Huari, bitácora de feria por la Virgen del Rosario, la mama huarina

Llegar a Huari ha sido toda una experiencia gratificante. Desde Lima nuestro autobús nos llevó en algo menos de nueve horas, primero flanqueando la franja costera pegada al mar rumbo al norte para luego de unos 200 kms. adentrarse hacia la derecha ascendiendo entre las estribaciones andinas de la cordillera ocidental de los Andes peruanos.

Cruzamos el majestuoso paisaje que nos invita el Callejón de Huaylas conformado por sus dos paredes macizas: la negra, cuya roca granítica luce límpida, y la del frente, la blanca, coronada de nevados blanquísimos.  Luego del paso silente por el túnel Cahuish pasamos en minutos apenas de la vertiente del Pacífico a la del  Atlántico para encontrar a Chavín de Huantar y toda su milenaria historia.

Es el Callejón de Conchucos cuyos pueblos se van encadenando como cuentas de un Rosario, así se nos muestran San Marcos, Huachis, Huantar y Yacya ─todos taurinos─, hasta por fin llegar a nuestro destino, la apacible Huari, capital de la provincia del mismo nombre.

Pero mucho antes, desde que abordamos el autobús, nos llamó la atención el entusiasmo exultante de un niño que viajaba con sus padres. Un niño con sorprendente precocidad en el manejo de los términos taurinos.

Conversando a media voz con su padre, le oíamos enumerar perfectamente los tercios de la lidia, los tiempos de los engaños, de las banderillas, y descifrar los lances y pases que se suelen emplear en el ruedo. Luego supimos que se llama Sebastián Solís, un niño de apenas diez años más o menos. De anteojos a lo Harry Potter pero de chispeante sonrisa y mirada acuciosa, así lo tuvimos por varias horas hasta que al rigor de las sombras nocturnas debió haberse quedado dormido.

Como siempre que viajo se me dificulta el dormir, pude sobrecogerme con el bonancible arribo madrugador a la terminal. Aún no asomaba el alba y la ciudad nos recibía en medio de la penumbra.

Apenas el mustio silbido del viento frío de la sierra que no fue incomodo en ningún momento, nos dio la bienvenida. Mientras recogíamos el equipaje encontramos a una señora que nos ofreció, por medio sol, el reponedor mate de coca. Debía esperar a Lucho Torres Ascencios y al juez Carlos Castillo que viajaban en otro autobús que se retrasó unos minutos.

Al terminar la infusión de la mágica hoja andina, vi descender a los susodichos. Con ellos emprendimos camino calle arriba hacia la casa de Lucho para acomodarnos algo esperando a que el pueblo despierte, o más bien a que se acueste, pues a lo lejos se percibía el bullicio que nos daba cuenta que las festividades aún no concluían.

Buscar a alguien como el capitán de plaza o comisionado, a esas horas y bajo esas circunstancias resultaría prácticamente imposible. Lucho nos invita generosamente a acompañarlo a su casa que está ubicada al terminar las escaleras que surgen al pie de la calle y de donde se goza de una vista parcial del pueblo.

Nos acomoda en un magnífico salón y nos provee de estupendo desayuno. Excelente el café pasado, muy tinto, que nos lo servimos sin azúcar. Panes y quesos deliciosos, tortillas con jamón, mermeladas y mantequilla pura, nos hacen sentir felices y abrumados por la hospitalidad de los amigos.

La familia de Lucho, tan afable y acogedora, nos reseña cómo se vivía la fiesta taurina en Huari. Antes, nos dicen, no había la plaza de toros actual, la monumental, sino que las corridas se montaban en el estadio de fútbol. También que hubo un torero muy querido que es ídolo por generaciones de huarinos.

El gran Víctor Ochoa Ochoita que fue el impulsor de las plazas portátiles en nuestro país. Justamente, en Huari era él quien montaba los ruedos de palos en el estadio de fútbol. Torero peruano de amplía empatía con los públicos supo ganarse el respeto y afecto en virtud de su bonhomía y sacrificada trayectoria.

Tanto en el Perú como en Colombia, en donde incluso residió buen tiempo, Venezuela y Ecuador. Ochoíta falleció en abril del 2008 y su recuerdo sigue latente entre la afición ancashina.

En el segundo piso de la casa hay, a modo de sala de estar que comunica con las habitaciones, un espacio horizontal bordeado por una fina balaustrada de madera, donde cuelgan los estandartes de las capitanías que la familia ejerció, dándole al pequeño espacio un aire de solera y sabor taurino.

Luego de despedirnos completamente agradecidos nos dirigimos a la plaza de armas. Allí encontramos todavía los últimos estertores de la fiesta que lejos de menguar parecería estar en pleno apogeo de no ser por el hecho de que toda la gente allí reunida bailando y celebrando acusaba evidente sobre embriaguez.

Teníamos la mañana asomándose y la Banda Internacional Catac, ubicada en un escenario levantado en el frontis del edificio municipal, seguía prodigándose en sus tropicales acordes mientras humeaban aún los castillos de fuegos artificiales.

Encontramos gente conocida a la que guardamos los saludos más efusivos para después que hayan curado la mala noche. Mejor dicho la buena noche porque aquí en Huari lo que percibimos es solo bondad y amabilidad.

Conforme se disipaban los últimos grupos de bullangueros y al advertir que se abría el pórtico de la catedral ingresamos a ella para saludar a la Santísima Virgen del Rosario, la mama huarina, que nos trajó con bien a estas tierras para conocer su fiesta. La catedral es una edificación de corte moderno que ocupa media manzana entre esquina y esquina del lado sur de la plaza.

