En Manizales… Se encumbra la toreabilidad

Monumental plaza de toros de Manizales, Colombia. Jueves 5 de enero de 2023. Cuarto festejo de la temporada taurina de la capital caldense en su edición LXVIII, correspondiente a un festival taurino, en pro del Hospital infantil Rafael Henao Toro. Se corrieron bovinos de la ganadería de Ernesto Gutiérrez, mezcla de Murube y Santacoloma, debidamente afeitados para la ocasión y mostrando la conocida toreabilidad de esta casa, destacando los dos primeros que fueron premiados con generosos indultos y el quinto que inexplicablemente recibió una vuelta al ruedo.

Antonio Ferrera: Dos símbolos tras indulto.

Emilio de Justo: Dos símbolos tras indulto.

Luis M. Castrillón: Silencio tras aviso.

Román: Oreja.

Juan de Castilla: Saludo.

Tomás Rufo: Silencio.

Detalles:

Atendiendo a las disposiciones del gobierno nacional, en cabeza del otrora insurgente y acérrimo perseguidor de la tauromaquia Gustavo Petro Orrego, la empresa Cormanizales, ha optado por bajar del cartel el nombre del joven torero salmantino Marco Pérez, por disposiciones arbitrarias ajenas a la lógica del mundo taurino y sus dinámicas.

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Otra fría noche de festival en la capital caldense, de nuevo la cita ineludible con la solidaridad y la filantropía, una nueva remembranza del halo religioso y ceremonial que rodea la tauromaquia; otra oportunidad para dar un mensaje claro a los antitaurinos y los políticos de turno, de que la afición se encuentra más que viva, comprometida y volcada a llenar la plaza; en suma, una noche mágica, cargada de mística, de pequeños detalles, de luces y sombras, de alegría y pasión.

Ahora bien, dejando a un lado los abalorios y las florituras, las estampas y poses; la de anoche fue una más de las que ya nos tiene acostumbrados esta plaza, una oportunidad, más que obligada, para  ver al toro de Manizales, aquel que dice muy poco en hechuras y caras, pero se prodiga noble, juguetón y embelesado ante cualquier trapo; estas “maquinas de embestir”, que cual cachorros atienden al más mínimo movimiento, incluso meneando la cola con frugal donosura.

Los amigos del engaño le llaman a esto toreabilidad, concepto, odioso pero preciso, que da cuenta de una fiesta, más cercana al vals o al teatro, que a una verdadera gesta y confrontación; un tinglado en el que, casta y bravura se excluyen, dando paso a la cándida movilidad, la nobleza borreguna y una, más que poderosa, exposición de técnica y dominio del hacer, que ya tienen más que mecanizada los toreros contemporáneos, que se están limitando a hacer más bonito el toreo que realmente sumarle en verdad, autenticidad y entrega.

En fin, la fiesta que nos han impuesto, aquella que quizá marque los primeros pasos a la resignificación del rito y su eventual desaparición, dado que si el núcleo de la fiesta es el torero y su dominio del hacer, el toro podrá ser remplazado por cualquier otro cosa que sin las complicaciones propias de lo bravo, lo vivo y lo sintiente, le permita a este expresar, gustar y triunfar; escenario para nada distante, pues sólo basta ver como ayer los triunfadores fueron aquellos que, más mecanizados tenían los pasos, aquellos que si cumplieron las instrucciones y supieron dar uso a estas “maquinas de embestir” que entretienen y aportan al triunfo, pero que van en total detrimento de la grandeza y la verdad.

Antonio Ferrera: Cual cómico mexicano, se enfundó un colorado traje charro, que, sin bien desentonaba con la solemnidad de la ocasión, fue coherente con su visceral y transgresora forma de entender el torero; empero desplegó su ya conocido repertorio, cubriendo el segundo tercio e hilvanando destemplados derechazos, aprovechado de manera ventajosa la movilidad repetidora del morlaco; su labor, conllevo al indulto de Panadero (360 kilos), recibiendo dos símbolos de “triunfo”.

Emilio de Justo: Dio fe de su clasicismo y poderío atendiendo la toreabilidad del pequeñajo Emir (394 Kilos), que al igual que su hermano de camada no se cansó de repetir, buscando “arañar más no embestir” la muleta del extremeño; ante este bombón, de Justo, ya curtido con encastes duros, se relajó y construyó una faena de triunfo, que fue entendida por el generoso público como de indulto. Recibió dos claveles en símbolo de triunfo.

Luis Miguel Castrillón: Busco entenderse con Aprendiz (404 kilos), tratando de acompasar la pegajosa acometividad, el borreguna ronda, pero a falta de dominio técnico dejó las cosas en punta; con el acero se le vio pesado, logrando despachar tras aviso. Silencio.

Román Collado: El valenciano, sigue con su idilio ante la afición cafetera, sacando lo mejor de San Silvestre (406 kilos), al que le encumbró momentos con el percal, cubrió (junto a Ferrera y el subalterno Garrido) el segundo tercio, y en la tela mostró su toreo alegre y pinturero, vistoso pero destemplado; el acero lo privó de un triunfo mayor, despachando, tras pinchazo. Oreja.

Juan de Castilla: En su única comparecencia en la feria mostró condiciones con Florisel (408 kilos) que, a diferencia de sus hermanos pasaba con más reticencia, con más sosería, soltando la cara y buscando rehuir; el torero de Medellín se gustó por momentos. La estocada no estuvo a punto y tras dos intentos con el verduguillo despachó. Saludo y una inexplicable vuelta al ruedo.

Tomás Rufo: Vino a exponer los argumentos que le encumbraron en el escalafón europeo, sin embargo, de Madrid y a la capital cafetera hay un océano, y del toro de allá, al pequeñajo de acá, también; por ello se estrelló con Virote (386 kilos) que no le regaló ni un pase, moviéndose sin entrega, acudiendo por alto y mostrando la sosería de aquel que pide ser despachado. Con el acero, cerró de fea manera. Silencio.     

Para cerrar, agradeciendo su generosa lectura, apuntemos tres reflexiones:  

Primera: Sorprende la generosidad de la afición, no sólo caldense, sino nacional, que sin importar la fecha o efeméride se ha volcado a la plaza mostrando unas entradas que reafirman la condición de ciudad taurina de Colombia; desde acá se entiende que es a razón de la amabilidad de sus gentes, su privilegiada posición geográfica e identidad taurina, lo que convierte a Manizales en destino número uno para la afición.

Segunda: Por encima de los abalorios y buenos deseos, los festivales son oportunidades para exponer argumentos y conectar con los aficionados, bueno sería que más que empotrar algunos “figurines” se diera oportunidad a los emergente o aquellos que en el año no han visto ni un solo pitón.

Tercera: La toreabilidad es muestra del detrimento de la fiesta, de su involución y falta de norte; hemos llegado a un punto en el que el arte sólo queda en el dominio de la técnica, y en el que el toro no es más que un acompañante y pretexto para exponer un hacer; Así las cosas, autenticidad, bravura y casta, serán anacronismos, huellas de un arte milenario que fue pero, los intereses externos, no lo dejan ser y perdurar.

Mañana más

La temporada continúa mañana viernes 6 de enero, con la tercera corrida en la que Luis Bolívar, Emilio de Justo y el joven Tomás Rufo, se medirán ante seis astados de la dehesa de Las Ventas del Espíritu Santo.  

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@Manzanarestoro

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