En Manizales… Triunfo rotundo de Emilio de Justo

Monumental plaza de toros de Manizales, Colombia. Jueves 6 de Enero, 2022. Cuarto festejo de la también denominada Feria del Café, correspondiente a una corrida de toros. Se lidiaron astados de Las Ventas del Espíritu Santo, encaste Parladé vía marques de Domecq, Jandilla y el Torreón; en general descastados y reservones, justos de fuerza y medidos de faena, destacando el lidiado en segundo lugar que fue premiado con un excesivo indulto.

Cristóbal Pardo: Palmas y vuelta.

Emilio de Justo: Dos orejas simbólicas tras indulto y saludo.

Ginés Marín: Oreja y oreja.

Detalles:

El festejo inició con más de treinta minutos de retraso debido a la fuerte lluvia que arreciaba en la capital caldense.

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Diluviaba en Manizales, pero la siempre generosa afición de esta plaza, curtida por las condiciones climáticas del trópico, se agolpaba en los tendidos para ver un interesante cartel en el que destacaba el extremeño Emilio de Justo, primerísima figura del orbe taurino, que tarde a tarde, plaza tras plaza, ha venido sacudiendo al toreo, con rotunda verdad y profunda entrega.

En los toriles, seis astados de Las Ventas del Espíritu Santo, moderados de fuelle (estando incluso al límite del peso mínimo reglamentario) y con esa nobleza, (rayana a la sosería), que caracteriza a la mayoría de las ganaderías de toreros en retiro, que apelando más a una solidaridad profesional que al atino ganadero se decantan por el toro para los toreros, sin buscar el toro para la historia, aquel que hace grande cada tarde y con el que se labran verdaderas gestas.

Pues bien, al menguar la lluvia, se inició el festejo develando a un Cristóbal Pardo, fiel a su estilo provincial y de cara a la galería; un Emilio de Justo que le puede a todo lo que tenga pitones, disfrutando de la generosidad de su primero, indultado por una desatinada presidencia, (aunque cierto amigo del engaño vociferaba en los micrófonos de la radio que era un toro de vacas, sesgando así el concepto de gran parte del respetable); Finalmente un joven Gines Marín, con valiosos detalles que a falta de toros busco inventarlos, con menores o mayores consecuencias.

Cristóbal Pardo: El diestro nacido en La Victoria Caldas, heredero directo de las formas y conceptos de su padre, bien llamado en su tiempo El Cordobés de los pobres, llegaba al ruedo de Manizales por el mérito de haber sido el triunfador de la atípica temporada Manizalita del año anterior, en la que se hizo a tres apéndices, dos de ellos simbólicos, a razón de un más atípico indulto (dado que el festejo se realizó a puerta cerrada) de un toro de la ganadería de Ernesto Gutierrez.

Presentó intenciones ante Apostador (440 kilos) un acaramelado burel que sólo duro hasta el segundo tercio, permitiendo que el torero caldense cumpliera con los garapullos, con más espectacularidad que técnica; en el tercio final, no se dijo mucho, ya sea por la escasa fuerza del astado, qué optó por una embestida reservona, agarrándose al piso y midiendo permanentemente al torero; ya sea por la falta de mando y sensibilidad con la franela. Dejó como colofón una estocada poco ortodoxa pero efectiva. Palmas.

Su segundo Desterrado (446 kilos) pedía una lidia entre algodones al estar mermado de fuerza, mensaje bien entendido por el varilarguero que tras una insulsa simulación dejó la impresión de tercio cumplido; cosa distinta hicieron los banderilleros quienes de manera improcedente mermaron las pocas energías del bicho; con la pañosa, una faena a velocidad de vértigo, toreando para la galería, descolocado, abusando del pico y derrochando desplantes, lícitos en plazas de menor nivel pero fuertemente recriminados por parte del respetable. Despachó de fea manera tras pinchazo.

Emilio de Justo: Sin lugar a dudas todo un revulsivo para el orbe taurino, llegaba a Manizales, precedido de su triunfo en Sevilla ante un gran toro de Victorino al que desorejo pertinaz; igualmente, su tercera puerta grande en las Ventas, de manos de Farolero de Domingo Hernández, y en definitiva, su más reciente paso por los ruedos de Cañaveralejo en donde lidiando los toros de la A coronada, cobro cinco orejas y un rabo, en una tarde considerada como histórica para la fiesta taurina nacional.

Su primero Despistado (452 kilos) fue un completo amigazo, prodigándose fijo y repetidor, dejándose conducir generosamente por la muñeca del de Torrejoncillo, que montó una gran faena en la boca de riego, desmayándose por sendos derechazos aprovechando la humillación del burel y conectando de lleno con el respetable, que al ver las condiciones del toro, opto por solicitar el indulto, el cual fue concebido por la presidencia, sin considerar aspectos como su breve comparecencia al caballo y la falta de motivos por el pitón izquierdo; sin embargo, las virtudes del toro, el buen momento del torero y la sensibilidad exacerbada de los tendidos, a la postre construyeron el indulto.

Completaba su lote, Invicto (444 kilos) un mansurrón que acuso desde su paso por la cabalgadura falta de celo y entrega; en la muleta acudía sin entregarse siempre midiendo la presencia del torero, que, a razón de tener tantos toros en la cabeza, supo entenderlo dándole una lidia de manso, incluso llegándole a las tablas donde termino reculando al desbordarle su mansedumbre. Con la toledana dejó media lagartijera despachando de fea manera. Saludo.

Ginés Marín: El joven torero extremeño, cruzó el atlántico aún con el grato recuerdo de la corrida de la hispanidad, ultima de la feria de otoño en Madrid, en la que sorprendió al público venteño dando una catedra de buen toreo con Secretario un superlativo burel de la dehesa de Alcurrucén, casa ganadera que cuatro años atrás le había dado el triunfo en el mismo escenario en la casta de un tío llamado Barberillo al que desorejo a ley.

Se dejo ver con su primero, Clavelón (460 kilos) sin temple ni arte, a razón de las condiciones del burel, que, si bien se mostraba repetidor, carecía de clase en su embestida, procurando puntear el engaño, pasando a media altura sin entregarse; ante el pobre panorama el extremeño optó por un toreo poco ortodoxo que en ocasiones rayaba a la vulgaridad; unas Bernadinas antecedieron la estocada de muerte lenta con la que despachó a su rival, recibiendo una oreja larga.

El cierra plaza Negrade (450 kg.) siguió la senda de la sosería, luciendo apocado ante el ímpetu del ibérico que echó mano a variedad de recursos para hacer valer cada una de las pasadas que pudo regalarle; con la espada dejó tremendo esportón de mucho mérito dadas las condiciones del ruedo a razón de la fuerte lluvia que acompaño el epilogo del festejo. De nuevo se hizo a una oreja.      

La temporada de Manizales continúa

Viernes 7 de enero, festival taurino: Astados de Ernesto Gutierrez para Julián López El Juli, Emilio de Justo, José Arcila, Juan Ortega, David Martinez, Andrés Roca Rey, Marco Perez.

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