Crónicas

En Juriquilla… Ventura inicia temporada americana en hombros

Juriquilla, Querétaro. Viernes 1 de Noviembre 2019. Más de dos tercios de entrada en noche larga, sin viento. Toros de Fernando de la Mora de desigual presentación y juego, mansos, descastados; destacándose el lidiado en 4º sitio, por su docilidad, que recibió arrastre lento.

El rejoneador Jorge Hernández Gárate: Silencio y oreja.

Luis David Adame: Oreja y silencio.

Pablo Aguado: Palmas y oreja.

El rejoneador Diego Ventura: Dos orejas y oreja.

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En una noche de buen ambiente en Provincia Juriquilla, patrocinada por la empresa que, fiel a su costumbre y amén de la corrida, ofreció un Pabellón Gastronómico con música en vivo y comida a saciar para los asistentes, se lidió una sospechosa por desigual en presencia y juego, corrida de Fernando de la Mora.

Eran las 19:30 horas y un gran número de aficionados se arremolinaban cerca de los caballos de Diego Ventura y Jorge Hernández Gárate en la rampa de acceso a la plaza bajía. Se respiraba expectación y una atmósfera de fiesta.

En el patio de cuadrillas había una tensa espera con un Luis David Adame amarrado al piso con aserrín, enfundado en un vino de burdeos y oro, quien compareció por vez primera en este coso, y un Pablo Aguado, de perla y oro, ameno, quien cambiaba de sitio con bastante frecuencia, atendiendo y saludando a muchos de los ahí citados, como apertura de su presentación en México.

Fue poco después de las 20:00 hrs. en que Diego Ventura cruzó el umbral de la puerta y, habiéndose ubicado para la fotografía, jaló el cordel negro que develaría su pintura en la bóveda del Patio de Cuadrillas, que ahora acompaña a otros triunfadores de esta plaza.

Partido el anillo del redondel, correspondió el turno a Jorge Hernández Gárate que lidió a un aburrido, descastado y bobalicón ejemplar de nombre Potosino.

No solo por la falta de toro, si no por la casi nula transmisión del caballista con el público, la noche comenzaría fría, yéndose inédito y en silencio a esperar el segundo turno.

Ya con la lidia de su segundo enemigo, un jabonero hermoso, Hernández Gárate anduvo bien, toreando como se debe pero sin calar en los tendidos. ¿Cómo hacerlo si recién habíamos vivido a un genio del espectáculo del rejoneo como es Ventura?

Pero no se dejaría ganar las palmas y Jorge estuvo intentando, no rindiéndose y buscando en todo momento la conexión con la afición. Lució las suertes habituales con gran fuerza, particularmente unas banderillas al violín, pasadas por dentro.  Pasaportó con un rejón de muerte trasero que sin embargo le sumó su única oreja de la noche.

Correspondió en suerte a Luis David Adame, Muñeco, un toro débil y sin transmisión al que hizo pasar por la espalda y lograr apenas un par de tandas, la de izquierda de mejor factura, en un toreo lejano y frío.

Rubricó de estocada recibiendo en buen sitio y convenciendo con ese trámite al público quien le otorgó una oreja, más por el espadazo que por lo realizado frente a la cara del burel.

El segundo en el lote de Luis David se llamó Pelea d´ Gallos, toro al que no supo entender. Primero, un bicho, el más feo de presencia y tipo de todo el encierro, bobo, parado, sin clase; segundo, un toreo encimista, sobre de él sin darle aire, sin darle respiro, sin darle sitio, sin darle salvo uno que otro muletazo.

Con los haceros, cumplió hasta el tercer viaje, mentiéndole un espadazo cruzado que reventó la axila del ejemplar, y terminó por romperle el cerviguillo con la cruzeta  de la espada corta, luego de la mala ejecución de la más suprema de las suertes. Se fue en silencio, no haciendo para él, los pitos que sí fueron para el toro.

Saltó a la arena Hortelano, un toro pesado de 550 kilos al que le estuvo Pablo Aguado con voluntad, tratando de descifrar el enigma frente a él, logrado un toreo que empezó a desgranar elegancia y porte. Sin embargo el astado no se movió, se fue quedando quito hasta aburrirse ante la desesperación del sevillano. Mató de estocada tendida y ligeramente caída para recoger las palmas del respetable.

Vino Pablo Aguado a cerrar su actuación con una faena que inició por saludos capoteros a la verónica y una media de remate que detuvo el tiempo. Fue muy larga, sentida, cargando la suerte, indiscutible broche de una tanda de movimientos justos y muñecas soberbias. Se cocinaba algo bueno.

Ya con la tela roja, el sevillano toreó a Gorra Prieta con tersura y una suavidad que se amalgaman muy bien con el toro mexicano. Un temple cuidadoso y la meticulosidad de unas muñecas poderosas y unas yemas de dedos de proverbio, que fueron metiendo al toro en la línea del toreo natural, relajado y de clase.

Ante este toro repetidor, Pablo Aguado anduvo en plan torero, caminándole y hablándoles con tanta donosura, que el tendido se volcó con él. Se hizo con la voz, el reconocimiento de reinvindicación de un toreo sn filigranas bagatelas o tremendismos que vemos en otros toreros y que esta noche hicieron a más de uno levantarse de su asiento.

Fue una faena poderosa, de arte, de clase y de pases que se quedarán en la memoria por la economía de movimientos; de la ausencia de adornos; una faena de un torero que parece que está más relajado toreando, que andando por el mundo.

Al final, cuando el caldo parecía estar para albóndigas, la falla con los metales le arrebató de las manos una segunda oreja para iniciar su temporada con el encabezado de haber salido a hombros. Solo se le concedió un apéndice, justo e indiscutible.

El 4º toro de la función rescataría la vista de los aficionados que ya estaba dispersa, para devolverla al centro del ruedo. Diego Ventura le brindó a Guillermo Hermoso de Mendoza y acto seguido, metió la grupa de su equino en la puerta de toriles y recibió a su enemigo a porta gayola, haciendo un verdadero espectáculo del bien torear a caballo, dejando dos rejones de castigo muy bien colocados y destinarse a torear con temple, certeza y apetito de triunfo, exponiendo a los caballos pero dejando siempre la impresión del control absoluto sobre las cabalgaduras.

Un par de banderillas sin freno en el caballo y a dos manos por parte del centauro, le robaron un estentóreo olé a la audiencia, por su destacada ejecución y el lucimiento del entrenamiento a la alta escuela.

Bisnieto mostró fuerza, codicia y un ímpetu por embestir, que ojalá alguno de sus hermanos le hubiera heredado. Y al cierre de la faena, siguió con el rabo alegre en vilo y los músculos apretados para adelante al embestir, siempre fijo en el caballo.

Ventura abrochó con certeza en la muerte de este ejemplar, que recibió el arrastre lento de manera unánime,  y cortó dos orejas que paseó con calma y sin prisa.

Fue el último de la función y del lote de Diego Ventura que nos dejó ver un toreo bravo y ceñido a sus cabalgaduras. Fue una faena de exposición de la piel carnada de los caballos y enseñando el rejoneo a la grupa y al estribo, como libro de texto. El hombre es un espectáculo y sabe hacer las cosas muy bien.

La gente emocionada, el hombre haciendo gala de su condición de figura y el toro metiendo la cara con mejor afán que otros de esta misma función.

Concretó con un rejón segundo, tras un pinchazo hondo en el primero y logró cortar otra oreja, saliendo a hombros en su primera comparecencia de su recién iniciada temporada mexicana.

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@Jose_Patino 

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