En Manizales… Una mansada eclipsó la tarde de la juventud

Monumental plaza de toros de Manizales, segundo festejo de la versión 65 de la feria taurina de la capital cafetera, correspondiente a una corrida de toros, se lidió un encierro de la dehesa vallecaucana de Paispamba, procedencia Corte de la Corte – Carlos Nuñez; bien presentados pero descastados, sin clase ni oportunidades, en especial el jugado en quinto lugar que fue pitado en el arrastre.

Luis Miguel Castrillón: Silencio y silencio.

Joaquín Galdós: Silencio tras aviso y silencio.

Juan de Castilla: Silencio tras aviso y silencio tras aviso.

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Con una estupenda entrada, más de tres cuartos de plaza, se dio inicio a la primera corrida de toros de la feria taurina de Manizales, una tarde especial denominada de la juventud, no solo porque convocaba un cartel de jóvenes toreros, sino porque en los tendidos se buscaba exaltar la renovación de la afición nacional; una apuesta innovadora de la empresa que busca a través de descuentos especiales congregar a niños y jóvenes en función de la fiesta de los toros.

Una pena que, pese a las buenas intenciones y monumental escenario, el insumo bravo, el alma de la fiesta, brilló por su ausencia, trasfigurando las ganas de triunfo y el entusiasmo del aficionado, en desespero y enojo, en frustración y disgusto; pues la mansada de Paispamba no regalo una sola embestida, no transmitió ni permitió, restando ese punto de peligro, esa encastada dificultad que es propia del toro bravo, reemplazándola por la embestida con peligro y las ansias por rehuir la confrontación.

Ahora bien, a justicia es necesario decir que la corrida estuvo bien presentada,  con cara y hechuras que inspiraban respeto; sin embargo, cuidar la forma no es la única obligación del ganadero, pues es el fondo, la casta y la bravura, es lo que realmente diferencia a un ganadero de un criador de toros; como toda obra ejemplar, el toro de lidia exige de la conjunción entre forma y fondo, hechuras y bravura.

Luis Miguel Castrillón: El torero paisa, afincado en México, que venía de una tarde para el olvido en Cañaveralejo, confirmo su mal momento en la monumental de Manizales; su primero Hacedor (476 kilos) exigía de una muleta poderosa, un toreo de mano baja y profundidad; empero recibió una labor desdibujada y mono pase, rubricada de mala manera, silencio.

El cuarto Bastonero (486 kilos) un hermoso jabonero sucio digno de estampa, paso sin entrega por las telas del paisa, buscando huir en respuesta a la falta de mando y entendimiento; de resaltar que hubo voluntad y entrega, pero, como lo comenta el buen Emanuel Sanchez desde su tradicional barrera, al de Antioquia no se le ve en torero y el toro, sin ser excepcional estuvo muy por encima de su rival, pidió Carnet y no hubo quien lo pudiese presentar; con los aceros pesado, silencio.

Joaquín Galdós: El buen torero de Lima, debutaba en el ruedo manizalita, buscando confirmar su buen momento en ruedos del antiguo continente, sin embargo, chocó con el peor lote de un pésimo encierro; su primero Cuatrero (546 kilos) fue descastado y con peligro, revolviéndose pronto como todo zapatillero, apelo a una lidia más de sometimiento con muletazos de pitón a pitón; con el acero se le ve muy inseguro compareciendo en varias ocasiones, silencio tras aviso.

El quinto Hastiado (460 kilos) fue un mansurrón que no embestía sino se defendía con peligro, buscando el cobijo de las tablas presentando la culata ante las buenas intenciones del peruano, que en señal de respeto había brindado la lidia a Manuel Jesús El cid en su temporada de despedida; con los aceros despacha sin trascendencia, silencio.

Juan de Castilla: Las ganas le pudieron al buen torero del popular barrio de Castilla de la capital paisa; con su primero Hacendoso (466 kilos) logró convencer y gustar por la mano derecha, calando en la gradería y presagiando un triunfo, sin embargo, el toro se vino a menos diluyendo las posibilidades; con la tizona dudo y esto le paso factura, silenciando su labor.

Con el cierra plaza, Barato (536 kilos) logro verdaderos momentos toreando por el pitón derecho, hilando una faena de agrado para el respetable, pero con poco sitio, toreando por piernas y a velocidad de vértigo; con los aceros de nuevo se embarulla, silencio, tras aviso. Su expresión, que ya requiere de evolución, delata las ansias de todo matador novel, pero requiere de esa serena inteligencia y autodominio, que convierte las ganas en triunfo y el entusiasmo en grandeza.     

Mañana 7 de enero:

Toros de Santa Barbara, para Manuel Jesus El Cid, Román Collado y Juan Sebastián Hernandez, quien tomará la alternativa.

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@Manzanarestoro

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Fotografía: Plaza de Toros de Manizales.

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