Destaca en el conjunto un atrio angosto y sobre éste otro nivel que finalmente da acceso a la nave interior. En su vórtice izquierdo se yergue una torre homogénea coronada por una cruz y un altillo o guardilla donde cuelga la campana con la que se anuncian las horas del servicio religioso.

Dentro del templo, afanados fieles apresuran el acicalamiento de la sagrada imagen mariana, cambian las flores y despliegan en torno suyo guirnaldas y cintas de tafetanes rosados.

A la hora prevista la imagen sale en andas que cargan los capitanes de fiesta presididos por don Víctor Hugo Montalvo, el primer día; como en el segundo lo haría don Hernán Córdova Solís.

Previamente, se habían instalado en cada una de las cuatro esquinas colindantes de la plaza de armas, o Plaza Mayor, las capillas que representan a los barrios tradicionales de Huari: San Juan, El Milagro, El Carmen y San Bartolomé.

Estas capillas son cubiertas por toldos rematados con cenefas en terciopelo bordado de oro y plata destacando siempre entre sus ornamentos  la flor del Huagancu, una especie de orquídea andina única en su género. Encargados de su vigilia quedan las cuadrillas de los huaridanzas, las pallas y el sarao con cuyas alegorías se rinde devoción y acrecienta el entusiasmo místico en torno a la santa patrona mama huarina, Virgen del Rosario.

Momento de profunda sinergia espiritual que emociona y me abstrae deseando que no acabe aquella inmutabilidad que nos invade.

Tardes de Toros…

Huari posee una de las plazas de toros más grandes del Perú. De hecho, la Monumental Plaza de Toros Virgen del Rosario ostenta un aforo de doce mil personas el cual es repletado en su totalidad cada tarde de corridas. Impresiona sobremanera ese vuelco espontáneo y multitudinario de la gente hacia el coso taurino. A veces, como sucedió el primer día, ante la impaciencia por la lentitud del ingreso, la muchedumbre prácticamente se abalanza en estampida para asegurarse los mejores lugares. El precio con el que se ofertan las localidades suele ser casi simbólico, apenas diez soles, unos tres dólares americanos, para que usted, amable lector, tenga una idea.

De estructura totalmente noble, la plaza cuenta con toriles, patios de caballos y cuadrillas debidamente adecuadas. Se espera que para el próximo año se concluyan las labores de techado circundante lo cual la convertirán en un recinto multiuso, tanto para la realización de actividades culturales, artísticas y deportivas. Pero principalmente como escenario para su feria taurina.

La Monumental fue inaugurada el 10 de octubre del año 2006, bajo la gestión del por entonces alcalde César Ascencios Villavicencio y tuvo como padrino al destacado periodista taurino don Carlos Castillo Alejos.

Se halla enclavada en un desnivel de terreno que desciende por una amplia explanada hacia las orillas del río Mosna. Su forma se asemeja a la Monumental Plaza México siendo incluso que como aquella, la huarina tiene forma de embudo cuyas filas de graderías se apostan hacia abajo del nivel de la calle. Imaginamos con expectativa cómo lucirá una vez totalmente acabada.

Cabe señalar que Huari ha sido formalmente declarada como Ciudad Taurina de Ancash, siendo de este modo la segunda ciudad de la región ancashina, después de Ticapampa, en ser nominada de esta manera. Mediante Ordenanza Municipal refrendada por el Consejo Municipal bajo la presidencia del alcalde Alberto Trujillo Rojas y ante la iniciativa del Círculo Taurino Huari y asesoramiento del Círculo de Periodistas Taurinos del Perú, se ha hecho posible esta declaratoria que reafirma el carácter de patrimonio cultural inmaterial de la provincia.

Camino a la plaza, la última tarde, entre las comparsas de huaridanzas y devotos fervientes de la mama huarina que ondeaban sus estandartes, se entremezclaban los capitanes y comisionados de ambas tardes, la familia Montalvo y los agrupados en el Círculo Taurino de Huari. Encabezaban el tropel festivo jóvenes cargando sobre los hombros sendas cajas de cerveza, atrás de ellos distinguidos vecinos muy bien ataviados y los comisionados mostrando las bandas que los caracterizan.

Todos ellos a modo de séquito de los toreros actuantes con los que, sin prisas, compartían la algarabía y se tomaban fotos por doquier. Es así que entre la gente nos volvimos a encontrar con el precoz aficionado Sebastián, el niño de lentes grandes que nos sorprendió durante el viaje desde Lima. Acompañaba a la comparsa asido de un capote con el cual mostraba ingenua prosapia contagiándonos de aquella su tierna torería. Qué buen aficionado eres Sebastián !

La feria se ha dado durante los recientes 11 y 12 de octubre con dos corridas de toros con carteles internacionales en honor a la Santísima Virgen del Rosario, la Mama Huarina.

Actuaron la primera tarde, el español Octavio Chacón , el venezolano Manolo Muñoz  y el de casa Juan Carlos Cubas que lidiaron toros de San Pedro y Salamanca. Muñoz resultó triunfador de la tarde al tocar pelo en cada uno de sus toros.

La segunda tarde que cerraba el ciclo ferial hicieron el paseíllo el rejoneador Francisco Rodríguez y los matadores Francisco Torres Jerez, de España; y el nacional  Sebastián Vela. Ambos espadas salieron a volandas al haber cortado dos orejas cada uno. El ganado fue de Reeves, Colorado y la colombiana de Barro Blanco. Vela fue finalmente declarado triunfador de la feria por su actuación con el toro tocado en suerte de la ganadería de Colorado propiedad de la familia Taboada.

Huari, nos encandilaste con tu fervor y tu indesmayable afición. Volveremos cada que podamos, tómalo por seguro.

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Fotografías por Martín Campos

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