En Cenicientos… Adrián de Torres sorprende y pierde la puerta grande con la espada

Cenicientos (Madrid). Lunes 15 de agosto 2022. Segunda corrida de la Feria del Toro en honor a la Virgen del Roble. Corrida Concurso de ganaderías. Se lidiaron seis toros en este orden La Quinta, cumplidor en varas, noble y repetidor en la muleta, aunque algo soso; Partido de Resina, cumplidor en varas, pero muy descastado; Juan Luis Fraile, manso, incierto y con la cara alta; Samuel Flores, se deja pegar en el caballo, pero aplomado; Peñajara, bravo en cuatro varas, pero a menos en el último tercio; y Adolfo Martín, cumplidor en varas, noble y de gran temple y humillación, aunque falto de transmisión y fiereza. Todos muy bien presentados. Casi lleno.

Sergio Serrano: Silencio tras aviso y silencio.

David Galván: Silencio tras aviso y silencio.

Adrián de Torres: Oreja y vuelta tras petición minoritaria.

Detalles:

Recogió una fuerte ovación el banderillero Víctor Manuel Nieto con el quito.

Saludaron tras parear y bregar al sexto Miguel Ángel Gómez, Juan Carlos Rey y Víctor Pérez.

Premios corrida concurso:

Mejor toro: Resabiado n° 8 de Adolfo Martín

Mejor picador: desierto

Mejor matador: Adrián de Torres

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El jienense Adrián de Torres sorprende y pierde la puerta grande con la espada en una interesante corrida concurso de ganaderías.

Hay que tener mucha paciencia, afición y fe en uno mismo para no aburrirse cuando las oportunidades escasean. Adrián de Torres es uno de esos casos, tan numerosos en el toreo. El joven diestro de Linares, que tuvo una interesante carrera novilleril, desapareció del mapa tras tomar la alternativa en 2012. Hace ya diez años.

Pero De Torres, seguro de sus condiciones, no tiró la toalla. Y, tras su actuación este lunes en la plaza de toros de Cenicientos, los aficionados nos alegramos por ello. Con el capote y con la muleta, Adrián de Torres se reivindicó como un torero a tener en cuenta que merece nuevas oportunidades.

Y lo hizo con el bueno, y también con el malo. Difícil tarea, en ambos casos. Porque si bien no era nada fácil templar y estar a la altura de la calidad de su segundo toro, de Adolfo Martín, tampoco lo fue ponerse en el sitio y aguantar las miradas, parones y embestidas por las nubes de su primero, que llevaba el hierro de Juan Luis Fraile. Por eso su actuación tuvo tanto mérito.

Ese tercero de Fraile, muy descarado y abierto de pitones, no tardó en mostrar su escasez de virtudes. Manso y a la defensiva en el caballo, no lo puso fácil en banderillas y llegó al último tercio distraído y buscando la salida. Nadie daba un duro por él, pero el diestro de Linares, sin probarlo siquiera, se echó la muleta a la mano izquierda, lo citó y aguantó la acometida sin mover las zapatillas ni un milímetro. Y como el astado no pasaba y derrotaba siempre con la cara alta, De Torres echó mano de valor seco para quedarse muy quieto y aguantar las escalofriantes miradas y parones del animal, que lucía dos puñales como pitones. Emoción por la vía del miedo, sí, pero emoción al fin y al cabo. Tras unas manoletinas de infarto y una estocada caída, paseó la oreja.

Muy diferente fue el sexto, un serio pero precioso toro de Adolfo Martín, al que recibió con un ramillete de verónicas extraordinarias. Fiel a su origen Saltillo, el de Adolfo embistió con el hocico por el suelo, virtud que mantuvo hasta el final. Tres veces acudió al caballo, donde cumplió. Cortó en banderillas, pero llegó al último tercio rebosante de temple y nobleza. Y, de nuevo, sin perder el tiempo ni hacer concesión alguna a la galería, Adrián de Torres convenció a los tendidos, esta vez por medio de un puñado de tandas, irregulares, pero en las que hubo muletazos de mano baja de gran temple y hondura. Lamentablemente, a la obra le faltó la rúbrica de la espada y se tuvo que conformar con dar una vuelta al ruedo.

Más pobre fue la imagen ofrecida por sus dos compañeros de cartel, Sergio Serrano y David Galván. Al primero le correspondió un buen toro de La Quinta que abrió plaza y que, tras cumplir en varas, repitió con nobleza, aunque con un punto de sosería. El segundo de su lote fue otro serio ejemplar de Samuel Flores que se dejó pegar en el caballo, pero que llegó aplomado al último tercio. Serrano, casi siempre despegado, no pasó de aseado.

Tampoco dio el paso Galván, tan pulcro como falto de ambición. Es verdad que no tuvo opción con el descastadísimo toro de Partido de Resina, pero sí debió estar mejor con el de Peñajara, bravo en cuatro puyazos, aunque de contado fondo en la muleta.

No hubo ningún toro completo, pero, tanto en el primero, como en el último tercio, casi todos mantuvieron el interés. Por no hablar de la excelente presentación que lucieron todos. ¡Qué seriedad e integridad! Y la mejor noticia: los tendidos lucieron un fantástico aspecto. Pese al mantra -y deseo- de los “taurinos”, el “torismo” resiste.

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Alejandro Martínez, prestigioso crítico taurino del influyente diario español El País

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