En Castellón… Pablo Aguado sumó dos orejas

Castellón. Viernes 25 de Marzo, 2022. Sexta de la Feria de La Magdalena. Cerca de media entrada con lluvia. Toros de Juan Pedro Domecq, justillos de presencia, mansos con docilidad y bondad franciscana en su movilidad. Cabe recordar que una cosa es defenderse para huir y otra es pelear frontalmente en el caballo y en la muleta como toro bravo. Alguno de los bovinos se defendieron pero al final acabaron “hermanados” en el peto.

Morante de la Puebla: Oreja y ovación.

Emilio de Justo: Silencio tras aviso y silencio.

Pablo Aguado: Dos orejas y silencio.

Detalles:

Morenito de Arles, lució con las banderillas en el quinto.

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La tarde, aunque lluviosa, permitía entre el sollozo de lo que puede ser la grandeza de la fiesta, abrigar las esperanzas de que saltara un toro bravo, pero no fue así, volvieron aparecer esos animalillos de embestida borreguna propios para esas faenas de las que llaman bonitas, pero que no consolidan nada relevante para la grandeza del arte del toreo.

Morante para variar, con un toro “obediente” estuvo a su aire, sin complicarse la vida. Un burel manso que al final hizo muy evidente ese defecto propio del encaste comercial Domecq; una faena cumplidora con sus habituales poses para “engolar” su toreo e impactar en los tendidos. Una entera y una oreja.

Su segundo acentuó la mansedumbre y ante eso poco pudo hacer. 

La faena de mayor relevancia aunque no se cortara orejas fue la de, Emilio de Justo, ante un toro con genio, violento que se iba al cuerpo de torero, y Emilio supo imponerse imponiendo el tiempo y la distancia por donde debería pasar el pésimo ejemplar. Una serie por naturales dijo mucho más que todo. Después de oficiar con la espada tres descabellos en medio del respetuoso silencio.

Con el quinto, dibujó bellas verónicas, cadenciosas en donde el ritmo le abrazó hasta conducirlo al soberbio recorte. El haber brindado al público se sintió que todo iba a mucho, pero el pésimo ejemplar su descastamiento le detuvo tras la segunda serie. Y sí, hubo voluntad inquebrantable pero de toro, nada.

Paco Aguado, es un torero al que han querido inventar con base en el encaste comercial Domecq, hace faenas “bonitas”, que no le llevan a la fatiga y se puede estar todo el tiempo que quiera pasándose a los torillos que tenga frente a él, como si fueran un bien domesticado perrito faldero. Nada más le aprieta alguien, le cambian de toros con un poco de casta, ni siquiera mucho; o fracasa, o lamentablemente, un error le lleva a la cornada.

Cortó dos orejas a su primero porque entusiasmó al público con un toreo pulcro, lleno de poses, pero carente de contenido. Con el capote se le escapó alguna buena verónica. Su faena dio inicio con pases por abajo, no domeñadores sino suaves, porque hubieran afectado el caminar de este franciscano animal.

Por ello, pudo dar series con ambas manos, en medio de la refrescante lluvia, que resultaron abundantes y llevando tan consentido al bondadoso torillo, con el fin de no atosigarlo sino aprovechando su dócil movilidad. Cómo extrañaron las buenas conciencias al toro bravo y encastado. Una estocada entera y le dieron esas dos orejas.

Con su segundo, bueno, hubo más lluvia, series correctas y muchas más poses, que no lograron concretar una faena que impactara.

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