En Salamanca… Puerta grande López Chaves y Roca Rey

Salamanca. Primera corrida de la Virgen de la Vega. Se lidiaron toros de Núñez del Cuvillo.

Domingo López Chaves: Oreja y oreja.

José María Manzanares: Ovación tras petición y oreja.

Andrés Roca Rey: Silencio y dos orejas.

Detalles:

Tras el paseíllo, se guardó un minuto de silencio en memoria del maestro Pedrés y por las víctimas de la pandemia.

Se desmonteró José Chacón tras parear al primero y Domingo Siro hizo lo propio ante el quinto.

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Volvía la feria tras el largo túnel de dolor y muerte que es –y aún continúa- esta horrible pandemia y se palpaba en el ambiente las ganas de volver a disfrutar con el colorido de una tarde taurina. Con el frenesí y belleza que encierra en su conjunto.

Y se abrió el portón de chiqueros para que salieran los desclasados y flojos toros del Núñez de Cuvillo, toros ‘aguaos’ por el ganadero y donde apenas se salvó el primero y cuarto, que sin ser nada del otro mundo sirvieron. Aunque eso a la gente le da igual, porque en esta Fiesta nueva ya solamente le interesa ver pases bonitos.

Nada de aquellos de ver, emocionarse con las galopada de un toro al caballo, o de ver a un torero que se la juega de verdad para lograr el triunfo venciendo a las dificultades de su oponente, como el ocurrió a López Chaves, quien después de regalaros en el primero una magnífica faena, con el poso que trae la veteranía, junto al sabor y temple de este gran torero, en se segundo se jugó la vida.

Literalmente. Sin trampa ni cartón, con tremenda honradez, muy sobre los pitones y recordando por momento, sobre todo cuando tenía la muleta en la diestra, a ese león de La Mancha que fue Dámaso González.

Porque Chaves ha dado una lección de su habitual pundonor y raza, junto a ese relajo que le ha dado el tiempo tras cocerse a fuego lento. Y es que, López Chaves, ahora mismo es de los toreros por los que merece la pena hacer kilómetros para admirar su inmensidad.

En lo campos de Salamanca había muchos mejores toros que los enviados por Núñez del Cuvillo desde tierras de Tarifa bajo la exigencia de Manzanares y Roca Rey, quienes llevaron a la plaza un público deseoso de verlos a ellos, aunque después tampoco descubriera las Américas.

De los pases bonitos de Manzanares y de la entrega de Roca Rey, que casi llenó la plaza para ver la nueva Fiesta, la Fiesta de los Toreros, tan alejada de la del toro bravo que era la de verdad, la que emocionaba junto a toreros valientes que triunfaban y hacían emocionar a los tendidos, algo que hoy si lo hizo el de Ledesma, el león Domingo López Chaves.

Y en medio de todo, con la abertura del telón volvieron las cámaras de televisión a La Glorieta, algo siempre bienvenido por lo que supone llevar a Salamanca a las teles de todos los hogares (las que pagan ese canal, claro está).

Pero este jueves la gran pena y contrariedad fue que estaba de comentarista un señor que la última vez que toreó en Salamanca se limpió las manoletinas de arena en el gesto de mayor desprecio que ha hecho un torero a esta plaza. Mientras protagonizaba la bronca más gorda que han visto mis ojos en La Glorieta.

Este jueves 9 de septiembre, ese señor que, como Santa Teresa al salir de Ávila, dijo que de «Salamanca ni el polvo» fue el encargado de ‘pregonar’ las virtudes.

Pena de poca memoria que existe.

Y pena de tantas cosas en medio del ocaso de esta Tauromaquia que ya es la Fiesta de los toreros.

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@pacocanamero

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