El arcón de los recuerdos de Jaime Sierra… La Fiesta me regaló un mágico amor

Como ya les he comentado en capítulos anteriores de mi andar taurino, las enseñanzas vividas en esta hermosísima afición al toro, más los valores adquiridos en casa con esa dedicación que solo el amor de unos padres pueden dar, y la educación de excelentes maestros, formaron  mi carácter y disciplina para mi vida diaria.

¡Gracias papá, mamá, hermanos, maestros!

Los años sesenta fueron para mí muy ricos en enseñanzas, ese caminar taurino como aficionado práctico me llenó de satisfacciones, abriéndome al mundo para desarrollar mis habilidades y conocer mis defectos.

A esa edad entre los 14 y los 20 años, uno sueña con ser lo mejor, pero también es un tiempo en el que se cometen muchos errores, siempre será fundamental contar con buenos amigos que te ayuden, y yo conté y sigo contando con esos buenos, muy buenos amigos que me apoyaron en los momentos difíciles.

¡Gracias amigos!

La fiesta de toros me enseñó a ser puntual, a compartir en la individualidad, a priorizar en la complejidad, a entregarme en la dificultad, a ser disciplinado sin ser observado, a vivir intensamente el día, a ser previsor en la incertidumbre, a ser honesto ante la oportunidad, a saber perdonar ante el coraje, a ser agradecido ante la enseñanza o corrección.

Años de formación para la vida.

Esos años que pasé en la Peña Taurina La Calesa practicando mi afición y compartiendo con familiares y amigos me arroparon en una bonita amistad, también llenaron a mi espíritu las noches de alegría en los bailes que se hacían al finalizar los festivales, siempre he sido amiguero e invitaba a mi grupo de amigos y amigas; me gustaba mucho bailar así que trataba de llevar siempre a una amiga.

Pero quiero compartirles lo que me ocurrió en una de esas noches mágicas de sábado que resultó muy especial para mí.

Como antecedente a esa noche les diré que ya tenía varios años de conocer a una hermosa vecinita de nombre María de la Luz, (Lucha para la familia y amigos), y siempre que toreaba o simplemente había festival en La Calesa le pedía a mi hermana Consuelo (Kiki de cariño) la invitara para poder estar en el baile con ella; sin embargo nunca aceptó las invitaciones lo que devastaba a mi noble y sensible espíritu, hasta ese día, ese maravilloso día que con su luz iluminó mi ser.

Con gran sorpresa vi llegar con mis papás y hermana a Lucha, me emocioné muchísimo y mi corazón se aceleró, latía a velocidad de vértigo, claro me acerqué a saludarla y le agradecí su presencia.

Después del festival (ese día no participé) nos instalamos en nuestra mesa, mi grupo de amigos, Antonia, Susana, Ivonne, mis primas Gabriela y Lourdes, Eduardo, Alfredo, Antonio, Jesús, Jaime y obviamente mi hermana Kiki y la bellísima Lucha.

Pero yo estaba en un gran problema, gran problema, pues había invitado a Antonia y, no podía ser desatento, mi caballerosidad me lo exigía; pero también el noble corazón me hacía notar, que no podía desperdiciar la oportunidad de la presencia de la bella Lucha, así que debía…

… hacer algo y rápido…

… claro de inmediato urdí pedirle a mi gran amigo Eduardo que sacara a bailar a Antonia y, así quedar en posición de estar a disposición de acercarme y bailar con aquella muchacha que me hacía sentir diferente, libre y feliz, muy feliz y así pasó…

… que noche tan maravillosa…

¡¡¡¡Inolvidable!!!!

A los pocos meses un 28 de abril de 1968 a las afueras del restaurante Valencia, tomándonos una exquisita malteada me dio el sí, y todo, absolutamente todo se me iluminó y me vi con ella toda la vida.

¡Otro día muy especial para ambos, al fin novios!

Debo compartirles que llevo cincuenta y dos años de relación con Lucha, no todo ha sido miel sobre hojuelas pero hemos sabido con amor sortear las dificultades  y próximamente el 25 de julio cumpliremos cincuenta de casados.

Lo que celebraremos, pues los mágicos e inolvidables momentos hay que celebrarlos, espero por los tiempos que corren, poder hacer una reunión, y que sea presencial no a través del ciberespacio.

Hemos podido formar una gran familia de casi veintisiete miembros, (viene en camino mi decimoquinta nieta), a todos mis hijos e hijas les gusta la Fiesta Brava, a algunos de mis nietos y nietas también, a todos los he llevado a una plaza pero he respetado a quién no les gusta, pero bueno esto será tema de otro episodio del arcón de mis recuerdos.

Hasta la próxima mis queridos lectores y amigos.

Sigan en casa y cuídense por favor.

#QuédateEnCasa

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