otra también a sus plazas.

Hay que exigir la verdad en la Fiesta.

Hay que exigir la casta.

Hay que exigir la bravura.

Y dejar de engañar al público de una vez por todas con tanta inútil justificación.

Sí, sí, en este festejo varios utreros buscaron huir con una insistencia abrumadora, y eso fastidia peor las cosas.

No veo en donde esté lo edificante, no veo en donde esté la grandeza.

En medio de este contexto destacó, Rafael González, sobretodo con su primero al que entendió a través de su serena inteligencia, de su buena técnica, cuál era la lidia que requería el novillo y lo hizo ver en la arquitectura de su faena.

Sujetó al que abrió plaza con capote y aparecieron chicuelinas, caleserinas, correctamente realizadas, gusta del repertorio mexicano y eso habla muy bien del joven González, porque se preocupa por aprender más allá de lo habitual.

Su voluntad inquebrantable entusiasmó al público.

Ya con muleta hicieron acto de presencia series -con ambas manos- que enseñaron un futuro halagüeño en Rafael, hubo mando, el complicado ejemplar así lo entendió y acudió por donde ordenó el novillero.

¡Perdió la oreja!

Sí, perdió la oreja del primero por fallas con el acero, pero no el reconocimiento del respetable que le tributó entusiasta ovación en el tercio.

Con el cuarto tras otra faena seria y contundente, dominadora y bien estructurada, dejó un estoconazo, ondearon los pañuelos, y cortó merecida oreja.

Muy bien por Rafael González.

Como también ha estado empeñoso, Fernando Plaza, poco bagaje, pero la constancia con base en la verdad, le puede llevar a un importante nivel.

Y,  también estuvo, Marcos, sí el hijo del empresario Maximino Pérez, nieto del recordado ganadero Domingo Hernández, pero algo le faltará, que a pesar del evidente esfuerzo, no dice nada a los asistentes.

Al final, queda el nombre de, Rafael González, quien se anuncia como otro interesante hallazgo, como un buen prospecto para bien de él y, por supuesto, de la tauromaquia.

¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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@PERIODISTAURINO 

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