En Puente Piedra… El Manzanal pide pista para las ferias grandes

Bogotá, Colombia. Se celebró el última corrida de toros del mini abono de la segunda parte de la temporada en Puente Piedra. Con casi tres cuartos de entrada en tarde muy fría se lidiaron seis toros de El Manzanal desiguales de juego y de presencia, destacaron tres de los lidiados, a dos de estos le dieron la vuelta al ruedo y el quinto fue indultado.

Rubén Pinar: Silencio tras aviso y oreja.

Sebastián Ritter: Oreja y Dos orejas simbólicas.

Alvaro Lorenzo: Oreja y palmas tras tres avisos.

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En la estructura de confección de las temporadas taurinas colombianas hay un limitado número de ganaderías que se anuncian en las ferias de postín, uno ya sabe hasta que días de feria se lidiarán algunos nombres de ganaderías que se repiten sin cesar año si año también, estén bien o estén mal.

Pues resulta que a pesar de toda la crisis ganadera que vivimos en Colombia hay ganaderías para ponerles mucha atención y que por lo mostrado en los ruedos merecen la oportunidad de ser anunciadas en las ferias rutilantes.

Ese es el caso de El Manzanal, ganadería que lleva Alberto Cediel – también valiente empresario de este segundo ciclo en Puente Piedra-, que supuestamente no tiene el nombre, el reconocimiento o el aval de empresarios y figuras para entrar en las ferias grandes de Colombia. Se lidió en la última temporada en la Santamaría porque el ganadero era socio de los empresarios mexicanos de Casa Toreros y allí no desentonó, es más, superó las expectativas.

En Puente Piedra, dos años después, ha salido un buen encierro de El Manzanal con toros con calidad y sobre todo mucha movilidad aunque también otros negados, primero y sexto, que no quisieron ver ni una muleta. Aspecto que debe trabajar el ganadero para lograr mayor consistencia en corrida completa.

Los toros de El Manzanal, sobre todo tercero, cuarto y quinto fueron prontos, fijos, alegres y algo para resaltar con especial nota: Empujaron en el caballo, incluido el primero que fue complicado y geniudo, lo que quiere decir que no están seleccionados solo para la complacencia del torero en la muleta.

Se aplaudió en el arrastre al segundo y se pidieron y se concedieron la vuelta al ruedo a dos más y el indulto al quinto. Está por tanto la pista abierta para que pudieran anunciarse en las ferias de categoría, podrían ir en las novilladas por ejemplo o en los carteles de toreros colombianos como para ir carburando. Ahí queda.

El cartel de toreros anunciados bien podría haberse visto en Madrid un sábado o un domingo de esos de los últimos San Isidros, antes del covid, en donde los carteles daban mucho juego y oportunidad a toreros que buscan abrirse hueco en el escalafón de matadores de toros.

Ruben Pinar cortó una oreja por una faena a toda velocidad y de más a menos a un toro que repetía con alegría y que mereció un poco más. Poco arte pero vibración en los tendidos fue el sello de esta labor muleteril, lo pudimos comprobar desde los muletazos por alto de inicio tan efectivos como faltos de gusto.

Vino una tanda en redondo templada pero de nuevo ayuna de distinción artística y sin apreturas con el toro y así se sucedieron varias entre el beneplácito de la mayoría. Al natural la velocidad y el vértigo se incrementaron, a partir de mitad de faena parecía que íbamos montados en un formula 1. Faltó sosiego y suavidad aunque la faena calara en el tendido. Mató de un estoconazo efectivo y se le premió con una oreja aunque el toro era de dos.

En el primero de la tarde Pinar estuvo en profesional, tratando de resolver todas las dificultades, las incógnitas y el genio del toro, a veces lo logró y a veces dudó, quiso plantar cara y se le abona. Sonó un aviso antes de que el toro cayera.

Sebastián Ritter fue el gran triunfador de la tarde al cortar tres orejas. En su primero se llevó el primer trofeo del festejo por una faena llena de altibajos y de intermitencias, venía con unas ganas impresionantes, como si de una tarde en Madrid se tratara, y no dejó que se le diera un capotazo de más a su primer toro y pidió que lo picaran poco para guardar todas las embestidas para su faena de muleta.

Luego vino un sube y baja de faena en donde a muletazos por bajo muy logrados se le intercalaban mantazos trompicados que herían las pupilas, en los pases de pecho la muleta volaba por los aires sin control, todo un tiovivo, hubo poco temple en general pero Ritter se sobrepuso al final porque estuvo muy dispuesto y quiso triunfar. Una estocada entera pero caída fue muy efectiva, provocó derrame, pero eso no pesó para la presidencia a la hora de conceder un trofeo que valoró más la efectividad de la estocada que la faena en sí. Larguita esa oreja.

En el quinto sí que estuvo bien, la mejor vez que lo he visto, rebosándose en la muleta y toreando por bajo como parece le gusta torear porque empezó a hacerlo nada más iniciar su faena sin importarle si el toro le fuera aguantar esa exigencia, se fue asentando más y más  y hasta se desmayó en muletazos sentidos que fueron la cima de su actuación, el paisa intuía el indulto y ayudó a que así sucediera, alargó la faena para lucir al del El Manzanal y la petición se fue incrementando. Llegó el indulto que ahora en Colombia se le pide a cualquier toro que medio embista. Fue un buen toro pero no de indulto claramente.

Alvaro Lorenzo, pudo mostrar su clase y su gusto en la faena a su primero aunque no pudimos catar su muy reputado manejo capoteril, tan solo una media quedó huérfana en el saludo a ese primero.

Su faena fue bonita, medida y estuvo preñada de muletazos con suavidad aunque sin mucho ajuste con el toro, parece que a los toreros jóvenes de hoy en día no les gusta pasarse los toros por la faja si no a una prudente distancia. Al natural siguió con la misma tesitura aunque un desarme cortó un poco el rumbo de la faena, Lorenzo tuvo la paciencia de retomar la senda con unos siempre bien recibidos circulares cuando el toro se quedaba, unos molinetes con gracia prepararon al toro para la muerte que vino después de una estocada entera.

Cómo el presidente en el segundo de la tarde había otorgado una oreja a Ritter por una faena inconstante y una estocada efectiva se pensaba que llegarían las dos orejas para Alvaro Lorenzo pero el presidente solo dio una acertadamente y ese fue el premio final para el toledano.

En el sexto nada pudo hacer ante un toro que ya de salida tuvo un comportamiento muy extraño, parecía reparado de la vista porque de lejos venía de largo pero luego no reconocía nada. No supo como matarlo porque el toro se movía errático y no permitía realizar la suerte suprema. Los tres avisos sonaron pero la gente entendió que la labor de pasaportar al astado era de suma dificultad.

Corrida importante de El Manzanal, de las que dan un toque de atención a todos y que permitió a los tres matadores llevar felicidad a los espectadores en los tendidos haciendo olvidar en muchos momentos el gélido viento que soplaba bravío y descontrolado desde las montañas de las cercanías de la capital.

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