En Bogotá… El festival del trallazo y las banderillas a toro pasado

Se celebró la segunda corrida de la temporada taurina de Bogotá. Un tercio de entrada en una tarde de aguacero fuerte a partir del cuarto toro. Se lidiaron toros de El Manzanal desiguales de presentación y de juego destacando sobre manera el segundo.

Sebastián Vargas: Silencio y silencio

Manuel Escribano: Silencio y vuelta al ruedo tras aviso

Jesús Enrique Colombo: Pitos y vuelta al ruedo

Detalles:

Buena vara de Luis Viloria en el tercero

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El cartel era más que flojo, desde que se anunció se sabía, cartel de feria de provincia y no de la categoría de la Santamaría, pero imagino que se quería reverdecer la corrida de banderilleros que tanta fama tuvo en los ochentas y que tanto impulso e ilusión dio a novilleros y toreros colombianos para iniciar y perfilar sus carreras.

Pero la lista de buenos toreros banderilleros hoy en día es demasiado escasa y por lo visto hoy ni siquiera podemos hablar de buenos rehileteros.

Lo que vimos en la Santamaría ha sido un festival vulgar y sin sentido del tercio de banderillas, prácticamente ningún par para destacar de verdad, clavando todos a toro pasado en la que se supone es la suerte que dominan los tres matadores que estuvieron en la plaza bogotana.

Vulgaridad y ramplonería para dar y convidar. Ni siquiera los pares al violín resultaron destacados, alguno de Vargas quedó casi en la pata delantera. Tan solo se salva de la quema un par de poder a poder de Sebastián Vargas en el cuarto de la tarde.

Y si con las banderillas el balance fue pobrísimo ni que decir con la muleta, ni un solo muletazo digno de ninguno, un concierto de pico y destoreo para aburrir a cualquiera. Trallazos, mala colocación, toreo fuera de cacho, desplazando a todos los toros para afuera, trapazos sin sentido. Horrible.

También imagino que la confección del cartel tenía que ver con que eran tres toreros que no pondrían reparos por torear lo de El Manzanal, ganadería no habitual en las temporadas colombianas y que podría tener supuestas complicaciones en su lidia.

Pues el atractivo oculto para los aficionados era precisamente ese, ver que tenían los toros de El Manzanal y ha sido interesante ver los productos de una ganadería que era toda una incógnita en plazas de primera. Muy variable en su juego resultó la corrida pero no por eso para dejar de destacar cosas importantes.

Una corrida bien jovencita a excepción del cuajado y hondo primero, casi todos de diciembre del 2015 según lo anunciaban los carteles, uno de enero del 16, ósea con los cuatro años recién recién cumpliditos. El sexto se vio más anovillado que el resto. El primero, todo un señor de cinco años, con muchas cosas por resolver pero lidiable.

La corrida tuvo un comportamiento aceptable en el caballo, a excepción del quinto que salió de najas, pero el resto se encelaban con el jamelgo y produjeron varios tumbos.

El tercero resultó muy manso y se rajó al segundo muletazo, el cuarto tenía poquita fuerza pero pasaba, tenía movilidad y repetía, el quinto humilló y también repetía de manera interesante aunque se quisiera ir de a poco a las tablas, el sexto insinuaba embestir con alegría pero se paraba completamente al segundo pase.

Y salió un toro interesantísimo para destacar por encima de todos, el segundo, que tenía pólvora en sus pezuñas, tenía un motor con TNT en el depósito y le vino anchísimo a Sebastián Vargas que entró en esta temporada pienso yo que por su carácter de torero banderillero porque ya está de vuelta en esto y ese espacio debería haber sido para un torero nacional con más posibilidades. Libardo, Ramsés, Cáqueza, cualquier otro de los jóvenes.

Precisamente a Sebastián Vargas le salió el mejor lote de la corrida y no lo aprovechó así algunos corearan los trallazos con los que aburrió a sus oponentes. A ese segundo le inicio por bajo dándose cuenta de  inmediato de la potencia que tenía el castaño, lo que se ratificó en la primera tanda en la que lo pasó con afugias.

En una tandita con la derecha pareció cogerle el tranco al codicioso de Cediel, pero fue solo una quimera, la faena no cuajó, la música no sonó – bien la presidencia – el destoreo no la merecía, al natural más pico y menos ajuste, en el tercio apareció alguna luz de algo  pero no duró nada.

El toro estuvo muy por encima del torero, el público entendido así lo vio y así lo vociferó. Una estocada entera fue suficiente para acabar con un muy buen toro que se fue con las orejas puestas.

En el cuarto, que peleó bravuconamente en el caballo con la cara muy alta y de poca fuerza, tampoco encontró el rumbo, muchos muletazos y ninguno con ajuste, abusando del pico de nuevo. Casi toda la faena fue así, se podría llegar a rescatar la segunda tanda que fue decentica entre el mar de trapazos.

También se salvan en algo los pases de pecho. Pero era un torito para sacarle mucho más. Por eso tampoco sonó la música. Estocada entera habilidosa y un descabello fueron suficientes para finiquitar al toro. Que también se había ido con las orejas por cortar a pesar de la lluvia.

Manuel Escribano, más de lo mismo que el cucuteño, toreando a mucha distancia, a control remoto dirigido con el pico pasó a su segundo toro aunque la gente le agradeció su voluntad en el mansísimo tercero por ir a pasarle en chiqueros y en ese quinto cuando la lluvia enlagunó el ruedo.

Lo más destacable del de Gerena fueron las verónicas de recibo al quinto y la emoción que llegó a los tendidos con los cambiados de su inicio de muleta, luego vino la vulgaridad en todos sus muletazos, todos desplazando al toro, todos a mucha distancia del de El Manzanal, todos ausentes de mando, tanto que el toro estaba entero cuando lo quiso matar y como no lo había toreado ni lo había mandado pues demoró una eternidad en poderlo colocar para su muerte. Falló a espadas, con un bajonazo terrible, y dio una vuelta al ruedo por reconocerle su voluntad bajo la lluvia.

Jesús Enrique Colombo se encontró con un toro que era toda una máquina de escribir, y me explico, ahora que se habla de teclas que hay que saber tocar, pues este de El Manzanal tenía todo un tablero por descifrar y el confirmante no supo por donde meterle mano, nunca se confió, nunca dejó quietos los pies y no pudo ni siquiera plantear una faena, tiró por la calle de en medio como si fuera una figura con toda la temporada hecha, el público se lo reprochó. Golletazo infame, pitos, desconcierto en su cara pues tampoco supo cómo procesar el descontento del respetable.

En el sexto inició de rodillas como pidiendo perdón por su irrespetuosa actuación en el primero, el toro se venía alegre en el primer muletazo pero ya en el segundo bajaba la marcha completamente y no pasaba.

Inexplicable petición por una faena que no lo fue por la condición anotada del toro, en la que la gente quería aplaudir más para sacarse el frio del cuerpo que por lo que pasaba en el ruedo y quizás por la estocada sin muleta que no venía a cuento pero que resultó lograda.

La nueva presidencia mostró su seriedad al no atender una petición insulsa y sin sentido en el sexto toro  y al no otorgar la música a las faenas de Vargas cuando el destoreo inundaba también el ruedo capitalino, ojalá siga así cuando lleguen los Ponces y los Roca Rey.

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