En Aguascalientes… En una fiesta decolorada, Leo Valadez pinta esperanzas

Poco más de media entrada en la Monumental de Aguascalientes, tarde lluviosa la del festejo por el 444 aniversario de la fundación de la ciudad. Se lidiaron cinco astados de Teófilo Gómez muy escasos de presencia, mansos, sosos y débiles. Uno de Santa Bárbara también de poca presencia que fue manejable.

Enrique Ponce: División de opiniones en su lote.

Arturo Saldivar: Palmas y oreja.

Leo Valadez: Oreja y silencio.

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Los colores se diluyeron, se mezclaron entre sí cual maquillaje estropeado de payaso triste, presagiando que lo que vendría era la decadencia de la bravura, la ausencia de la emoción y la decepcionante falta de trapío».

Nubes negras se posaron sobre el cielo hidrocálido, que lloró y lloró toda la tarde y emborronó el adorno colorido que cubría el ruedo de la monumental y todo lo que se esperaba no fue.

Los colores se diluyeron, se mezclaron entre sí cual maquillaje estropeado de payaso triste, presagiando que lo que vendría era la decadencia de la bravura, la ausencia de la emoción y la decepcionante falta de trapío.

Enrique Ponce tuvo más pena que gloria, una vez más el valenciano no se encontró con la afición, dos actuaciones que terminaron más pronto que un suspiro, ante astados sosos y faltos de transmisión. Animales bobos que apenas si embestían, medios pases, debilidad extrema y doblando los remos delanteros, dando lástima cual león viejo de circo.

Patética escena protagonizada por una primera figura del toreo que decide, qué sí, qué no y qué nunca, de esta manera creando un simulacro de fiesta que se asemeja más a una pantomima en la que es el director, el domador y hasta el saltimbanqui de la carpa.

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Luces ligeras se asomaban, de vez en cuando el cielo dejaba pasar algunos rayos de su rey sol y en ellos parecía que veíamos un poco de esperanza, como la puesta en Leo Valadez quien fue el verdadero protagonista de la tarde, variado y correcto de capa, alegre e impetuoso con los palos y firme con la muleta, misma que expulsó solvencia y cadencia.

Leo se atrevió. Dijo sí para sus adentros y salió dispuesto a llevarse el triunfo. La faena de su primero fue la de mayor calado, chicuelinas y tafalleras y recortes toreros para llevarlo al piquero, poca vara y después faroles de pies y rematando con revolera, dejó dos pares de banderillas en lo alto y el tercer par, ya con menos fortuna. Rodillas en tierra y de manera rabiosa comenzó su labor muleteril, tres de hinojos, el cambio por delante y el remate de pecho para llevarse las dianas.

Aunque las fuerzas le escaseaban al astado, el torero probó por naturales, pero mejor regresó a la diestra y hubo muletazos lentos de alto calibre. Así continuó el de Aguascalientes sopesando las pocas condiciones del burel, al final tanda suave por izquierda y para cerrar con manoletinas de cercanías, pinchazo y entera en buen sitio para llevarse una oreja.

El cierra plaza fue un astado muy escaso de presencia. Bajo la lluvia Leo se vio esforzado, pero sin encontrar esta vez el premio. Nuevamente el capote rompió los aires, esta vez por zapopinas. Las banderillas con más enjundia que colocación y de muleta doblones toreros, pero la distraída embestida del torillo no le permitió hacer mucho. Aguerrido el torero, pero ni la música de la pelea de gallos logró hacer su “magia corta orejas” y todo quedó en silencio tras sus fallas con el acero.

De Arturo Saldivar hay que anotar que tuvo dos faenas de distinto peso, la primera con finura, dándole tiempo, ritmo y espacio para lograr conseguir una labor suave ante el de Santa Bárbara que tuvo mejor recorrido, mismo que Saldivar aprovechó para citarlo y al primer toque éste asistía, mejor era el derecho y el de Aguascalientes consiguió varias tandas de reconocimiento. Por izquierda se le quedaba más corto, buscándole las piernas y levantando la cabeza al final del muletazo, vinieron más por derecha ya de menor intensidad, pinchazo caído y las palmas.

La faena de la oreja fue al segundo de su lote que lidió justo cuando arreciaba más la lluvia, esta vez Saldivar estuvo voluntarioso, pero sin llegar a compenetrarse del todo, mató de entera caída y el trofeo fue solicitado por el público, finalmente fue concedida, esta vez un premio un tanto exagerado puesto que la afición se emocionó con la faena bajo la tormenta, que careció de estructura.

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@AnaDelgado28 

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