En Manizales… ¡Qué vergüenza señores!

Monumental plaza de toros de Manizales, segundo festejo de la versión 67 de la Temporada taurina de la capital de Caldas, correspondiente a una corrida de toros. En el cartel se anunciaban los españoles Manuel Escribano y Rubén Pinar, junto al colombiano Juan Sebastián Hernandez, ante bovinos de la ganadería de Dosgutierrez, cruce de los encastes Murube y Santacoloma, dispares de hechuras, con sospecha de cornicure y en general, anovillados, descastados, mansos y reservones; de la mansada sólo destacó el segundo con movilidad, pero sin clase.

Manuel Escribano: Silencio y silencio tras aviso.

Rubén Pinar: Vuelta y oreja.

Juan Sebastián Hernández: Silencio y oreja.

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Con un clima favorable y un aforo que superó por poco la media plaza, se dio inicio al primero de los festejos mayores de la 67 temporada taurina de la capital cafetera, una nueva oportunidad de reencontrarse con los viejos amigos y las ya conocidas formulas de esta peculiar plaza: El toro de Manizales ínfimo de hechuras y de caras sospechosas; la presidencia voluble, dura con los nuevos talentos y reducida ante las figuras; las triquiñuelas de una empresa comprometida con matizar la verdad con eufemismos y bagatelas,  y finalmente, el aficionado que, a fuerza de escucharlas año tras año, se ha empezado a creer las mentiras de los amigos del engaño.

Ahora bien, sorprende y enceguece la razón que toreros como Escribano y Rubén Pinar, después de cuajar tardes importantes ante ganaderías bandera como Miura, Victorino y Adolfo Martin, vengan del otro lado del atlántico a plantarles cara a los siempre cómodos toros de Gutierrez, que, sin importar el hierro, traen por delante la culpa de ser animales pensados en la comodidad torerista y no en la exaltación de la casta y la bravura. Bovinos destinados al olvido pues son sólo un accesorio más en una fiesta que ya perdió su identidad.

Pues bien, así las cosas, se cortaron dos orejas, se dejaron algunos detalles con percales y franelas, (de seguro maximizados por los amigos del engaño); en suma, se cumplió con el compromiso, ¡ahora a cobrar!; sin embargo, quedó un vacío, la sensación de algo perdido, una deuda que ni los destellos de los trajes, ni el sonido de los clarines, ni los efectos de las bebidas espirituosas pueden matizar, la falta del toro y con él la falta de emoción, trascendencia y grandeza.

Manuel Escribano: El nacido en Gerena, se dispuso a validar su triunfal temporada en ruedo ibéricos, de la que vale la pena destacar la tarde de octubre en la Real Maestranza de Sevilla en que bordó el toreo ante Cuajadito un tenaz Miura al que desorejo y que a la postre fue premiado como el más bravo de toda la feria de San Miguel.

Sin embargo, de Sevilla a Manizales hay todo un océano, y de los Miura a los de Gutiérrez hay todo un continente, basta con mirar la exaltada mansedumbre, las inescrupulosas formas y miserables defensas, de Intrépido (476 kilos), un animal que no prometía nada de salida, apenas cumplió en el caballo y fue feamente banderilleado; en la muleta se terminó diluyendo sin dejar nada que pensar ni sentir; en el momento de pasaportar el de Gerena falló con el acero obligándolo a descabellar, silencio.

En la misma línea de miserias estuvo el segundo, un tal Clandestino (522 kilos) un animal más en el tipo de buey de pesebre, en palabras de Emanuel Sanchez, que delataba cierto brillo en los pitones muy propio de casas ganaderas mal intencionadas y deshonestas, un bicho que apenas cumplió en los dos primeros tercios, pero que al llegar a la muleta se dejó ir en una oleada de mansedumbre que exacerbo los ánimos de las graderías. Con el acero dubitativo, despacho, tras escuchar aviso. Silencio y pitos en el arrastre.

Una pena que del torero de las gestas con los Miura y los Victorinos no llegó a esta América ni la sombra, pues sin toro no hay fiesta, y sin verdad no puede surgir la grandeza, una pena que el señor Escribano se estacionará en la comodidad de los figurines, en la certeza del Bobitoro y la efectiva faena del bostezo.

Rubén Pinar: El torero de Albacete, que venía de cosechar en septiembre un destacado triunfo ante los Victorinos en la feria de su ciudad natal, logrando salir por la puerta grande junto a su coterráneo Sergio Serrano; se presentaba ante la afición Manizaleña con una completa disposición y entrega, actitud que tuvo consonancia con la movilidad de su primero Jaranerillo (490 kilos), que fue uno de esos caramelos de la casa Gutiérrez, acudiendo con más violencia que clase, con más empuje que acometividad, logrando arrancar los oles y vítores, una pena que la espada le negará total posibilidad, vuelta al ruedo.

El de Albacete sacó pundonor ante Zaragatero (516 kilos) un bicho de fea factura que pasó a rastras los dos primeros tercios vaciando su falta de clase y bravura en la muleta, donde todo lo puso el torero y el púbico supo reconocérselo, dejó estocada certera y a razón de esfuerzo se hizo a un apéndice; solitario premio en una tarde para olvidar y reflexionar pues este torero tiene grandes cualidades pero con estos toros se encierra en el olvido de las miserias taurinas.

Juan Sebastián Hernández: El recientemente doctorado torero de Sogamoso, trae al ruedo en su haber una destacada actuación en la feria internacional de Riobamba, y un apéndice cortado a ley, de un bravo toro de Santa Barbara, en la temporada Manizalita del año 2021, que por motivos de pandemia se realizó de manera remota. Una pena que se estrelló con Violinista (530 kilos), un animal sin casta, indiferente a los engaños, que buscaba las tablas presentando más que pitones la culata, un dechado de mansedumbre, de casta mala; lo despachó feamente en el segundo intento. Silencio.

El cierra plaza, Cuencanito (494 kilos) siguió la senda de la vergüenza, pasando a regañadientes por el percal, apenas cumpliendo con el caballo y complicando las cosas en el tercio de garapullos; con la muleta, el torero de Sogamoso le hecho ganas y habilidad, aprovechando la movilidad cegándolo con la muleta, una pena que, al igual que sus hermanos el animal se vino a menos. Con la tizona supo cobrar buena estocada que le permitió sacar un trofeo.

Así, finalizó un festejo más en Manizales, una completa antología de vergüenzas y alimañas, que sigue restando a nuestra ya caduca fiesta, empobrecida por el oropel de empresarios, ganaderos, apoderados y toreros que defienden sus propios intereses pasando por encima de la verdad.

Conscientes de que estas palabras se quedan cortas para compilar tanta desfachatez, sirvan las imágenes de la lente de Emanuel Sanchez Correa, como puntual complemento para las mismas.

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Galería de Emanuel Sanchez Correa

 

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@Manzanarestoro

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