Los escritos de Julio Téllez… Un recuerdo de Manolete en su centenario

Manuel Rodríguez Manolete, nació el 4 de julio de 1917 en Córdoba, España y murió el 29 de agosto de 1947 en Linares, por la cornada de Islero de Miura, tenía escasos 30 años de edad.

Recibió la alternativa el 2 de julio de 1939 a la edad de 22 años, apenas si vivió 8 años como matador de toros, suficientes para convertirse en el mito más grande de la tauromaquia universal, siendo tema permanente para editar libros y más libros que intentan penetrar o descifrar el misterio o el milagro de su vida torera y personal.

A mi en lo personal me conmueven dos fotografías de Manolete, una recargado en la barrera con un rostro y una expresión indescifrable, quizá de dolor, de angustia, de hastío y eso a pesar de su extrema juventud, no llegaba a los 30 años.

Para, Pepe Alameda, la fotografía muestra a un torero profundamente cansado, y en la otra fotografía vemos a un Manolete tirado en el ruedo cuando largo es, aferrándose a la espada de matar, Pepe la interpreta como una estampa de angustia y rebeldía

Pepe Alameda, en su libro Crónica de Sangre afirma que “… cuando lo nombro, caigo en la cuenta de que Manolete era de esos que, desde el principio, tienen que ver con la muerte, mucho antes de acercarse a ella“.

Yo creo que Manolete siempre estuvo cerca de la muerte y la prueba consta en el libro Tauromaquia de Manolete de Paco Laguna, que bien pudiéramos titular, Crónica de una muerte anunciada, por las numerosas fotografías que muestran a Manolete entrando a matar con el defecto que nunca pudo o no quizo corregir, de entrar a matar recogiendo la muleta con la mano izquierda hacia el pecho, en lugar de darle salida al toro con la mano baja, defecto por el que se llevó varias cornadas en la pierna derecha, defecto que Pepe explica minuciosamente en su libro Los Heterodoxos del Toreo.

De todos los libros que tengo sobre Manolete, ningún escritor analiza este defecto que fue propio de Manolete desde novillero y que al fin lo llevó a la muerte.

Pepe señaló este defecto que para muchos escritores no era error técnico de Manolete, sino una muestra de su total honradez.

Como prueba de su análisis, Pepe muestra la foto de Manolete entrando a matar a Islero quedando a merced del toro que le hundió el pitón en el muslo derecho, como otras muchas veces, pero esta fue mortal.

Publica, también, una foto de, Paco Camino, ejecutando la suerte con precisión técnica y con belleza.

A Pepe Alameda le impresionaron mucho las fotos del rostro de Manolete y la otra tirado en el ruedo y le inspiraron su poema a Manolete.

Nos dice Pepe en su libro, que: “Manolete desde antes de Linares, aparecía profundamente cansado… Cansado quizá de una lucha que para él, a tales alturas de su carrera, e incluso de su biografía íntima, empezaba a no tener sentido. Las presiones no acobardan, pero a veces hastÍan…”, y concluye diciendo que:

Manolete, como, Joselito, tenía que estar cansado. Es la sospecha que para José apunta Gerardo Diego: ¡Te entregaste tú mismo, estoy seguro!”.

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A Manuel Rodríguez Manolete

Por José Alameda

 

-Estás tan fijo ya, tan alejado,

que la mano del Greco no podría

dar más profundidad, más lejanía

a tu sombra de mártir expoliado.

– Te veo ante tu Dios, el toro al lado,

en un ruedo sin límites, sin día,

a tí que eras una epifanía,

y hoy eres un estoque abandonado.

– Bajo el hueso amarillo de la frente

tus ojos ya sin ojos, sin deseo,

radiográfico, mítico ascendente,

– fiel a ti mismo, de perfil te veo,

como ya te verás eternamente,

esqueleto inmutable del toreo.

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@TorosenelMundo_

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