En Manizales… Marco Pérez, torero de puerta grande

Monumental plaza de toros de Manizales, Colombia. Viernes 7 de enero, 2022. Quinto festejo de la temporada taurina caldense en su versión 67, correspondiente a un festival nocturno. Se lidiaron bovinos de la ganadería de Ernesto Gutiérrez, cruza de los encastes Murube y Santacoloma; animales, dispares de presentación, en general mansos y descastados, tres de ellos pitados en el arrastre; destacando el tercero que se dejó hacer, el sexto que fue absurdamente indultado y el séptimo que aportó al triunfo de la novel figura Marco Perez.

 Julián López El Juli: Silencio.

Emilio de Justo: Oreja.

José Arcila: Vuelta al ruedo.

Juan Ortega: Silencio tras dos avisos.

David Martínez: Silencio.

Andrés Roca Rey: Dos orejas simbólicas tras indulto.

Marco Pérez: Dos orejas.

Detalles:

El festejo inició con la tradicional procesión de la imagen de la Virgen de la Esperanza Macarena a hombros de los alternantes y secundada por las cuadrillas; ceremonia coronada por una exaltación lírico – religiosa a cargo del capellán de la plaza de toros de Manizales.

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La tauromaquia congrega los valores tutelares de la sociedad, entre ellos la solidaridad, esa relación empática con aquellos que sufren, que invita a dar de sí para mejorar las condiciones de los semejantes; pues bien, uno de esos actos de solidaridad tuvo lugar en la fría noche Manizalita, escenario en el que siete artistas, de estilos, procedencias y recorridos dispares, dieron el paso al frente para apoyar la gestión del Hospital infantil Rafael Henao Toro de la capital caldense, cariñosamente denominado El hospitalito infantil.

El escenario no pudo ser más sobrecogedor, una plaza llena, iluminada por miles de faroles, luces con semblante litúrgico que arroparon la procesión de la imagen de la virgen de la esperanza Macarena, en una noche, en la que los réditos taurinos pasaron a un segundo lugar, dando paso a la solidaridad y a la reivindicación del profundo carácter espiritual y místico que inspira y secunda la liturgia taurina.

Julián López El Juli: Abrió la noche ocupándose de Centellita (434 kilos), un animal feamente lidiado en los dos primeros tercios, y que ante la franela delató una completa falta de casta y bravura, buscando siempre el resguardo de las tablas, pasando con sosedad y rehuyendo la confrontación. En suma, una faena intrascendente, floja y sin transmisión. Con los aceros, un dechado de vulgaridad y facilísmo, (nada nuevo en este torero), obligándolo a usar el verduguillo. Silencio para el de Madrid y pitos en el arrastre.

Emilio de Justo: Plantó cara ante Molino de viento (424 kilos) lanceando con clase y donosura; su labor muleteril fue de poder, bajando la mano, toreando en redondo, alargando la embestida y administrando con inteligencia la movilidad del burel, sacando los mejores momentos por la diestra. Consciente de las limitaciones del toro, buscó abreviar, pese a la molestia de algunos aficionados, dejando una estocada con más verdad que buena colocación, siendo premiado con un apéndice.

José Arcila: Se prodigó en la lidia de Califa (420 kilos), mostrándose, variado y esteta con el percal, detalle que caló hondamente en los tendidos; tras un deslucido tercio de garapullos, el torero de Manizales, se dejó ir con hondura y sentimiento, desmayando la figura y prodigándose en artista, sabiendo aprovechar la generosa movilidad del burel. Una pena que la toledana le negara la posibilidad de triunfo, embarullando con prisas e inseguridad una faena que derrochó arte y torería. Vuelta al ruedo.

Juan Ortega: Se estrelló de lleno con Pierres (394 kilos) un pequeñajo sin entrega, recorrido ni franqueza, al que no pudo robar un solo capotazo; con la muleta, pasó de vacío, optando por lances funcionales y de trasteo. La tizona se negó a entrar, complicando el epilogo de la apocada presentación del sevillano. Silencio tras dos avisos, pitos en el arrastre.

David Martínez: Afrontó la brega de Reyecito (426 kilos) con un correcto y variado uso del percal; posteriormente, cubrió con espectacularidad el segundo tercio conectando de lleno con la gradería; edificó una faena con más ganas que técnica, emotividad que arte, pero exultante de transmisión, haciendo valer por los dos pitones la generosa movilidad del astado. Desacertado con el acero, despachó tras escuchar un recado de la presidencia. Silencio.

Andrés Roca Rey: Dio cuenta de su buen toreo, llegándole a Cuentero (406 kilos) mandando con el percal, derrochando clase y torería; con la muleta destapó el tarro de las esencias luciendo su variado repertorio de cambiados por la espalda, naturales de mano baja y profundos derechazos, una faena grande, que tapó todas las deficiencias del toro que reculaba, pasaba obligando y soltando la cara, cuando no buscaba rajarse. Al igual que en la tarde anterior, la conjunción entre los argumentos toreros, la sensibilidad del publico y una presidencia condescendiente, inventaron un indulto.

Marco Perez: Supo hacerse a las condiciones de Dante (250 kilos) montando una faena de alto vuelo, pisando correctamente los terrenos, dejándose llegar al astado con donosura y mucha torería; una labor importante que llegó directamente al gusto de los aficionados, consolidando el momento más emotivo de todo el festejo, tras pinchazo logró dejar una rotunda estocada que le permitió pasear con todos los honores los trofeos que le abrieron de par en par la puerta grande de Manizales.

La temporada de Manizales continúa

Sábado 8 de enero, corrida de toros con Astados de Juan Bernardo Caicedo para Luis Miguel Castrillón, Juan Ortega Andrés Roca Rey. 

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