En Guadalajara… Saldívar salva la tarde al realizar lo más torero

Tarde soleada y sin viento que invitaba al toro sin embargo apenas un cuarto de entrada en los tendidos en la última de las corridas del 2019 en la Nuevo Progreso de Guadalajara, se lidió un encierro bien presentado de Xajay, todos aplaudidos al salir de chiqueros, pero vacíos de casta, con juego desigual, desde el soso deslucido hasta el manso con genio y desde el descastado con nobleza hasta el manso sin pase alguno. “Sin toro bravo no hay Fiesta”.

Ernesto Javier Calita: Silencio y tres avisos entre tremenda bronca.

Arturo Saldívar: Ovación en el tercio y oreja.

Ginés Marín: Silencio y pitos.

Detalles:

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del matador Alfonso Lomelí  recientemente fallecido.

El picador Eduardo Rivera fue ovacionado al picar el cuarto de la tarde.

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Vuelvo a hacer el comentario que la Fiesta de Toros no puede sostenerse si no vuelve al ruedo el principal actor que es el auténtico Toro Bravo, es triste ver como ganaderías como Xajay que otrora fuera de las que representaban la auténtica cabaña brava en México se les ha ido la bravura como agua en las manos.

Da tristeza ver como el tercio de varas se ha convertido en un remedo de castigo, ya que se tienen que mandar materialmente al relance a los toros para que lleguen al caballo y ya prendidos cerrarles la salida para “poderlos” castigar entre la rechifla de los asistentes.

El desconocimiento de esta suerte va en aumento y lo pudimos ver como los asistentes esta tarde confundieron el genio malo de la mansedumbre con la bravura precisamente en el cuarto de la tarde, que sin demeritar la buena vara y como lo aguantó Eduardo Rivera, el toro tiraba cabezazos a diestra y siniestra con la cabeza alta queriéndose quitar la vara.

Arturo Saldívar salvó la tarde al cortarle una oreja al 5º de la tarde después de estarlo sobando y enseñando con inteligencia, metiéndolo en su poderosa muleta para hacer que esas embestidas descompuestas de cabeza alta se domeñaran y embistiera con cabeza baja al ritmo que Arturo le marcó y lograr estructurar una faena derechista de pases largos y templados entre los Olés fuertes, cerro con una serie de dosantinas lentas y templadas entre la algarabía para dejar media estocada en muy buen sitio y cortar una merecida oreja.

Con el segundo de la tarde un toro de escasas fuerzas y sin transmisión logró torearlo a la verónica a pies juntos para rematar con revolera entre los Oles.
Con la muleta se topó con un deslucido de embestidas descompuestas pero Saldívar a base de insistir logra sacarle una serie de derechazos a media altura que le son jaleados, mata de entera y descabello y sale al tercio a recibir ovación.

A Ginés Marín le tocó el peor lote, vacíos de casta con los que poco o nada le pudimos ver, pasó por Guadalajara sin dejar huella y es que ante la mansedumbre y descastamiento es imposible realizar algo bueno por pequeño que sea, Ginés requiere de un toro encastado y esta tarde no lo tuvo enfrente. Anduvo con mala puntería con los aceros y así se retiró en silencio en el tercero y salió abucheado en el sexto.

Y qué decir de Ernesto Javier Calita, naufragó esta tarde en Guadalajara, desde el primero de la tarde se le vio desconfiado, abusando del pico de la muleta y toreando a prudente distancia, nunca acabó de impactar lo hecho por Ernesto en los tendidos y lo peor a la hora de la suerte suprema la realiza sin creer en él dudando y saliéndose de la suerte con el consecuente resultado picoteando aquí y haya entre el descontento del público, se retira en silencio.

Lo peor vendría con el 4º de la tarde, un manso con genio que puso de cabeza a Calita y que confundió al público que pensó que era un buen toro y presionó a Ernesto durante todo su intento de torear a un manso que no tenía lado y sí mucho peligro, terminando por perderse con los aceros y recibir los tres avisos y llevarse tremenda bronca.

Recuerdo que en una ocasión coincidimos Ernesto Javier Calita y un servidor en la ganadería de San Constantino en una tienta, a Calita le salió un toro manso complicado con mucho genio y Ernesto no supo lidiarlo y pidió al ganadero no matarlo.

Ya en la comida me acerque a Calita y le hice el comentario que si yo hubiese sido el ganadero lo habría obligado a lidiar y matar al toro y que había dejado perder la oportunidad de aprender a enfrentar a un toro de esas características y haber entrado a matar, que si hubiera entrado a matar varias veces nadie le hubiera reclamado y si hubiera aprendido como entrarle a un toro difícil como ese.

Ahora que lo vi sin herramientas de donde echar mano reflexiono cuantas oportunidades de aprender ha perdido Calita que lo ha llevado a estos fracasos.

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