En Bogotá… Ponce rinde de nuevo a la Santamaría con dos toros de carreta

Plaza Santamaría de Bogotá. Se celebró la tercera y última corrida de la temporada bogotana. Con casi tres cuartos de plaza se lidiaron toros de los Herederos de Ernesto Gutiérrez bien presentados con algunos matices y variados de juego.

Enrique Ponce: Dos orejas y oreja

Sebastián Castella: Oreja con protesticas y palmas

Ramsés: Oreja y oreja protestada

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La corrida de cierre de temporada estaba revestida de novedad por el carácter goyesco que se anunció, los burladeros y tableros de la plaza adornados con el arte del francés Loren Pallatier y la presentación del cantante de ópera colombiano Valeriano Lanchas en los minutos previos al inicio del festejo propiamente dicho.

Toda una nueva labor de mercadeo que busca asemejar a lo que los farolitos y el paseo de la virgen logran en la taquilla en los festivales que se celebran en Manizales y ahora en Cali, en los que dichas arandelas hacen más por llenar la plaza que muchas veces los carteles anunciados.

La corrida de Gutiérrez estuvo bien presentada, en comparación para lo que se acostumbra a verse en Manizales en los mano a mano de los figurines, aunque hubo matices en esa presentación porque se observaron algo anovillados los dos toros que en el tablero de presentación aparecían con fecha de nacimiento de octubre y noviembre de 2014. Segundo y sexto de la tarde.

Todos los toros pesaron más de 500 kilos y se agradece que el ganadero se esmere en traer una corrida que corresponda a la categoría de Bogotá a pesar de los matices anotados.

La corrida tuvo el comportamiento típico de esta ganadería con toros muy repetidores, faltitos de fuerza, tanto que varios fueron protestados por supuesta cojera, cuando lo que hacía falta era fuerza.

El lote de Ponce carretas dóciles, a uno le dieron la vuelta al ruedo, el lote de Castella se fue rajando de a poco. El sexto tuvo más interés y cierta explosividad.

De las varas ni para que hablamos, todos recibieron solo un puyacito por cumplir, que no aguantan más, tan solo el sexto recibió una vara más o menos decente.

Y en la muleta nobles y dulces hasta decir no más, almíbar sobre azúcar.

Ni una sola mirada a los toreros, ni una mala intención, una pseudo especie taurina que han creado en el laboratorio genético de los Gutiérrez que logra toros de carreta que son los que las figuras se deleitan en torear porque el peligro desaparece y la obediencia gana por paliza ante la casta.

Pero se mueven y se mueven y repiten y repiten con tal docilidad que son la delicia de los toreros y por supuesto del público.

Un público que en Bogotá goza con absoluta complacencia con las figuras. A veces nos creemos eso de que por estos lados del charco hay visos de una afición exigente en donde algunos tienen el atrevimiento de poner en una misma frase eso de que Bogotá es la Madrid de América. De eso ya muy poco, por lo menos en las corridas de figuras.

Solo aparecer Ponce por el portón de cuadrillas, que recordemos dejó plantada con absoluto descaro a la empresa de Cali – la misma empresa que lleva la plaza de Bogotá, alegando una supuesta lesión de ligamento de rodilla – la afición se deshizo en aplausos y le sacó a saludar olvidando su mal comportamiento en diciembre con la plaza caleña. Y así toda la tarde, la afición muy entregada a todo lo que hizo Ponce ante dos toros tan a modo que estuvo muy a placer.

Ponce ha aprovechado toda la nobleza almibarada del primer toro y se ha gustado en una faena de su corte, jalando y jalando del toro de a poco, llevándolo templado y con empaque. Eso sí, un cambio de mano al inicio de su labor fue toda una exquisitez, luego se sucedieron series sin nada de ajuste pero con su indudable gusto, el toro era un amigo para llevar a la casa y llegaron los circulares que hacen explotar de emoción a ese público que tiene a Ponce como su héroe, de nuevo la Santamaría rendida a ese toreo aparente aunque luminoso del valenciano.

Al almíbar del toro se le sumó la cursilería de las poncinas, y el milagro comprobado de la rodilla curada. Y eso que su entorno quería que para finalizar la faena sacara el capote como lo hiciera en en la corrida crisol de Málaga. No tan cursis por favor. Pinchó y luego dejó una espada entera. Dos orejas larguitas, petición de indulto que no venía a lugar y el público y algún que otro crítico rendido al valenciano.

En su segundo turno, el toro aún fue más noble, si es que se pudiera más, Ponce se lo dejó llegar muy cerca y luego rodilla en tierra y el torito ahí como un perrito dócil que juega con su amo, toreo sin toro, del tendido le gritaron “poeta” y Ponce correspondió con una venia, cuando segundos después le gritaron “pico” ya no hubo la misma respuesta.

De la faena destacar tres derechazos con los que se hizo con el toro que marcaron el pulso del trasteo porque a partir de allí el público se entregó aún más. Pinchazo recibiendo y estocada caída para pasear una nueva oreja.

Castella se vio espoleado por la actuación de Ponce y se notó cuando se echó el capote a la espalda para un quite de los de “aquí también estoy yo” en el que intercaló tapatías y gaoneras de mérito, luego la faena resulto aseada y correcta en donde los toques firmes y el temple fueron lo positivo pero las distancia y el poco ajuste lo negativo, “pico” le gritaron cuando la distancia aumentó con descaro. Mató de estocada caída y trasera que en una plaza con real seriedad invalidaría cualquier premio pero como la presidencia de la Santamaría tiene tan poco rigor llegó la oreja a la que algunos con criterio acompañaron con pititos.

En el quinto quería asegurar su salida a hombros pero el toro se le rajó pronto, las chicuelinas del quite fue lo mejor de su actuación en este turno porque luego no pareció el mismo torero que se ha apuntado a la de Miura en Sevilla, gesto que sin duda le honra, pero quizás estuvo ahorrando valor para esa señalada cita porque estuvo muy precavido al inicio de la faena toreando a mucha distancia del toro. Cuando el toro ya daba apuntes de rajarse quiso rescatar la faena pero ya era tarde.  Estocada entera y palmas cariñosas.

Ramsés ha salido a hombros al lado de Ponce pero servirá solo para la foto porque no ha merecido tal honor y no se puede ni hablar de la distancia que hubo entre las actuaciones de ambos matadores.

Ramsés ha estado bien en el primero de su lote más no así en su segundo en el que naufragó frente a la castita del de Gutiérrez y desaprovechó para un triunfo de verdad.

Me parece que el bogotano ha tocado techo hace unos dos años con actuaciones ilusionantes en Manizales y en la provincia pero a partir de ahí ha venido transitando un descenso paulatino y no se ve por donde pueda remontar con fuerza.

En su primero Ramsés estuvo entonado y con ganas cuando vio que el de Gutiérrez repetía alegrón y noble. Una serie con la derecha fue importante de verdad, porque bajó la mano y mandó, luego la faena se mantuvo en buen tono aunque al final perdió algo de fuerza e impacto. Lo que si tuvo la estocada entera que acabó con el toro y que propició la petición de la oreja que finalmente llegó.

En el toro que cerró el festejo el público tomó partido por el toro y se lo enrostró a Ramsés que solo en la primera parte de la faena pudo estar a la par del astado, luego llegó la lluvia acompañada de las dudas, los trompicones y la deriva. Una estocada entera efectiva y de nuevo la presidencia amplió su manga ancha y llegó la oreja que se le protestó con fuerza.

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