En Manizales… Se imponen la mansedumbre y el triunfalismo

Monumental plaza de toros de Manizales, Colombia. Miércoles 4 de enero de 2023. Tercer festejo de la temporada taurina de la capital caldense en su edición LXVIII, correspondiente a una corrida de toros. Se lidiaron astados de la ganadería de Juan Bernardo Caicedo, de origen Parladé. Variopintos de capa, regulares de presentación, cinco de ellos pitados por su falta de clase, casta y bravura; destacando, en mala hora, el quinto “premiado” con un inmerecido indulto.

Antonio Ferrera: Dos orejas largas y saludo.

Luis Bolívar: oreja y dos orejas simbólicas tras inexplicable indulto

Jose Arcila: Oreja y palmas.

Detalles:

Aunque en la cartelería oficial se anunciaba para este festejo el debut del salmantino Marco Pérez; debido a una disposición arbitraria del Ministerio del trabajo de Colombia, se suspendió su participación, apelando a una supuesta “explotación laboral” y salvaguarda de la participación en “labores riesgosas” del joven torero, al ser menor de edad.

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Con una entrada que superó los tres cuartos de plaza se dio inicio al tercer festejo de la Feria Taurina de Manizales, correspondiente a una corrida de toros en la que alternaban el extremeño Antonio Ferrera, junto a los nacionales Luis Bolívar y Jose Arcila; ante los bovinos de la ganadería de Juan Bernardo Caicedo; casa ganadera predilecta por las figuras al ofrecer el toro de lámina, pero pastueño y soso en su embestida, de aquellos con los que se tiene la mitad del triunfo asegurada.    

A razón de los productos de la Torifactoría, se consolidó una tarde triunfalista en la que todos los diestros tocaron pelo, saliendo a hombros los dos más veteranos; el uno, a razón de su destoreo, dicharachero y burlesco (Ferrera) y el otro (Bolívar), como producto de un desmedido indulto, a un morlaco que desde el caballo manseaba y que salía de cada muletazo con la cara suelta y ganas de huir.

De nuevo la indultitis, que había dejado más controversias que alegrías en la pasada feria de Cali, se apoderó de los ruedos caldenses, afincando sus garras sobre Legionario (488 kg.), un animal con movilidad desclasada; y la mano inteligente de Luis Bolívar, experimentado y curtido diestro del que, en la actualidad, sólo se habla en la corta temporada taurina nacional, consolidando efímeros triunfos que a la mirada de los buenos aficionados desdicen de la fiesta, aunque los amigos del engaño quieran presentarlos como verdaderas gestas.

Así las cosas, y sin la comparecencia de “las figuras” se inició el flaco camino del triunfalismo y el indulto; que, como lo comentaba acertadamente el buen Emanuel Sánchez desde su localidad de barrera, más que sumar a la defensa de la fiesta, se consolidan en la peor forma de engaño, la que es concertada, de la que se tiene consciencia, y la que atenta contra las bases mismas de la fiesta; es decir una mentira, que muchos se dicen y nos dicen, esperando matizar con adjetivos y anécdotas grandilocuentes, la falta de bravura, valentía y verdad.

Antonio Ferrera: Hizo gala de sus recursos harto conocidos, su falta de verticalidad y limpieza, y su recurrente irrupción al culto, incluso restringiendo el ingreso del caballo que cuida la puerta y la lidia de los subalternos; su primero Cerillero (450 Kg.) fue un animal amarrado al piso que nunca bajo la cabeza, al que le monto faena (destemplada y sin compás) a media altura que cerró de fea y certera estocada, recogiendo dos orejas, largas.

Su segundo, Ganador (446 Kg.) fue un dechado de mansedumbre, huidizo y desclasado, al que le monto una faena inteligente tapando la salida y buscando exprimir torpemente las carreras del animal; con el acero, tras dos intentos y el uso del verduguillo, despachó (a su manera); saludo desde el tercio.

Luis Bolívar: En su primera comparecencia se estrelló con Navegante (444 Kg.), un reducido burel, limitado en todos los sentidos, que exigió del caleño una lidia ventajosa e inteligente, tapando la salida, acompañando el viaje y exprimiendo, todo a media altura, cada pasada en falso del animal; con los aceros estuvo certero, reclamando una oreja.

En su segundo turno, llegó la euforia con Legionario (488 kg.) un animal con movilidad repetidora, con cierta alegría, pero con poco celo, clase y humillación; un morlaco que no dijo nada en el caballo, pero que, acudió a los cites de largo que inteligentemente Bolívar fraguó; un animal que se negó a humillar, pero que transmitió a los generosos tendidos de Manizales. Así pues, la viveza de Bolívar más la generosidad del público y la repetición del burel, dieron como resultado un indulto que, en lugar de sumar, pone en números rojos la ya golpeada fiesta nacional.

Jose Arcila: El caldense sigue la senda de la confusión, no se le ve claro, no conecta ni mucho menos transmite; su lote, el peor de un manso encierro, no le permitió ser, hacer ni estar como torero; a su primero, Jilguero (484 Kg.) le tocó perseguirle tapando la salida y buscando pase tras pase algunos momentos de lucidez, en los que rememoro mejores tiempos; con el acero, despacho certero haciéndose a una merecida oreja.     

Lo peor vino con el cierra plaza, General (478 Kg.) que, pese a mostrar la mejor lamina del encierro, mostró la vacuidad del toro para las figuras, la mansedumbre descafeinada, la embestida huidiza y la falta completa de entrega; ante él, Arcila estuvo digno, pero ausente; hizo lo que pudo y despacho en el segundo intento, leves palmas.

Agradeciendo el haber llegado hasta este punto, cerramos con tres ideas:

Primera: La arbitraria medida del Ministerio del Trabajo colombiano, impidiendo al salmantino Marco Pérez, ejercer su vocación torera, es una muestra de la persecución política que recae sobre la fiesta en Colombia y es manifestación clara de un afán prohibicionista, cercano al espíritu de las dictaduras, usando la fiesta como sofisma de distracción a los problemas económicos, de seguridad y estabilidad que acaecen en nuestra nación.

Segunda: La recurrencia de los indultos en la corta temporada nacional, deja ver un esfuerzo concertado por las empresas de mostrar una fiesta flexible y biófila; un discurso de la vida por la vida, más cercano a las fabulas animalistas que a los canones de una fiesta que sobrevive a razón de la verdad y autenticidad del toro bravo y encastado.

Tercera: Los amigos del engaño, que llenan páginas (digitales o impresas), y vociferan falacias a través de la radio, poco aportan a una fiesta en detrimento, poco suman a la reflexión de la afición taurina nacional, que a través de las redes constatan las mentiras y engaños, de una prensa sucia concentrada en tapar con adjetivos y anécdotas, hechos históricos y exacerbados juicios, la cruda verdad de una fiesta que ha perdido su norte.

Mañana más

La temporada continúa mañana jueves 5 de enero, con un festival taurino en el que se anuncian los diestros: Antonio Ferrera, Emilio de Justo, Luis Miguel Castrillón, Román, Juan de Castilla, Tomás Rufo y Marco Pérez con los novillos de Ernesto Gutiérrez.

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@Manzanarestoro

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