El comentario de Williams Cárdenas… ¡Colombo pide el toro!

La tercera actuación del novillero venezolano, Jesús Enrique Colombo, en la Plaza de Toros de Las Ventas, nos ha confirmado la impresión. Ha vuelto a cortar una oreja con una actuación soberbia en la que ha hecho todo una exhibición de las muchas cualidades que reúne para disputar las palmas con los del escalafón superior.

Y que conste que en Las Ventas el novillo que sale es un auténtico toro. Pero la suficiencia de Colombo hace que luzca muy por encima de sus enemigos, los cuales terminan rindiéndose al poderío de su capote, de su muleta y de los espectaculares tercios de banderillas a los que los somete.

Vamos por partes.

Hoy le acompañaron en el cartel dos novilleros de buen corte, con técnica y gusto para torear, pero lo de Colombo es otra cosa. Desde el primer tercio, en su encuentro con los novillos cada lance está dirigido al resultado exitoso de la lidia.

No los torea sólo para lucirse, que también lo logra, pues mece el capote con gracia y compone su figura con plasticidad, sino que va más allá, dando una sensación de lidiador que va preparando al toro para el desenlace final, que debe ser su muerte, después de una buena faena.

Cualquiera puede decir que todos lo hacen de la misma manera, pero lo que ocurre con Colombo es que a él se le nota este sentido lidiador. Es además, variado en los quites y seguro en la dirección de la lidia.

En banderillas alcanza unas cotas difíciles de imitar. Sus excepcionales condiciones físicas le permiten desplegar todo un repertorio de las más distintas formas de realizar la suerte, con la particularidad de que encuentra toro en todos los terrenos.

Al cuarteo, al sesgo, al quiebro, cambiándoles los terrenos, dando ventajas y jugando con las querencias, de dentro afuera y de afuera hacia dentro, poco violín, reuniendo en la cara, sacando las banderillas de abajo, castigando en lo alto y prácticamente sin necesitar el auxilio del lidiador de turno.

En la Monumental México, por su sensibilidad, después de los tercios de banderillas de Madrid y de Pamplona, le hubieran hecho dar la vuelta al ruedo.

Luego, en el tercio final, inicia las faenas doblándose con los novillos, como los toreros de antes, con tal poderío que en algunos casos los somete y deja sin aliento. En otros casos, se deja los novillos crudos para que le duren, e inicia la faena de hinojos en los medios. Además, ocurre que Colombo es una excepción en esa constante de los toreros que ponen banderillas y que pegan un bajón con la muleta. Con él ocurre lo contrario.

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Se viene arriba y torea en las suertes fundamentales con estética y despaciosidad, tanto con la derecha como con la izquierda. Improvisa y resuelve con mucha inteligencia.

Tanta que trasmite una seguridad impropia de su juventud, pisa terrenos comprometidos y algo muy importante, los toros no lo cogen. Por momentos desmaya los hombros y parece que está absolutamente relajado en la ejecución de la obra, dibujando muletazos cumbres.

Por si fuera poco, es un cañón con la espada. Qué manera de matar los toros! Como los clásicos, en corto y por derecho, y si antes señalaba que todos los momentos de la lidia parecían estar dirigidos a conseguir la muerte espectacular del toro, doy fe que lo consigue.

Se perfila, ataca en rectitud y clava con una contundencia y eficacia singulares. Son los tres tiempos de la Suerte Suprema ejecutados por un torero muy joven, pero que está preparado para subir el escalafón, medirse con el toro, y disputar lugares de privilegio.

Venezuela tiene una ilusión fundada en Jesús Enrique, con la ayuda de Dios y de la mano de la suerte, tendrá el torero, que junto con otros nuevos valores de nuestra baraja taurina, ayudarán a rescatar la Tauromaquia venezolana.

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@wcardenasrubio

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