En San Cristóbal… Oreja repartidas para Almeida y Calderón ante nobles utreros de Los Aranguez

San Cristóbal, Venezuela. Plaza de Toros Monumental de Pueblo Nuevo. Jueves 30 de enero de 2020. Con poco menos de un cuarto de plaza (aproximadamente 2000 personas) en tarde soleada y con ligeras ráfagas de viento, se lidiaron utreros de Los Aranguez (Hermanos Riera Herrera), en su conjunto correctamente presentados, nobles en distinto grados, destacando los corridos en 4º y 6º; 1º y 2º soso y descastados, 3º y 5º no desentonaron del lote destacado.

Juan Francisco Almeida: Silencio tras dos avisos y oreja.

Yonathan Ortega: Vuelta al ruedo tras aviso y silencio tras dos avisos.

Samuel Calderón: Oreja y palmas tras dos avisos.

Detalles:

Destacaron en la brega Antonio Campana, y en banderillas Francisco Chico Paredes y Ramón Contreras.

En la vara extraordinario puyazo del varilarguero peruano Guillermo Yacorey.

Dos horas y 25 minutos duración de festejo.

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Se aperturó la feria con la lidia de un excelente lote de novillos de Los Aranguez, que sí bien no les cortaron más orejas fue por culpa de la espada. O en su defecto de la capacidad de sus respectivos lidiadores.

No se fueron de vacío y dejaron buen ambiente los coletas foráneos, el ecuatoriano Juan Francisco Almeida y el peruano Samuel Calderón, quienes cortaron una oreja cada uno, este último con la posibilidad de haber salido en hombros de no haber marrado estrepitosamente su labor ante el que cerró plaza.

Por su parte el coleta local Yonathan Ortega dejaría preocupante semblante, ante sus falencias a lo largo de sus labores, ligeras de piernas, ayunas de ideas resolutivas, a tal punto de por poco ver como se le iba a los corrales su segundo ejemplar, donde pasó apuros.

Tarde soleada, picante el astro rey, abriendo plaza el espada quiteño Almeida, quien saludó con larga cambiada en el tercio, en solvente manejo con el percal. Medido seria el castigo en varas, para de nuevo por faroles adornarse en el quite.

Luego con la muleta, intermitentes serían los momentos de lucimiento, pues el astado venciéndosele por el pitón derecho le avisaría en varias ocasiones de sus arteras intenciones, que se unieron a siempre ir con la cara por las nubes. Poco menos se le vio por la zurda, necesitando de reiterados viajes con el acero y el descabello para despacharle a las mulillas.

Mejor se le vio con el que hizo cuarto, un serio dije, al que saludó con garbosas verónicas rematadas con media de cartel en el centro del redondel. Nuevamente el puyazo trasero del piquero no impidió a que el noble ejemplar se viniera arriba en banderillas y muleta, ofreciendo el coleta quiteño series templadas, tal vez con el elemento de adolecer un poco de mando y toques sutiles para hacerlas rebozar, a tal punto de ser volteado aparatosamente saliendo grogui del trance.

Similar fueron el par de series por la zurda, donde el astado no le perdonaría los elementos antes señalados. Las ajustadas bernardinas en tablas cerraron una labor que no perdió interés en el tendido, para de espadazo entero, delantero y contrario, cortar una oreja.

Un poco embarullado fue el recibo del limeño Calderón ante el tercero, noble astado en especial por el pitón derecho donde en la muleta el menudo torero, estudiante de la carrera de Medicina, supo entender, llevar y sacar partido la nobleza que traía el pupilo de Los Aranguez. El espadazo en todo lo alto dio pie a la petición de los presentes para cortar el apéndice que inauguraba saldo artístico.

Con el que cerró plaza, pecharía nuevamente con un nobilísimo burel, el más serio del envío que había sido picado de forma preciso por su varilarguero de confianza, en toda la yema. Nuevamente la variedad con la muleta fue elemento para un trasteo que tuvo momentos de gran eco en el tendido en especial por la diestra. Una pena que el estrepitoso uso del estoque emborronó lo que bien pudo ser su opción para abrir la Puerta Grande.

Opaca y muy dubitativa fue la actuación del espada local Ortega, quien en su primero del lote tendría los momentos de más mérito, que no del todo hicieron justicia a las potables embestidas de su antagonista. Con su segundo, no le vería resquicio a las embestidas más complejas del morlaco enfrente, luciendo ligero de piernas, sin estructura de faena definida, lo que a la postre le hizo pasar trago amargo a la hora de la suerte suprema.

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@rubenvillafraz  

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Fotos: Federico Montes