En la Monumental México… Santo Toribio la viva imagen de la vergonzosa decepción

Monumental Plaza de Toros México. Novillada del serial de Primavera. Festejo nocturno. Más de cinco mil personas en ambiente húmedo, ya que cayó lluvia intermitente; público que llegó deseoso de ver un gran festejo que no acabó apareciendo. Se han lidiado seis novillejos de Santo Toribio, los que resultaron la viva imagen de la vergonzosa decepción por su inacabable mansedumbre, por su inagotable descastamiento, por su insufrible deslucimiento, por todo lo que conlleva a ser la viva expresión de la negación de la grandeza. El segundo, tras inutilizarse del pitón derecho, tuvo que ser devuelto, por lo que apareció un animalillo de San Constantino, que resultó manso y con movilidad, inadmisiblemente el inútil juez de plaza le regaló un arrastre lento.

Christian Iván López: Silencio tras aviso y silencio.

José Sainz: Oreja y silencio.

Manuel Perera: Silencio y silencio.

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La incompetencia es la verdadera crisis”: Albert Einstein

  • Advertencia: Siempre es oportuno advertirle tanto a ganaderos como a toreros que esta crónica no es apta para ellos, porque aquí no aparecerán ni los falsos elogios ni las inútiles justificaciones para acomodar todo en una artificiosa ficción y así dañar al arte del toreo. Para ello, existe la prensa corrupta, la que enaltecerá el engaño e intentará convencer a la buena fe de los lectores de lo que no ocurrió en el redondel. Bajo advertencia… no hay engaño.

Cuando un ganadero acepta el reto de ser el hacedor del toro bravo, tiene muy en claro la gran responsabilidad que ello conlleva. Simplemente darle sustento a una mágica expresión que da razón de ser a un rito mítico, mágico y trascendente que conduce a los maravillosos caminos del arte.

Lo de este viernes 22 de Abril en el mayor coso del mundo, ha sido el vivo reflejo de la incapacidad ganadera en su máxima expresión. Porque el haber llevado seis novillejos inservibles, demuestra que el ganadero no sabe lo que tiene en su dehesa.

Cosa curiosa… cuando llegamos a la Monumental México, también arribaron tres -sí tres- escuálidos gritones, supuestamente antitaurinos, no obstante, la realidad demostró que el ganadero de Santo Toribio no sólo los superó sino demostró a todos los reunidos en la gran plaza, lo que es ser un verdadero antitaurino.

En este contexto, qué poder decir de los actuantes cuando a, Christian Iván López, le correspondieron dos astados que no dieron opciones ni para medio caminar. Su primero un inválido que visitó tantas veces la arena hasta que ya no pudo más; mientras que su segundo, la vergüenza por el océano interminable de mansedumbre y el inagotable descastamiento. Se pasó inamovible pegado en tablas hasta que tuvo Christian que pasaportarlo como pudo… sí, sí. Como pudo, hasta se llevó un guantazo.

José Sainz fue el más “afortunado”. Al inutilizarse su primero tuvo que salir el sobrero de la ganadería de San Constantino, un mansillo que no peleó en varas, pero tuvo movilidad, y el joven Sainz le extrajo una entusiasta faena entre altibajos, hasta que después de una oportuna entera, el público exigió la oreja y el inútil e irresponsable juez de plaza -peor si cabe que los antitaurinos que estaba afuera del coso- decidió rendir homenaje a la mansedumbre con un arrastre lento, al tiempo que autorizó la oreja para el novillero.

Con su segundo, el novillero Sainz, porfió pero no halló eco con el pésimo ejemplar al que le dejó un espantoso, en verdad espantoso espadazo.

Y, Manuel Perera, quien anunció su despedida de novillero ya que pronto adquirirá la alternativa; pues estuvo como pudo. Hasta el momento no le he visto nada que le sustente como un sólido prospecto. Es más bullidor, estridente, le gusta el fácil toreo para las graderías e intenta emular a su maestro (JJ) Padilla.

En lugar de retirarse debería de permanecer más tiempo en las filas novilleriles, con el fin de sumar más experiencia y buscar si puede corregir ese toreo ausente de las buenas maneras. Sería importante para él y para la vulgaridad que le acompaña en muchos momentos.

En fin, un primer festejo triste, muy triste, sumamente triste, porque el maravilloso público aceptó en buen número acudir a la convocatoria de la empresa que confeccionó esta temporada con las mejores intenciones; sólo que quien falló en el festejo inaugural y lo condujo al estrepitoso fracaso… fue el ganadero de reses mansas y descastadas.

¡Vamos tan malos resultaron los animalillos!, que por ahí dijeron que ni en el rastro los querían.

¡Dígase la verdad… Aunque sea motivo de escándalo!

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@PERIODISTAURINO  

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