En Ciudad Rodrigo… Pérez Pinto sigue vivo

Ciudad Rodrigo (Salamanca). Miércoles 2 de Marzo, 2022. Buena entrada en el coso taurino, en tarde nublada y fresca. Se lidiaron utreros de Montalvo, enclasado el primero y extraordinario el cuarto; difíciles y complicados segundo y tercero.

José Garrido: Una oreja.

Ginés Marín: Ovación tras aviso.

Alejandro Marcos: Ovación.

Pérez Pinto: Dos orejas y rabo.

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Los ‘cenizos’ fueron como un ‘pobre de mí’ que cantan los pamploneses al finalizar San Fermín. Lo fueron porque esta gran fiesta mirobrigense apagó su luz y ya han comenzado a descontarse las fechas para la nueva edición.

Y como eran cenizos –que también es una expresión para denominar cosas poco ortodoxas-, también hicieron fidelidad al dicho y los dos ‘montalvos’ que jugaron a ser cenizos fueron a manos de Ginés Marín y Alejandro Marcos, quienes se quedaron con la miel en los labios y las ganas de triunfar en ese coso de talanqueras que es una obra de arte y ya pide declaración de Bien de Interés de Cultural (BIC).

Sin embargo, si tuvieron dos flanes Garrido y, en mayor medida, el novillero Pinto, que tanto lo necesitaba, en este festival que en juego ganadero empató el bien y el mal.

Pérez Pinto, que es otro muchacho de la generación que ha dejado la pandemia atascado en la rodera del olvido, no le quedaba otra que jugársela a una carta y tener un poco de suerte con el novillo si aún piensa en metas altas como torero. Sus bendiciones debieron ser escuchadas, porque a sus manos fue el mejor novillo y él, además, fue un dechado de entrega y de corazón –que hasta alguna vez se dejó llevar por él-.

Recibió a su novillo de una larga para seguir lanceando con entusiasmo y facilidad. Cumplió en varas y con el sombrero en la mano, el novillero, brindó al público para comenzar con pases de castigo, doblándose por abajo y continuar sobre la diestra, acudiendo la res presta al cite y templando los muletazos con buen estilo el espigado muchacho, que después otras veces también estuvo en novillero.

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Porque había que dar un toque y decir que está aquí, vivo, dentro de una vibrante faena que enseguida llegó al tendido. El paisanaje le agradeció su buen hacer y él, con pausa, buscó el sitio de cuadrarlo para acabar de una estocada y cortar el rabo en medio del delirio popular. Y la felicidad de Pérez Pinto, que tantas veces soñó con este momento que da nuevos aires a su carrera torera.

Había abierto el festival José Garrido, que lanceó con clasicismo ganando terreno para rematar en los medios. Se dobló con él en el inicio de la faena de muleta y ahí el novillo canta sus virtudes, para torear después con ritmo y calidad sobre ambas manos en series finalizadas con remates enroscándose toda la muleta. Su labor fue de más a menos, quedando la sensación que pudo ser más importante y haber rematado mejor ante aquel torrente de embestidas.

Marín salió a recibir a su oponente y ya no se mostró a gusto, al cortarle el viaje con un molesto calamocheo un novillo que se defendió en la suerte de varas, después de marrar el picador-que además es el padre del matador- en el primer intento y después castigarlo con dureza. Comenzó Marín la faena de muleta citando con suavidad, y sin obligar al pegajoso ‘montalvo’, que pronto comenzó a defenderse, punteando al final del engaño y robando al joven torero sus ganas de agradar.

Después salió el otro ‘cenizo’, el peor, que fue a manos de Alejandro Marcos y no lo dejó estar en el saludo de capa, donde el diestro pudo dejar su marca con dos lances de su personalidad, aunque sin la necesaria continuidad para cuajarlo.

Marcos buscó el lucimiento en un inmediato quite por chicuelinas y ya fue definitivo para ver que el toro no iba a tener condición de temple y de  humillar, requiriendo una lidia antigua de poderle. Y así lo hizo Alejandro, con ayudados por alto a dos manos rubricados con un torero remate.

Tomó enseguida la pañosa sobre la diestra y se le venció hasta encunarlo. Intentó seguir ahí, pero se le quedaba a media muletazo para revolverse enseguida, al igual que por el izquierdo, donde tampoco se dejó, por lo que Alejandro decidió someterlo por abajo en pases de castigo y cuadrarlo para la suerte suprema, porque cuando antes se lo quitase del medio era lo mejor.

Finalizado el festejo sacaron en hombros a un feliz Pérez Pinto, mientras el Carnaval del Toro apagaba su luz y en el ambiente se vivía un particular ‘pobre de mí’, como el que cantan los pamploneses para despedir a San Fermín.

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@pacocanamero

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