En Bogotá… Corrida con desborde triunfalista y algunos tintes provinciales

Casi lleno en la Santamaría en tarde muy agradable para ver el cartel más fuerte de la temporada en Bogotá, definitivamente el grueso de la afición bogotana es más seguidora de las figuras que de la fiesta brava. Se lidiaron toros de Juan Bernardo Caicedo correctos de presentación y de juego muy desigual.

Enrique Ponce: Oreja y silencio; oreja en el que regaló

Roca Rey: Silencio y dos orejas

Juan de Castilla: Saludo tras aviso y dos orejas tras indulto

Detalles:

Juan de Castilla confirmó su alternativa

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Se vivió una tarde de remembranzas de lo que es el marco de siempre de la Santamaría, el olé inicial retumbó como en los viejos tiempos, pero también se confirmó que la exigencia y seriedad de la plaza se pierde sin remedio. Que bueno ver de nuevo los tendidos casi llenos, el sol pegando en la arena y el runrún de corrida grande, eso no deberíamos perderlo nunca y si que estuvo ausente el fin de semana anterior.

De otro lado los espectadores que llegan atraídos por el nombre de toreros rimbombantes dan un carácter de poca exigencia y le restan la tradicional seriedad a la plaza, que por momentos se confunde con alguna plaza de provincia. Así se vivió la corrida que por el resultado final sugeriría que fue un corridón cuando faltó mucha más sustancia para tal balance.

El cartel era muy atractivo a priori, venía Enrique Ponce, el triunfador de las recientes ferias de Cali y Manizales, aunque las realidades de esos triunfos han quedado reseñados muy claramente en este portal, el ciclón peruano Roca Rey que es hoy por hoy el torero que más gente mete en las plazas de todo el mundo y una promesa de la torería nacional como Juan de Castilla que si hace las cosas bien puede ser el próximo torero importante de Colombia. Ante ellos los toros de Juan Bernardo Caicedo, triunfadores resonantes en Cali. El plato estaba servido.

La ganadería de Juan Bernardo Caicedo, como lo dijimos en la triunfal corrida de la feria de Cali, está en la delgada línea, un poquitito más de dulce y se puede desfondar como lo vimos en los cuatro primeros toros de la tarde, es una vacada que no está diseñada para aguantar el tercio de varas decentemente y muchos de sus toros apenas deben picarse porque están “fabricados” es para la muleta, por eso son del gusto de las figuras. El sexto fue un buen toro pero sin destacar ante los montados, un toro de vuelta pero no de indulto, el séptimo también tuvo alegría pero se quedó más rápido y se lesionó al final. Los otros sin fondo, se quedaron pronto por estar muy justitos de raza. La corrida al final se tapa y muy bien por el buen sexto, el arrojo de Roca que enrumbó la tarde en el quinto y en parte por la movilidad inicial del séptimo de regalo.

Enrique Ponce, fue recibido con especial cariño por la afición bogotana, aplaudiéndole desde que apareció en el ruedo, le hizo saludar antes del primer toro y le coreó su nombre en varios momentos de la tarde. Veneración pura y con esto ya sabíamos que el triunfo le estaba servido. Si se revisa su tarde con minuciosidad no era ni cercana para salir a hombros, si vemos el contexto de un tarde que se enrumbó por el triunfalismo, allí estará en la foto de todos a hombros, como se lo iba a perder el ídolo al que vino a ver la gente.

A su primero le dieron muy fuerte en la vara y el toro se quedó a la segunda tanda quedando su actuación en dos verónicas preciosas por el lado izquierdo, un buen inicio por bajo en la muleta, alivio y pico por el pitón izquierdo y eso sí, un estocadón fulminante, tan poco común de verlo en el valenciano que por ello le dieron la oreja.

En su segundo poco pudo hacer ante un toro con complicaciones que se defendió y no permitió nada. La cariñosa afición le pidió el séptimo a lo que accedió el torero y allí cortó una oreja que en rigor no merecía por una faena pulcra, a media altura que se quedó a medias porque el toro se lesionó de su pata delantera, pinchazo y estocada caidita y una oreja que nadie iba a protestar con la tarde ya jugada y que le permitía salir a hombros a quien había ofrecido el tan pedido regalito.

