En la Opinión de Pepe Mata… Se jubiló Ponce, era necesario

Enrique Ponce anunció a través de un comunicado –como les informamos oportunamente– en las redes sociales que se jubilaba. Lo pudo haber hecho del dominio público en el festejo de este martes 29 de Junio en Burgos tras torear, pero… prefirió irse por la puerta de atrás.

Hacía ya más de 15 años que la gente comenzó abandonarle en España y Francia, en donde había sido una figura sólida. Las entradas comenzaron a disminuir por la falta de verdad en la esencia de «su fiesta«, sí cuando justamente Ponce y los figurines que le acompañaban hacía acto de presencia.

Igualmente, el gran público comenzó a darse cuenta de la evidente carencia de competencia con otros toreros que sí enfrentaban todos los encastes de todas las ganaderías y, Enrique, sólo tenía como alternantes… amables acompañantes que no resultaban ninguna molestia para su tranquilidad.

¿Por qué no toreaban tantos toreros de suma valía con sólido futuro?

Esa era la pregunta que muchos se hicieron durante más de 30 años, sobretodo esos toreros injustamente marginados, quienes resultaban una molestia para el despropósito de la comodidad.

Ponce no lo quiso ver ni le importó reflexionar sobre el panorama que comenzaba a cambiar frente a él, insistió con esos bovinos dóciles, borregunos, con evidente sospecha de cornicure y la gente hizo lo que tenía que hacer… ¡irse

Evidentemente, Ponce, tenía un público cautivo, pero no suficiente para el gran espectáculo. El público ocasional que va a los festejos de relumbrón no acude a todas las citas, sólo a los de oropel y eso no es redituable para ninguna empresa.

Así, el de Chiva, fue desdeñando al gran público, a las maravillosas masas, que son las que en la realidad crean y hacen ídolos; pero también los derrumban por la execrable frivolidad cuando son hacedores de un espectáculo sin verdad ni contenido.

Y ahora, ahí está el resultado a la vista.

No quiso, Ponce, darse cuenta de que el público comenzó a exigirle que enfrentara al toro bravo y encastado, impecablemente presentado, y siguió haciendo esas faenas que llaman «bonitas» con un animaliito dúctil, obediente, que en nada se parecía a la verdad que concede el poder absoluto de la casta y la bravura.

En México, Ponce no fue figura, porque no hizo ninguna campaña en todo el país que le consolidara como tal. Fue uno de los toreros importantes, muy importantes -sobretodo por el apoyo de la empresa-de la Monumental México durante unos 5 años, pero…

… pero como todo en la vida se acaba si no existe el rigor de la honestidad; y de tanto ir el cántaro al agua, se acabó rompiendo por lo más frágil.

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Enrique Ponce y el pequeñajo mexicano

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Durante la época de los 90 en la Plaza México, el público le idolatraba porque no reflexionaba en el espejismo que les ofrecía el ver torear a Ponce a mini pequeñajos bobalicones con estridente sospecha de cornicure, lo que evidentemente no da grandeza al arte del toreo.

La prensa corrupta se había encargado durante muchos años de convencer que ese pequeñajo bobalicón y con mini cuernitos era el toro mexicano, y el noble público de México se lo había creído.

En este “paraíso” llegó Ponce y en lugar de hacer reflexionar de que esa no era la verdad del toreo, calló y no sólo siguió inmerso en esta mentira sino la defendió “… cuiden al gran toro mexicano que en España se lo están cargando”.

La diferencia era que en España le estaban exigiendo que dejara de sólo torear a las ganaderías comerciales, pero…

… no hizo caso.

Yo mismo lo escribí en mis crónicas del diario Novedades, que están en las hemerotecas, sobre este penoso asunto, así como la falta de verdad en la Monumental México, porque para entonces ya también cubría la Feria de San Isidro.

Por aquella época y sobre todo ya en el naciente nuevo milenio, el licenciado Julio Téllez y yo en su programa Toros y Toreros de Canal Once (que le fue arrebatado de forma inadmisible y reprobable), transmitimos sistemáticamente las ferias de España, y la gente en México comenzó a descubrir en la mayor proporción que ofrece la televisión abierta, la diferencia entre el toro de Madrid y el escuálido pequeñajo con escandalosa sospecha de cornicure de La México.

El gran público del mayor coso del mundo también comenzó a voltearle la espalda a Ponce, incluso llegó en una tarde a devolverle tres toros de un mismo turno, pero no quiso entender, es más declaró absurdamente “… no entiendo por qué el público protestó y me devolvieron tantos toros si he toreado hasta más chicos”.

Pocos años atrás, en 2017, quiso hacer alguna campaña en México, pero le resultó fallida, incluso le echaron del Nuevo Progreso de Guadalajara por los excesos en la falta de la sólida verdad.

¿Enrique Ponce un torero poderoso?

No lo sé.

Entiendo que un torero poderoso es quien enfrenta con firmeza y poderío al toro bravo y encastado, convirtiéndose en un héroe por la hazaña y tras dominarlo se transfigura en artista para crear auténticas obras de arte.

Si frente al torero se halla algo que se parece a una linda “ovejita campirana” o un «asustadillo borreguillo” lo único que hace es “juguetear” con el animalito que tiene frente a él, y por supuesto, también «juguetea» con la buena fe del público.

¿Un artista?

El arte presupone verdad…

El arte presupone verdad, no admite nada que vaya en contra de la esencia de las bellas artes.

Si en el arte del toreo el requisito indispensable para que exista esa verdad está en enfrentar al toro bravo y encastado, íntegro, no encuentro al artista por ninguna parte.

Se ha jubilado, Enrique Ponce, qué bien para la Fiesta y para muchos toreros postergados que ahora comenzarán a torear mucho más y darán luz y grandeza al arte del toreo.

¡Qué dirá aquel jovencito Pedrito de Portugal!

Si aquel talentoso torero portugués quien en los 90 era curiosamente apoderado por, Victoriano Valencia, nada más y nada menos que el suegro de Enrique Ponce.

Aquel Pedrito que iba en luminoso ascenso por sus sólidos argumentos y que un día inesperadamente… le fueron detenidas y aplastadas todas sus ilusiones.

¡Sí!, le fue arrebatado su porvenir dejando sospechosamente de aparecer en todos los carteles.

No lo sé y me da mucha tristeza el recordar tan penosa etapa; como me abruma releer las líneas escritas por Néstor García en su libro Mañana seré libre en donde se narra cómo el reprobable sistema impuesto por los figurines deshace toreros.

En medio de todo esto, lo que se comienza a rescatar es que el porvenir se les abre a toreros buenos como, Juan Ortega, quien ha pasado a torear en Soria en un cartel impecable y luminoso para alternar con Diego Urdiales y Emilio de Justo, y así -es lo deseable- se comenzarán a ver más carteles en donde aparezcan:

El toro auténtico para los toreros de verdad.

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Juan Ortega

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¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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@PERIODISTAURINO 

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