En la Monumental México… Triunfa Joselito Adame y fracasa Pablo Aguado

Monumental Plaza de Toros México. Domingo 01 de Diciembre 2019. Quinta corrida de la Temporada Grande. Cerca de media plaza, unas 18 mil personas. Se lidiaron dos toros de Jaral de Peñas que hicieron cuarto y octavo, sobretodo el cuarto resultó encastado y mereció los honores del arrastre lento; seis de Reyes Huerta, anovillados, el segundo resultó una auténtica vergüenza por su abecerrada presencia, incluso chincolo (sin rabo), en su conjunto fueron mansos y descastados. El enloquecido juez de plaza decidió dar arrastre lento al séptimo que fue manso, dobló contrario en varias ocasiones, ha sido reservón y no peleó en caballos. Hubo tres derribos accidentales, consecuencia de la invalidez manifiesta de los jamelgos de la cuadra de picar, se estrellaban los astados y aventaban violentas cornadas de manso para deshacer el castigo y caían en la arena los caballitos como lirios desmayados.

Enrique Ponce: Silencio en ambos.

Fabián Barba: Silencio y silencio.

Joselito Adame: Oreja protestada y dos orejas.

Pablo Aguado: Bronca tras aviso y pitos.

Detalles:

El sevillano Pablo Aguado confirmó la alternativa con Un Caballero, número 327 de la ganadería de Reyes Huerta.

Tras el despeje de cuadrillas se tributó un minuto de aplausos en recuerdo de los recientemente fallecidos ganaderos Enrique Chávez Ponce de León, Jorge Lascurain y del matador Alfonso Lomelí.

La Porra Libre le entregó el Trofeo Manolo Martinez a Enrique Ponce, como triunfador de la Temporada Grande 2018-2019.

¡Pifias!

La Comisión Taurina de la Ciudad de México que preside, Vicente Bandín, sigue complaciente ante las pifias del buenazo de Jorjazo, a quien ya deben retirarlo del biombo de la autoridad. Tres de los cuatro toros de Reyes Huerta han estado anovillados, pero el segundo resultó impresentable.

Nada más llega un figurín y como borregos bajan la cerviz.

Y qué decir, en el octavo del larguísimo festejo, con relación al tercer par de banderillas que se cayó en la arena y apenas pudo enviar un sutil aviso para que se volviera a poner; pero Pablo Aguado le ordenó al buenazo de Jorjazo, que cambiara el tercio, y volvió a bajar la cerviz Jorjazo, acatando las “órdenes” sevillanas, en lugar de hacer valer el marco legal.

La cuadra de pica de inválidos jamelgos, puede darles un gran susto si no ponen ya remedio.

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La mentira y el engaño tiene fecha de caducidad, al final todo se descubre, y al mismo tiempo la confianza muere para siempre”: Walter Riso

Esta frase venía deambulando insistente por mi mente, cuando veía el desastroso fracaso de, Pablo Aguado, en la Monumental Plaza de Toros México.

Era de esperarse para quienes siempre estuvimos conscientes de que cierta prensa corrupta y algunos más, intentaron adelantarlo de su nivel; si bien hizo dos faenas bonitas en Sevilla, se le magnificaron sin sustento.

Así comenzó su caminar y la realidad mostraba que no había ningún adelanto en Pablo. Y no sólo se desdibujaba, sino que hasta el hospital tuvo que visitar por falta de argumento.

En medio de todo esto, se tuvo la osadía de presentarlo en América, así cruzó el charco, fue a Lima y vino a México, y en su caminar por estas tierras americanas, el fracaso comenzó a ser su carta de presentación.

El engaño del que había sido objeto él mismo, y algunos aficionados que llegaron a creer en él, había mostrado su fecha de caducidad y enseñaba a un…

… Pablo Aguado, que aprendió hacer faenas bonitas a bobitoros, sin embargo, cuando esto se alteraba, y aparecían toros complicados, no sabe qué hacer.

Así de simple…

… no sabe qué hacer.

El toreo no son poses bonitas con bobitoros o pequeñajos, el arte del toreo va más allá de un mero anécdota, como suponen muchos jóvenes.

Así llegó el señor Aguado, al mayor coso del mundo y naufragó por sus evidentes temores, el desconcierto manifiesto y la estentórea confusión.

Tuvo un primer pequeñajo, con el que confirmó su alternativa, que procedió de la ganadería de Reyes Huerta, de nombre Un Caballero, al que tenía que poderle, imponerse pero eso, nunca pudo ser.

De inicio con el capote, dejó unos lances a la verónica, varios estropeados que no dijeron mucho, porque faltó cadencia, pasión y entrega.

Tras un tercio de varas que dijo tan poco, que ya parece un trámite, le confirmó su alternativa, Enrique Ponce.

Se fue a brindar al público, y comenzó aparecer la impotencia de no poder dominar al toro. Tenía que atacarlo, pero le falta poder, aguante y técnica, para superar ese reto.

Así aparecieron insípidas series con la derecha, en las que fue alcanzada su muleta, y en medio del aburrimiento, le gritaron desde la Porra Libre:

¡Y esta es la nueva figura de España!”.

En la realidad nunca se consolidó como tal, eso fue el intento de un puñado de prensa al servicio de los malsanos intereses que apoyaron a ciertos taurinos para intentar crear a un torero en donde todavía no lo hay, y lo que han conseguido es la suma de fracasos en América.

Fatal ha estado con los aceros, un pinchazo, otro espadazo con el que hace guardia al astado y luego seis intentos de descabellos hasta el séptimo concretó. Fue abroncado.

