Crónicas

En Guadalajara… Ponce ya no tiene nada que hacer en México

Ante una buena entrada en los tendidos numerados y en tarde nublada y con algo de viento se llevó a cabo la tercera Gran Corrida del serial 2018 en la Plaza de Toros El Nuevo Progreso, ¿lidiándose? un pésimo, en verdad pésimo encierro de Bernaldo de Quirós que resultó manso, descastado, débil y con sospecha de manipulación de astas, una auténtica vergüenza, indigno de haber aparecido en la plaza más seria de México.

Enrique Ponce: Silencio y gran bronca.

Juan Pablo Sánchez: Silencio y pitos.

Sergio Flores: Silencio en su lote.

Detalles:

Al final Enrique Ponce fue echado de la plaza con abucheos y recriminaciones.

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Ya en mi artículo del pasado miércoles 31 de octubre adelanté lo que consideré era una “chamusquina” en cuanto a las manipulaciones del señor Ponce para lograr lo que él llama su fiesta y lo sucedido esta tarde en Guadalajara vino a confirmar que cuando se pierde la dignidad por su profesión y por la propia persona, se cae en un ridículo difícil de justificar.

Queda claro que la danza de corrales sólo fue un mero pretexto para que el señor Ponce impusiera una de sus ganaderías preferidas; tan fue así que el jueves pasado en el coctel que se llevó a cabo en conocido hotel de Guadalajara, él anunció que el encierro sería de Bernaldo de Quirós, como les informe puntualmente.

¡Qué casualidad, verdad!

¡Qué vergüenza!

¡Qué desfachatez!

¡Qué cinismo!

Solo que cuando se obra mal todo se revierte y esta tarde Enrique Ponce se llevó el reproche y repruebo de gran parte de los asistentes que no se cansaron de gritarle y reclamarle haciendo muy incómodo su intento por lograr salir adelante y es que sus toros preferidos no solo se lo llevaron a él al baile, sino que por desgracia tanto a Juan Pablo Sánchez como a Sergio Flores resultaron afectados al no contar con la mínima oportunidad de sobresalir.

Señor Ponce recuerde que el actor principal en la Fiesta de Toros es el toro bravo y encastado, sin él todo se convierte en aburrimiento, una vulgar parodia y una total desilusión.

Usted se ha empeñado en imponer una idea que solo usted se la cree.

La auténtica Fiesta de Toros aparece cuando un torero se impone a la bravura y la casta tras imponerse como verdadero héroe, y tras esto se transforma en artista para dejar deslumbrantes creaciones.

Porque le debe quedar claro, que el arte presupone verdad, honestidad; y en el arte del toreo esa verdad la representa el toro bravo y encastado, que usted se rehúsa a enfrentar, con el pretexto de que hace cosas bonitas.

Todo este tipo de aproximaciones alejadas de la verdad, condujo al público al hartazgo y la plaza más seria de México, le acaba de dar una contundente lección, echándolo de éste país.

¿Qué poder decir ante este lamentable festejo?

A, Enrique Ponce, le correspondió Cumplido un astado que fue pitado por un sector del público y que al estrellarse en el peto del picador se le rompió el pitón, es claro que ya venía resentido de los corrales, porque los petos no son de acero.

Fue sustituido por otro bovino de la misma ganadería al que recibió de capa a la verónica rematando con media.

Como era obvio ante la invalidez manifiesta, apenas es picado. Aun así perdió las manos causando la hilaridad de los asistentes.

Consiguió algunos pases con ambas manos correctos, en ese concepto tan personal de aprovechar las medias embestidas bobaliconas, girando con la cintura. Mata de casi entera muy caída y descabello. Silencio.

El toro es pitado en el arrastre.

Con su segundo de nombre Rastrojero otro igual que sus hermanos manso, descastado, débil y con sospecha de cornicure, lo recibió a la verónica y recortó con media en medio del demoledor silencio. Con la muleta poco pudo hacer ante un marmolillo sin transmisión.

Entre gritos y aplausos era patético ver como una supuesta figura del toreo se estaba desmoronando ante tal falta de casta y bravura de sus astados. Se puso pesado con los aceros para escuchar bronca.

El toro es pitado en el arrastre.

En este deplorable escenario, Juan Pablo Sánchez le toco un lote tan manso como débil, y por más que con su buen torear y temple intentó por ambos lados realizarles algo que valiera la pena, se topó con la ausencia absoluta de bravura en sus dos toros, lo que hizo imposible poder realizar algo que trascendiera. Silencio en su primero y pitos en su segundo por ponerse pesado con los aceros.

Para Sergio Flores la suerte, o ¿el señor Ponce?, también le jugo mal con su lote, que como he dicho han sido astados que son la antítesis de lo que es un toro bravo, y por más que les buscó los lados, sencillamente no se puede sacar agua de una piedra de mansedumbre, y tuvo que pasaportar a dos inválidos mansos con la gran desilusión y frustración manifiestas. Silencio en su lote.

Queda la gran lección que el público ha dado. El echar de la plaza a, Enrique Ponce, no sólo muestra el enfado evidente, sino anuncia la exigencia de mejorar y recuperar la Fiesta, con base en la verdad del toro bravo y encastado.

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