Andrés Roca Rey representa el tipo de toreros que mandarán en la fiesta en los próximos años, muchos más efectistas que puros, más cerca del ayyy que del olé, con toreo más lineal que en curva, con más valor que verdad.  A su primero no pudo meterle mano, ni lidiar efectivamente a un toro rajado que se tragaba dos muletazos y se marchaba a tablas, que se puso donde quiso sin que el peruano supiera bien como lidiarlo, claro que antes el toro fue muy mal lidiado por los subalternos pero Andrés no está aún para solventar estas complicaciones aunque ya va siendo hora que lo haga pues el peso de la púrpura le llegará pronto. El toro pedía una muleta poderosa que lo sacara de tablas al inicio de la faena y la del limeño aún carece de esa entidad. Mató de estocada trasera y de dos descabellos.

En el quinto la tarde cogió el carril del triunfalismo potenciado sobre manera por Roca con su toreo de rodillas y aquí fue donde sobrevoló por la plaza el espíritu de provincia que gobernó el resto de la corrida. Andrés había toreado con gusto a la verónica que alternó con chicuelinas de menor entidad, el toro prácticamente no fue picado lo que no gustó a algunos aficionados para dar paso a un quite muy logrado con chicuelinas ajustadísimas, estas sí, y un precioso recorte por bajo.

La cocción estaba a punto.

Andrés se tiró de rodillas en el tercio y allí explotó la plaza, muletazos de rodillas pasándose el toro por la espalda un par de veces cuando la razón ni el espacio daba para ello. Mérito indudable pero después debe haber toreo. El desaguisado entre subalternos pareció de plaza de tercera y el polvoriento ruedo completó el escenario, Roca siguió de hinojos con la plaza hirviendo pero con ausencia del toreo de verdad. Sobraba provincia.

El toro se fue quedando queriéndose rajar y Roca al frente de chiqueros le aprovechó con muletazos estimables y los consabidos circulares que tanto efecto causan, mató en lo alto y vinieron dos orejas, una de Bogotá, la otra de plaza de provincia.

Para Juan de Castilla era una tarde muy importante, no por la consabida confirmación que es muy conveniente para evitar que la figura de turno abra plaza, sino porque era una prueba de fuego para saber si sus buenas condiciones se ratificaban en una tarde de altísima categoría ante dos de los toreros más importantes del escalafón. Y Juan ha dado la cara, no solo ha estado a la altura sino que ha hecho las cosas de más verdad de la tarde, ha dado un paso adelante muy firme y es hoy por hoy el torero nacional más potenciable de todos si le abren de verdad las puertas de las cuatro plazas de mayor importancia en Colombia.

Y no fue por el indulto alegrón que concedió la condescendiente presidencia sino porque toreó con verdad, con ganas de comerse el mundo y decir aquí estoy. En su primero había perdido una oreja por no saber si apurar al toro con el descabello o dejarlo caer en la arena después de una estocada entera pero trasera. Había dejado una buena tarjeta de presentación en la que destacaron unas gaoneras ceñidísimas y el inicio de su faena dejando venir al toro desde lejos.

En el sexto fue donde estuvo bien de verdad, aprovechó al muy buen toro de Caicedo, sobre todo por la mano derecha en donde destacó una segunda tanda de mano baja y mandona, de torero importante. Toreando de pie. Al natural no hubo el mismo nivel pero igual se mantuvo arriba la faena. Se barruntaba el indulto y Juan y los subalternos lo dejaron fluir, se sabía que la poco rigurosa presidencia lo iba a permitir. El toro no era de indulto pero la tarde lo pedía, “que es que hace falta para tirar esto para arriba”. Pero lo del indulto es lo de menos, ya no importa, la exigencia había sido vulnerada desde antes. Lo que de verdad importa fue la comprobación de que Juan si está y que puede ser… y lo vimos en la primera plaza del país, como debe ser.

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