El arcón de los recuerdos de Jaime Sierra… Por el perenne recuerdo de un gran amigo y taurino

  • Antes de continuar con el episodio de las nuevas generaciones de taurinos, debo detenerme y dedicar este episodio del arcón de mis recuerdos a un sacerdote ejemplar, amigo sin igual y taurino irredento, capellán durante algunos años en la Plaza el Nuevo Progreso de Guadalajara, el Pbro. Luis Martínez Jiménez, quien nos dejó hace casi tres años y seguramente ya está disfrutando de la felicidad eterna.

Hablar del Pbro. Luis Martínez Jiménez me llena de orgullo ya que pude compartir con él momentos de extraordinario valor tanto en lo taurino como en lo espiritual llegando a tener una amistad que trascendió a mi familia y a sus hermanos, parientes y amigos que tenía en cada lugar en donde se hacía presente.

Recuerdo nuestra rutina de los domingos de toros, -como vivíamos de lado a lado de la ciudad -nos veíamos en la plaza a la hora del sorteo, y mientras este se sucedía preparábamos el área para que todo quedara listo y limpio y pudiera oficiar la misa de 13:00 horas, sus homilías siempre cargadas de espiritualidad pero nunca faltaba la alusión a términos taurinos.

Terminando la misa nos dirigíamos a un restaurante de carnes asadas que estaba muy cerca de la plaza y comentábamos sobre el cartel de esa tarde siempre disfrutando de sus conocimientos taurinos y de su manera muy particular de platicar, soltando chascarrillos y chistes que le venían muy en gracia.

Nos regresábamos a la plaza y ocupábamos nuestros asientos para disfrutar la corrida o novillada, siempre fue muy buen conversador y como viejo aficionado sabía mucho de la liturgia por lo que como crítico fue muy bueno y le aprendí mucho.

Y así durante varias temporadas, en ocasiones cuando se sucedía algún herido durante la lidia se dirigía a la enfermería y como buen Dr. Espiritual participaba en su función de Capellán, de ahí que hizo grandes amigos entre los Doctores del equipo médico.

Terminando la corrida me encantaba llevarlo a su casa para poder escuchar sus comentarios y críticas siempre con el afán de compartir sus conocimientos de la lidia que los tenía y muchos.

Esta era nuestra rutina todos los domingos de temporada taurina, y cuando no eran tiempos de toros me pedía lo llevara a Arandas, una población muy bonita de los altos de Jalisco en donde era recibido por familiares y amigos en ricas comelitonas que le preparaban ya que el Padre Luis siempre fue de buen diente.

Atotonilco el Alto, Tepatitlán, San Ignacio Cerro Gordo, Capilla de Guadalupe, etcétera, fueron poblaciones que visitamos y que seguramente recuerdan con cariño a ese gran señor que fue el Padre Luis.

Con el tiempo, se incorporó a nuestra rutina de los domingos de toros mí queridísimo nieto Victorcito y se agregaron nuevas vivencias a mi caminar taurino pero esto será para otro episodio.

Ya jubilado y gracias a mi querido hermano Memo Sierra tuve contacto con desde entonces mi amigo Pepe Mata para participar como cronista y fotógrafo en el portal Toros en el Mundo por lo que la rutina con al Padre Luis cambió un poco ya que ocupe mi lugar en el burladero de fotógrafos y él se apersonó con los doctores que le dieron una butaca bastante cómoda en el palco de la enfermería.

Ya no teníamos el comentario inmediato entre él y yo, pero seguíamos disfrutando los comentarios en el camino a su casa y así hasta la última temporada 2016-2017 ya que el Señor se lo llevó en septiembre de 2017. QDEP.

Siempre te recordaré querido Luisito con tu frase cariñosa…

¡¿Entonces qué Cayo, me llevas a Arandas?¡

Hasta pronto querido amigo.

No aflojemos el paso queridos amigos, quedémonos en casa si no tenemos a que salir, protejámonos y protejamos a los demás; que en esto del coronavirus no hemos llegado al pico.

 

#Quédate_En_Casa

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