Crónicas

En Manizales… ¡Todos a hombros, todos felices!

Monumental plaza de toros de Manizales, 10 de enero de 2026, sexto festejo de la temporada taurina caldense, correspondiente a una corrida de toros, se “lidiaron” cinco animales de la dehesa de Juan Bernardo Caicedo, desiguales en hechuras y defensas, delatando las complicaciones de la falta de fuelle y bravura; y un sobrero de Las Ventas del Espíritu Santo, de buena estampa, pero vacío de casta.

Luis Bolívar: Palmas tras aviso, dos orejas.

Daniel Luque: Dos orejas y palmas.

Marco Pérez: Dos orejas y silencio.

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Dejando atrás el petardo ganadero del festival, se dio inicio a uno de los festejos más destacados para el aficionado torista propio de Manizales, en él dos contrastados diestros, Bolívar y Luque, habilidosos en técnica y expertos en todo tipo de toros, especialmente los toros para las figuras, aquellos a los “hay que sobar” “llevar en algodones” o “administrar”, verbos más cercanos a lo hospitalario que a lo taurino; y el nobel matador Marco Pérez, que si bien cuenta con una predisposición natural, delata que viene siendo madurado a fuerza, explotado por el sistema y el anhelo comercial.

Al otro, los bovinos de Juan Bernardo Caicedo, el torito de las figuras posicionado en tierras del trópico, listo para el negocio y apresto para el triunfo; garantía, de triunfo y/o de bostezo, de puerta grande o bronca mayor; pues bien, de lo presentado tres valieron, (se dejaron hacer), y los otros tres, destacando por manso el de Las Ventas, se fueron al desolladero sin la mínima recordación.

¡Todos a hombros, todos felices!, los figurines (cada uno en su momento), cumplieron con el contrato, el público no sintió tan descaradamente el engaño, y ganadero y empresario, respiraron tranquilos, pues la cosa les salió bien; a falta de condiciones, con técnica se inventaron al toro y al triunfo; empero, en palabras de un gran maestro, la técnica es condición para los señores que arreglan refrigeradores, más no para los toreros, pues su “arte” se basa en la entrega y la verdad, sacrificio y grandeza, palabras ajenas y esquivas para lo que hay que ver por estos días en las plazas.

Luis Bolívar: Buscó las vueltas con el abre plaza, cazando la embestida, acompañando con el trapo la huida; empero, nada para reseñar; con la espada rubrico tras escuchar un aviso. Palmas.   

Con su segundo, montó un espectáculo para el público, coordinando una lidia siempre a favor del toro, cuidando lo poco que llevaba dentro, esperando exprimirlo, con aplaudidos, trapazos en el último tercio; con inteligencia a largo faena, manejando tiempos y distancias; labor de torero viejo, de habilidoso conocedor; cerró con buena estocada haciéndose a dos larguísimos trofeos.

Daniel Luque: Tras ver como llegaba malogrado su primero, lo que le obligó a correr el turno, deleitó al respetable con una catedra de técnica, de mando, de poder; una labor, ya conocida por los años y los toros, especialmente los que tienen tan poco; su faena fue coreada, sus lances aplaudidos; y mientras se corrían las telas, allá un animal que acudía obligado, que pasaba sin ganas, que se entregaba derrotado. Buena estocada, dos orejas.

Su segundo, un manso de enciclopedia proveniente de Las Ventas del Espíritu Santo, no se prestó para las triquiñuelas técnicas, no quiso seguir el juego, quedándose corto, reservando, fuerzas y embestidas, y dejando un aire de sosería y malestar, por ello fue pitado por el respetable. Tras golpe de cruceta despacha. Palmas.

Marco Pérez: El novel matador, jugó literalmente al toro con su primero, no se cansó de jugar la tela, no se cansó de mover los vuelos, mostrando los ya naturalizados gestos de quien tiene el toreo adentro, cosa que es evidente; la habilidad se conjugó con la acometividad, dejando momentos de intensidad y buen sabor; con la espada, seguro y resolutivo, reclamando dos trofeos.

Con el cierra plaza, nada que hacer, la completa falta de clase, el genio y la sosería; intentó, es de resaltar, pero a falta de cualquier posibilidad, a falta de toro para crear o emocionar, todo se diluyo. Con el acero no hubo efectividad pasando por el verduguillo. Silencio.

En la corrida de cierre se anuncian los Ernésticos, para Sebastián Castella, Juan Ortega y David de Miranda.

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Foto: Redes Plaza de toros Manizales

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