En Bogotá… Fernando Robleño se la juega a ley ante Mondoñedos en franco declive

Plaza Santamaría de Bogotá. Se celebró la segunda corrida del abono bogotano. Con tiempo cambiante y una entrada menor a la media plaza se lidiaron toros de Mondoñedo, desiguales de presentación y de juego variado pero en un preocupante declive general en su comportamiento frente a lo que era esta ganadería hace unos dos años.

Fernando Robleño: Vuelta al ruedo y oreja

Octavio Chacón: Palmas y silencio

Juan de Castilla: Silencio tras aviso y oreja

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Más que preocupante el desempeño y presentación de los Mondoñedo en la Santamaría bogotana a pesar de que tres toros recibieron palmas en el arrastre. Ganadería casi de culto en parte de la afición torista bogotana que hace años vitoreaba al ganadero como lo hacen las barras de un equipo de fútbol.

También años atrás a una corrida de Mondoñedo había que picarle dos veces a los seis toros, esta vez se picó como cualquier corrida normal, y aunque hubo algunas embestidas con interés ningún toro tuvo el picante tradicional en este hierro y algunos fueron muy sosos y con muy poca transmisión.

Debió salir muy preocupado Gonzalo Sanz de Santamaría, excelente señor, pero desde hace ya dos años el declive de los Mondoñedos es notorio y se ha anotado en esta tribuna, tanto en la última presentación en la Santamaría como en las corridas de Puentepiedra.

Por lo visto en las últimas corridas de Mondoñedo el criterio de selección parece haber variado, no se ve tanto poder en el caballo, se ha dulcificado un poco el ganado de la sabana. Puede ser el efecto de la nefasta suspensión de las corridas que vivimos en Bogotá en el oscuro período en el que el sátrapa gobernó, o que las opiniones de selección de Don Fermín se fueron con él al cielo taurino. Vaya uno a saber, pero no han sido los Mondoñedos que hacen vibrar los cimientos de la Santamaría.

El primero de la tarde no debió mantenerse en el ruedo por una descoordinación notoria en sus extremidades, el segundo un manso total en el caballo, quien lo hubiera pensado – un toro de Mondoñedo sin querer ni ver el caballo-  luego sacó pujanza en la muleta poderosa de Robleño, confundió a algún incauto que le pareció bueno pero fue un manso declarado en el caballo, al tercero la faltó más vibración y fondo, el cuarto tuvo muchos altibajos, el quinto fue el que mejor fue al caballo y parecía que iba a reeditar el éxito de otro Tocayito lidiado hace algunos años en este mismo ruedo pero se fue rajando de a poco a pesar de que humillaba mucho y el sexto salió dando coces al caballo aunque tuvo ciertas embestidas de interés.

Hubo algunas cosas interesantes en los toros pero muy desperdigadas en una tarde que resultó densa y que nunca rompió porque los Mondoñedo no cumplieron como se esperaba.

Fernando Robleño ha estado hecho un tío de verdad toda la tarde. Le plantó cara al segundo Mondoñedo al que no lo pudieron casi ni picar y se ha ganado el respeto de los aficionados mas exigentes porque hay que estar ahí frente a un Mondoñedo que no fue al caballo.

Lidia con poder, de ley, con contenido, nada light, todo con significado, como leer un libro de filosofía en tiempos de twitter, a muchos ni les interesa entenderlo, pero Robleño ha mostrado en el segundo de la tarde lo que es un torero de los pies a la cabeza.

El cuarto toro no se definió en el capote pero Robleño le indicó el camino. De nuevo una faena de poder con un par de series de naturales de mérito extremo, de las que muchos no se dieron cuenta, una de ellas para callar a un incordiador que no entendía este tipo de toreo académico.

Ese par de series fueron oro puro, pero en estado bruto, para descifrar no para degustar, allí radica la diferencia frente a otras faenas que se cantan más. Faena larga, con muchos muletazos que parecen no decir nada pero que son necesarios para poder con el toro, de a poco, como en una tesis que se desarrolla por capítulos. Si te pierdes uno te pierdes el todo. Otro toreo.

Eso sí anotar que abundaron las voces para citar al toro llegando a importunar un poco, y es que estos toreros curtidos en las corridas duras cogen resabios de tanto tener que defenderse de los toros duros que les toca lidiar. Ya nos tocó ver a Rafaelillo retorcido y haciendo la faena defensiva que acostumbra con tantos Miuras, como una receta fija.

Octavio Chacón confirmó la alternativa en Bogotá. Ha estado muy templado en actuaciones correctas y aseadas y ha perdido un posible premio por un feo metisaca que enfrió al público en el primero de su lote.

El gaditano supo de inicio lo que buscaba el público en este tipo de corridas y en el que abrió plaza dejó al de Mondoñedo de lejos al caballo pero no se pudo ver al toro en la vara y hubo de picársele en la querencia.

Los puntos altos de su actuación tuvieron el denominador común del temple y los bajos el poco ajuste y el sacar al toro muy para afuera al torear al natural. Cuando se cruzó por el pitón izquierdo el público fue receptivo pero un inoportuno desarme finalizando la faena y sobretodo el feo metisaca ya anotado dejó su presentación solo con el premio de unas palmas que reconocieron su voluntad.

En el quinto de la tarde Octavio estuvo muy bien con el capote enseñándole a embestir al toro dejándole toda la capa en la cara para que el toro repitiese. Después de las pintureras chicuelinas del quite la expectación de una faena interesante flotaba en el ambiente porque el toro humillaba y era fijo pero desde que inició la faena el toro dio un paseo larguísmo por tablas hasta el burladero cerca a la enfermería y ya la embestida no fue lo mismo.

La faena de nuevo resultó aseada y templada pero sin un vuelo alto. Un pinchazo y tres cuartos de espada fueron necesarios para acabar con el toro y la labor se silenció. Torero interesante y con mucho oficio es Chacón, para volverlo a ver por tierras colombianas.

Juan de Castilla se ha llevado una oreja pero su actuación no tuvo un nivel superior, más bien navegó en medianías, buenos inicios pero finales sin rotundidad.

En ambos toros ha iniciado por bajo con poder y en las primeras series ha puesto toda la carne en el asador y la plaza se ha ilusionado con actuaciones de importancia pero ambas faenas han perdido fuelle en un caso por falta de temple en otra por no poder del todo al último toro y no colocar las condiciones para poderle definitivamente al Mondoñedo.

Se ha llevado una oreja por una estocada entera en extremo efectiva a pesar de caer un pelín caída.

De todos modos Juan sigue siendo el torero colombiano con mayores posibilidades de todo el escalafón y siempre ha dado la cara con corridas exigentes porque el mismo se sabe que puede con ellas y eso es de valorar.

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