En Sevilla… Con Juan Pedro, ¡siempre es lo mismo!

Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Domingo 25 de septiembre de 2022. Tercera y última corrida de la Feria de San Miguel. Casi lleno. Pésimos toros de Juan Pedro Domecq, mansos, débiles, descastados, con genio y deslucidos.

Morante de la Puebla: Silencio y silencio

Ginés Marín: Oreja y silencio

Pablo Aguado: Oreja y silencio

Detalles:

Fueron protestados el primero y el segundo por la debilidad de los toros al perder las manos en varias ocasiones.

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No puedes esperar resultados diferentes cuando haces siempre lo mismo. ¿Desde cuándo se habrá hecho moda el toro show? ¿Desde cuándo se quiere imponer el toro artista, que terminó siendo hartista (de hartar)?

Creo que ese cambio en la tauromaquia ha llevado a crear y criar un toro sumamente dócil, un toro que aguanta medio maratón de embestidas, que no te hace un extraño, que caminan cual ovejas atrás del trapo rojo y, consecuentemente no transmite emoción alguna al tendido, salvo aburrimiento, desesperación y hartazgo.

El tercio de varas está condenado a desaparecer si los ganaderos siguen los pasos de Juan Pedro Domecq, hoy ningún toro, salvo el cuarto, se arrancó de largo, eso sí, ninguno metió la cabeza abajo, ninguno se creció al castigo, ninguno recargó con los cuartos traseros. Y ese conjunto de comportamientos en el caballo, en otras épocas, era símbolo inequívoco de mansedumbre.

¿Será que hoy la boleta de calificaciones ganadera habrá cambiado?

¿O será que desde las tientas los toros pasan todas esas asignaturas de panzaso?

El segundo tercio, que es cuando se colocan las banderillas, que antiguamente se llamaban avivadores, avivó más los símbolos de mansedumbre, más de un toro se dolió cuando fueron colocadas. Y eso más que vergüenza da tristeza. Demuestra que el reino de la mansedumbre impera, incluso en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, y el imperio de la bravura va cada día quedando en los retratos a blanco y negro de festejos de otros tiempos. ¿A nadie le preocupa esta situación?

Hay que reconocer que la mansedumbre esta a solo medio paso del genio, que es la casta mala. Y eso lleva a confusiones preocupantes. Confundir la nobleza con lo sosería, la bravura con la boyantía, la fijeza con la repetición, los arreones con embestidas codiciosas. Teniendo claro estos conceptos podemos comprender la actuación de los toreros.

A Morante le tocó en suerte el primero de la tarde, que fue débil, con boyantía y genio. Y Morante está acostumbrado al toro show, cuando este no sale, lo único que hace es abreviar, con miedo, habilidad y saliéndose de la suerte. Dejó media estocada. El toro se fue entre pitos.

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En su segundo, Morante intentó emular al gran Lagartijo con una media que resultó espantosa. Cuando la realizaba Lagartijo, ese latigazo de la media resultaba emocionante porque el toro que lidiaba era una auténtica fiera. Pero hoy Morante, lo hizo con un toro que no tenía movilidad alguna y eso resulta bochornoso. Así lo dejó al caballo y al toro sólo le simularon la vara porque era sumamente débil.

No entendió las condiciones del toro y, para acabar con él, comenzó doblándose, como si el toro tuviera fuerza y bravura. Pero no, más que ayudarlo terminó con él, después de eso el toro se quedó completamente parado y pegaba uno que otro arreón.

Otra vez con habilidad y saliéndose de la suerte dejó una estocada trasera.  Se fue molesto, cosa graciosa, porque es él, Morante, quien insiste en torear estos toros que ya vimos, desde hace varios años, que no funcionan.

A Ginés Marín tenemos que reconocerle el gran esfuerzo que hizo con el segundo de la tarde, él hizo la faena. Cuidó las embestidas descompuestas que tenía el burel, que fue débil, con repetición pero falto de lo que hace grande a la fiesta que es la casta y la bravura. Terminó su faena cambiando al toro de terreno toreándolo por la cara de forma magistral. Dejó media estocada y el público exigió la oreja que fue concedida.

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Otro manso fue el quinto, al que Marín entendió y logró domeñar las embestidas descompuestas del toro que tiraba derrotes de manso. Dejó gratas impresiones al estar por encima de las condiciones del toro.

Pablo Aguado, en su primer toro se vio frio y sin sustancia, sin transmitir nada. Más poses que buen toreo. Los muletazos resultaron estropeados, lo que no cumple el trinomio de parar, templar y mandar. Deja una estocada trasera y baja y le den una oreja, que seguramente nadie recordará.

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Y con el que cerró el festejo creo que Pablo no pudo entenderlo, acostumbrado al toro show, hoy que le salió uno con genio intentó lidiarlo pero no pudo, le faltó aguante y el toro lo notó. Cambia el procedimiento y comenzó a tratar de torearlo, como si el toro fuera bueno, a base de derechazos y naturales. Pero tampoco, a ese toro había que lidiarlo, que torearlo por la cara, tratando de corregirle la cara y dominarlo. Pero para eso le hace falta mucho…

¿Qué nos queda?

Ya sabemos como son los toros de Juan Pedro así son. Mansos o violentos, con genio. Rara vez sale el toro artista que te permite lucirte a base de poses. Por favor, la gente ya está harta, ya quieren ver otros encastes y otros comportamientos.

Esta película ya nos la sabemos y no funciona más.

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@RafaRojasC

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