En la Monumental México… Sólo un espejismo

Monumental Plaza de Toros México. Tercera novillada de la Temporada Soñadores de Gloria. Unas cinco mil personas. Se ha lidiado una novillada de Aurelio Franco, correctamente presentada, pero mansa en general, siendo complicada porque desarrolló genio, barbearon las tablas, voltearon todos contrario, han sido reservones y hasta el quinto fue un debilucho. No pelearon con las cabalgaduras en donde aventaron cornadas arriba del peto para deshacer el encuentro; fueron pésimamente picados.

Sebastián Palomo: Silencio tras aviso y silencio.

Emilio Macías: Palmas tras aviso y pitos tras tres avisos.

José María Mendoza: Silencio tras dos avisos y oreja protestada.

Detalles:

Tras el despeje de cuadrillas, el buenazo de Jorjazo, quien ya parece que se apropió del palco de la inútil autoridad, decidió que era tiempo de rendir homenaje al ganadero por tener más de seis décadas como profesional del toro, y le invitó a salir al tercio para que se le ovacionara.

Igualmente concedió una oreja que a la postre sería protestada a José María Mendoza. El engaño no apoya a la evolución de ningún ser humano.

El banderillero Ángel González tras estupendos pares al tercero, saludó en el tercio; mientras que Cristian Sánchez, quien se ajustó con majeza al cuarto, también escuchó estentórea batería de júbilo.
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En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”. George Orwell

Cuando venía camino a casa y tras haber sido testigo de una novillada que al final acabaría siendo un espejismo de lo que debe ser la grandeza, de lo que debe ser la verdad, recordaba merced al archivo de sastre de mi memoria, esta frase del colega George Orwell.

Me queda claro el esfuerzo que está haciendo la empresa por darle oportunidad a los jóvenes con encierros correctamente presentados.

Me queda claro que les están apoyando a los ganaderos que tenían tiempo de no comparecer en La México, o que lo hacen poco, al comprarles sus encierros para ser presentados en el mayor coso del mundo.

Pero, también me queda claro, que, como en la novillada de este domingo no han cumplido las expectativas ni el ganadero que mandó una lamentable mansada incluso que desarrolló genio, la casta mala; así como una terna que apunta, pero no tuvieron la capacidad para poder resolver el reto que se presentó en el redondel.

Lo más sencillo sería hacer un perorata basada en el falso elogio y escribir conmovedoras frases “inspiradas” en el engaño, pero ese…

… ese no es mi estilo, no puedo ser como muchos que así se sienten a gusto.

Y por ello, queda esa nostalgia de lo que pudo ser y no fue.

Un sacrilegio fue haber sacado al final al ganadero, obligado por una cauda de inútiles acompañantes, con el fin de que saludara en el tercio, porque no había una razón que sustentara el hecho, mientras que por otro lado, le estaban exponiendo, porque a sus más de ocho décadas de existencia, apenas y tiene movilidad en sus piernas.

Un sacrilegio fue haber engañado a, José María Mendoza, al haberle otorgado una oreja que han pedido algunos de sus simpatizantes, pero que en la realidad no tuvo sustento, porque no existió faena alguna que avalara el hecho.

Engañar sin tasa ni medida no es benéfico para nadie.

El joven Mendoza con el que cerró plaza, se pasó dando pases por todo el redondel porque nunca pudo sujetar al novillo, el que trató inútilmente de huir a su ganadería porque eso le exigía su mansedumbre.

Pases y más pases asfixiantes, vimos sumarse sin ton ni son. José María aprendió a torear bonito, pero hace falta mucho más para poder trascender.

¿Que tiene valor?

Eso es innegable.

Es el elemento fundamental de todo quien vista el terno de luces

Después de la suma de pases sin contenido y por todo el redondel, tras una estocada defectuosa, el buenazo de Jorjazo sacó su pañuelito, no sé si con la firme convicción de pedirse él mismo la oreja para sustentar el regalarlo, a sabiendas, quizá, de que no había porque hacerlo.

Con su primero, el joven Mendoza, también pasó de noche, algunos pases, pero nada que hiciera estremecer a las buenas conciencias que aman la verdad del arte del toreo.

Cara y cruz vimos con, Sebastián Palmo, con su primero -precisamente el que abrió plaza- un novillo manso, con genio, que fue desarrollando peligro. Y nos sorprendió gratamente cuando entendió de ello fundamentalmente en el instante de trazar la primera serie con la diestra, casi al finalizarla el cuerno del astado le señaló haciéndole notar que ya sabía en donde se encontraba su geografía corpórea y, entonces…

… entonces Sebastián, le atacó, y se impuso.

Así le vimos hacer una faena poderosa con ambas manos, siempre adelantándose a las mal sanas intenciones del mansesco ejemplar, y cuando había sumado el reconocimiento del cónclave, vino el desatino con el acero, y todo quedó en el silencio.

Con su segundo, un novillo más hecho, pero más peligroso, un manso que desde el inicio abrió el hocico, de estampa bonita, aunque corto de cuello, desde el inicio se ponía por delante.

Cuando se suponía que, Sebastián Palomo, haría gala de las cualidades que le habíamos visto con su primero, hizo todo lo contrario.

Sí, en lugar de doblarse para imponer su imperio, se dio a dar pases con ambas manos como si tuviera frente a él a una dócil y bondadosa ovejita de la pradera; y claro, el error cobra su cuota, el novillo hizo por él rompiéndole la taleguilla en donde protege a las partes nobles del ser, dejándole un golpe que seguramente habrá dolido y mucho.

Regresó a la cara del novillo y fue cuando decidió lidiarlo, pero no lo hizo con contundencia. Apuntó pero no disparó, y al final todo quedó en el desolador olvido.

Emilio Macías, tuvo un primer ejemplar, manso, pero dócil por momentos, y pudo dejar series correctas, pero sin aguante, repuso mucho terreno entre cada pase, y por ello tras nueva serie que aparecía tenía que andar por todo el redondel.

La suerte suprema es algo que no tiene bien aprendida, así que recibió un guantazo tan fuerte que lo envió a la enfermería, por lo que tuvo su hermano, Sebastián Palomo, que poner punto final al utrero.

Saldría de la enfermería, Emilio, para enfrentar al cuarto, tras la suerte de varas en donde no saben, al igual que sus alternantes poner en suerte al novillo para comparecer el piquero, hizo un quite con su hermano al mismo tiempo, porque cada uno tenía su capote.

El quinto novillo, era un manso complicado al que debería de someter lidiadoramente; justo así empezó con doblones, pero no resultaron convincentes, y peor se han puesto las cosas, cuando se lo pasó sin un sólido argumento, viajando por todo el redondel ya que el animalillo huía sin cesar.

Fatal de toda fatalidad con la espada, y escuchó los tres avisos. No hay más que contar.

En fin, concluida la novillada, queda la tristeza de observar que el engaño sigue existiendo como justificante de las incapacidades.

Si el ganadero promete traer una novillada brava y encastada…

… ¡que cumpla!

Si los novilleros son seleccionados para comparecer en el mayor coso del mundo…

… ¡que cumplan con gran dignidad y escrupulosa preparación!

Que si no poseen lo anterior, que tenga la honestidad de declinar, para no engañar a nadie.

Porque al final, podrán intentar engañar a todos pero nunca…

… nunca a ellos mismos.

¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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