Con su segundo, el que cerró el festejo de nombre Agua Limpia, el señor Aguado, estuvo todavía más fuera de sus cabales. Carente de seguridad, sin ningún plan, a la deriva total, con un pánico que se le observaba desde Júpiter.

Daba pena en la realidad ver el fracaso de un joven que había sido adelantado sin que existiera un sustento.

Justo en este toro, hubo el desorden en banderillas quedando sólo dos pares, el nada útil del buenazo de Jorjazo, mandó un aviso tenue que no fue escuchado…

… al que si acabó obedeciendo de hinojos Jorjazo fue a Pablo, quien le indicó que cambiara de tercio.

No hubo faena, no porque resultara imposible poder conquistar esa odisea, sino porque, Pablo Aguado, estuvo imposibilitado de concretarla, al mostrar una técnica incipiente, falta de mando, nulo aguante y carencia de todo.

Navegó en la mar de la mediocridad, y después de media estocada trasera…

… todo acabaría en el repruebo generalizado.

En contraposición estuvo el triunfo de, Joselito Adame, quien cortaría tres orejas por dos faenas totalmente diferentes.

Con su primero, cuarto del festejo, un toro de Jaral  de Peñas de nombre Canónigo, le saludó con rápidillas verónicas que mostraban el nerviosismo que habitaba en José.

Tras verificarse la suerte de varas, en donde el toro simplemente cumplió, apareció un quite tan rápido como el andar de un correcaminos recortado con una revolera carente de calidad.

El toro encastado se fue a más, y había que poderle, José lo sometió y se lo pasó con ambas manos, lo que no pudo consumar, fue atemperar la embestida.

El toro acudía con prontitud y a gran velocidad, la muleta de José iba igual, a velocidad de vértigo para que no la alcanzara el torazo.

Dejó estocada defectuosa y un descabello, que fue suficiente para que claudicara el encastado ejemplar de Jaral de Peñas.

Correctamente se ordenó el arrastre lento, pero la oreja que dio raudo y veloz el buenazo de Jorjazo, fue protestada desde la entrega hasta que terminó la vuelta al redondel Joselito Adame.

El séptimo del festejo ha sido de Reyes Huerta de nombre Arrebato, un manso complicado al que recibió con una larga cambiada José, para incorporado dejar movidillos lances a la verónica.

El astado chocó con el debilucho jamelgo que de inmediato con el bufar del toro cayó desmayado en la arena.

La faena no tuvo desperdicio, a diferencia de la primera, esta resultó templada y medida, obligando al toro a acudir de acuerdo a su mandato. Atacó José al ejemplar, y así consiguió dar inicio con pases por alto, para inmediatamente sumar faena importante que convenció al cónclave por los trazos largos y rítmicos que se consumaron con ambas manos.

Si bien el toro intentó en algunos momentos rajarse, ahí estaba la muleta de José, que se adelantó a las mansescas intensiones, aunque lo que sí…

… lo que sí hizo el bovino, fue doblar contrario en varias ocasiones, al margen de rascar la arena entre cada serie.

Dejó un espadazo entero al encuentro, que no fue suficiente, así que hizo uso del descabello y el toro claudicó.

La gente en su mayoría pidió las dos orejas y así lució con ellas la satisfacción en su paso triunfal por el redondel; mientras, el buenazo de Jorjazo regaló inadmisible arrastre lento al toro, homenajeando así a la mansedumbre.

Los demás

Estuvo, Enrique Ponce, y resultó la auténtica vergüenza verle torear con un minipequeñajo que hizo segundo, sin cola…

… sí, sí, sí, sin cola.

Esto no lo hubiera impuesto el señorito Ponce en Madrid, porque ahí, en Las Ventas, lo hubieran echado con todo y animalito a la calle.

Hacía viento, es verdad, así que sólo apareció una serie correcta del toreo amanerado del que hace gala el señor Ponce, con la ‘finura’ de una grácil bailarina en medio del Lago de los Cisnes.

Cuando los toreros tienen que ser héroes.

Como el viento arreció y desarmó al señorito Ponce, decidió cortar por lo sano.

No quiso llevarse al hilo de las tablas al pequeñajo, porque ahí, evidentemente su poco aguante habría hecho magno esfuerzo y las cosas a estas alturas del partido que ya rebasaron las cinco décadas no están para eso.

Si antes no expuso no lo va hacer ahora.

Un pinchazo, medio espadazo trasero, y a regresar al callejón en medio del silencio.

Con su segundo, ahí si no quiso saber nada de nada. Había que imponerse, mandar y aguantar, pero…

… pero no quiso o no pudo, y abrevió.

Fatal con el acero, y parece que es mejor que regrese el señorito Ponce a Valencia, a Chiva, a descansar de las fatigas, porque ya no está para estos ajetreos.

De, Fabián Barba, mucha entrega, mucha voluntad, pero nada que dejara algo para el recuerdo.

Al final, veíamos con repruebo, como la gente sigue aventando los cojines al ruedo, y cuando no llegan a la arena, golpean a la gente, muchas son personas de la tercera edad que no pueden evadirlos por falta de agilidad; ojalá y se entre en reflexión, porque vimos como un padre animaba a su hijo a que lo hiciera y, eso, está fatal.

Un festejo kilométrico, en medio del triunfo de Joselito Adame, fracasó Pablo Aguado, y quedaron para el olvido, Enrique Ponce y Fabián Barba.

No hay más que decir.

¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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