En Tovar… Antonio Lomelín a hombros, en tarde insípida de emociones

En Tovar, Venezuela, se ha lidiado un encierro de escaso juego ofrecido por los astados valencianos de Tarapío, faltos de remate en su trapío por demás, lo que a la postre dio pie al escaso contenido artístico de la función. Remató lote un anovillado ejemplar de Campolargo, noblote que a la postre buscó querencia.

Eduardo Valenzuela: Silencio y silencio tras aviso.

Antonio Lomelín hijo: Silencio y dos orejas.

Ángel Ramos: Palmas y silencio.

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Tarde de toros, la primera corrida del serial tovareño, in extremis salvada por la entregada actuación del diestro mexicano, Antonio Lomelín, así como momentos de detalles en el astado que cerró plaza por parte del espada tachirense Ángel Ramos, los que tuvieron lugar este sábado 9 de septiembre, festejo condicionado por el escaso juego ofrecido por los astados valencianos de Tarapío, faltos de remate en su trapío por demás, lo que a la postre dio pie al escaso contenido artístico de la función. Remató lote un anovillado ejemplar de Campolargo, noblote que a la postre buscó querencia.

Dilatado prologo el que tuvo lugar, donde poco más de tres cuartos de hora retrasaron el paseíllo de las cuadrillas. No en vano el reconocimiento a Don German Rosales en los medios del ruedo tuvo el unánime consentimiento de los presentes.

El valenciano Eduardo Valenzuela pecharía con un lote a contraestilo, como lo fue el que abrió plaza, ejemplar mansurrón que poco hizo por las telas ofrecidas por el veterano diestro, quien echó mano de recursos técnicos ante las descastadas embestidas del burel. Fue silenciado.

Similar papeleta se observó ante el cuarto, escurrido ejemplar al que igualmente el deslavazado comportamiento del morlaco posterior al castigo en varas. Como en el primero de la tarde, se dilató con el acero, siendo nuevamente silenciado tras aviso.

El triunfador la tarde, Antonio Lomelín hijo, por un trasteo más emotivo que artístico ante el astado más potable del envío de la familia Branger como fue Larangero, de escasos 358 kilos, multado al momento de su arribo a la plaza y que debió quedarse en la finca. Le fue endulzando en la muleta el espigado torero mexicano, haciendo gala del temple, distancia y variedad de repertorio para meter en interés los hasta momentos aburridos presentes.

Se dilató más de la cuenta buscando el vergonzoso indulto del novillito, incluso escuchando un recado presidencial antes de perfilarse, para tras espadazo contrario, ser premiado con las dos orejas, la segunda de estas generosa para muchísimos entendidos.

Con su primero poco pudo hacer, ante las descompuestas y aquerenciadas embestidas del bicorne, para ser silenciado.

Lo más importante el buen par del joven banderillero tovareño Ramón Contreras, quien estaba presentando su examen para su ingreso definitivo como banderillero profesional en las filas del veterano subalterno Gerson Guerrero.

Las ilusiones del joven espada tachirense, Ángel Ramos, por poco se coronan en triunfo por lo menos de una oreja si no es por el fallo con la espada ante el que cerró plaza, ejemplar anovillado de Campolargo el cual supo entender ofreciéndole variedad de terrenos y pases por ambas manos con la muleta. Previamente había dejado tres pares de banderillas de exposición. Falló con la espada al igual como sucedió ante el tercero, donde poco o escasamente hubo de resaltar en dicho trasteo.

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Foto: Adán Contreras

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@rubenvillafraz  

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