Los escritos de Julio Téllez… Pepe Alameda, maestro, guía, amigo

Con frecuencia se publican pedazos o trozos de una entrevista muy larga que me hizo Plá Ventura. Una de las preguntas más interesantes fue sobre Pepe Alameda, respuesta que ha sido merecedora de la atención de muchos aficionados que la han conocido incompleta. Hoy con la anuencia de Plá Ventura, la doy a conocer íntegra, tal como se publicó originalmente

– ¿Quien fue para usted, Pepe Alameda?

Con esta pregunta pones el dedo en la llaga. Fue todo, taurinamente hablando: Maestro, guía, amigo, compañero de tragos, de comidas y de toros, de vagancia, pero vagancia cultural. Pepe siempre, en todo momento seguía siendo el maestro y gozaba, además, que le dijeran maestro. Yo, al contrario de los amigos, le decía Don Pepe y se me quedaba mirando con una sonrisa como de reproche.

A lo largo de 20 años, un grupo de amigos convivimos intensamente con él. Paco Terán a quien llegó a considerar como un hijo, Pepe Mata quien se incorporó al grupo en los últimos años de su vida y yo, además de unos oportunistas pasajeros.

Durante muchos años, al terminar el programa Toros y Toreros (programa de televisión creado por Julio Téllez en 1972 y que duró 40 años), rápido nos íbamos a su casa para recibir la crítica o la lección correspondiente. Tenía derecho a exigirnos puesto que él apadrinó a Toros y Toreros, estuvo en el primer programa y seguiría de por vida ayudándonos y, con frecuencia, asistiendo al programa.

Es mucho, muchísimo lo que podríamos platicar de Pepe. Fue tanta la convivencia con nosotros, que nos convertimos en sus lazarillos cuando empezaron a faltarle las fuerzas.

Un buen día se le ocurrió escribir ‘La verdadera Historia de la Evolución del Toreo’, así de corrido, sin mayores consultas, ya había leído casi todo, de todo lo taurino, a lo largo de su vida y era el momento de escribir su tauromaquia. Habíamos fundado el grupo de Bibliófilos Taurinos y decidió Don Pepe que su libro fuera editado por este grupo. De gran ayuda fue Paco Terán en la revisión te textos y yo en la revisión de galeras.

Un buen día notamos que eran más y más frecuentes los errores mecanográficos. Descubrimos que don Pepe aceleradamente estaba perdiendo la vista con todas las desgracias que esto acarrea para un escritor y decidimos con Paco Terán corregir los errores sin que Pepe se diera cuenta.

Al terminar la obra y repetir varias veces la portada, hasta que quedó al gusto de Pepe, un día en su casa me regaló el mecanoescrito con muchas correcciones de su propia mano, con esta dedicatoria:

Para mi amigo e incansable colaborador, Lic. Fray Julio Téllez, con un abrazo, José Alameda’.

Don Pepe se dio cuenta de todo.A lo mejor por eso fue lo de Fray Julio, por la extraordinaria paciencia para revisar los textos escritos por un hombre que ya casi había perdido la vista.

Después con gran sigilo don Pepe publicó ‘La verdadera historia Historia del Toreo’ en Espasa Calpe, bajo el título de ‘El Hilo del Toreo’, hoy por hoy uno de los libros más consultados por los investigadores de la tauromaquia. Pensando quizás don Pepe que yo me molestaría por no haber solicitado mi apoyo, me regaló el macanoscrito con una simple dedicatoria: ‘A mi amigo Julio Téllez, firma, José Alameda’.

Escribo presumiendo que fue mi amigo, y ¿quién fue Pepe Alameda?

Nos lo hemos preguntado muchas veces.

Fue mucho más que un cronista de toros.

Hizo de la crónica televisada un género literario parlante efímero, que nace y muere con la propia corrida de toros, en una sola tarde. El placer de escucharlo iba a la par del placer de ver torear. Este género acabó con su muerte.

Pepe ha sido, además, uno de los más lúcidos y más inteligentes historiadores taurinos. Hoy por hoy, sus textos son ampliamente consultados y de referencia obligatoria para todos los que pretenden conocer a fondo la historia de las corridas de toros.

Fue además, un gran poeta, así lo demuestra su libro ‘El Seguro Azar del Toreo’ y sobre todo sus poemas dedicados al Valle de México y Ensayos sobre estética; este libro cayó como una bomba en los círculos intelectuales de la Ciudad de Mexico.

¡Cómo!

Se preguntaban muchos, un frívolo cronista de toros se atrevió a opinar sobre Goya, Picasso, Dalí, José Luis Cuevas, Diego Rivera y Orozco?

Impresionadas las mafias de intelectuales por la seriedad del poeta, del ensayista y el profundo conocimiento y dominio del lenguaje del que hacía gala en sus escritos y conferencias, lo condenaron a muerte de puro miedo. No le dieron cabida en las páginas, revistas o suplementos culturales.

Muy lejos estaban los días en que Xavier Villaurrutia, director de la prestigiada revista literaria ‘El Hijo Pródigo’ le publicó su ensayo ‘Disposición a la muerte’. Esto sucedía allá por noviembre de 1944.

Apareció su ensayo junto al poema ‘La vereda del cuco’ de Luis Cernuda y eran sus compañeros en la revista: Alfonso Reyes, Rodolfo Usigli, Octavio Paz, Enrique González Martinez, José Gaos, José Vasconcelos, Pepe Bergamín.

Y precisamente a Bergamín dedicó su ensayo con motivo de la reedición de ‘El arte del Birlibirloque’. No perseguía tanto comentar este libro, decía Alameda , cuanto en cierto sentido complementarlo. Ponerle reverso a su anverso.

Fue en Disposición a la Muerte, en donde Pepe escribió aquello de “El toreo no es graciosa huida, sino apasionada entrega“. Su “slogan” en todos los programas de radio y luego en televisión, son hoy un aforismo de aceptación universal.

Feliz estaba don Pepe codeándose con tanta grandeza literaria, pero… un buen día se le atravesó una estación de radio, le descubren sus cualidades excepcionales para hablar de toros y él, necesitado de recursos para vivir, acepta trabajar en la emisora; después llega la televisión y la consagración absoluta como el mejor cronista taurino y… adiós su carrera literaria.

Por los años ochenta, quiso volver a sus inicios literarios, no le abrieron las puertas de los cenáculos culturales. Las mafias de intelectuales seguían con el miedo de alternar con él. Quiso incorporarse como maestro de literatura en las universidades, tenía invitación para ello, no lo dejaron. Televisa alegó derechos de exclusividad y lo retuvo, incluso sin desarrollar actividad alguna.

Se desquitaba don Pepe dando conferencias a lo largo de la República, hablando de toros y de poesía, de pintura, de actor en un monólogo que él mismo compuso para lucir sus dotes histriónicas.

Ricardo Garibay, un gran escritor y comentarista literario del Canal 11 y luego del Canal 13, conociendo un poco la obra de don Pepe e intrigado por el silencio de las mafias literarias, decide visitarlo en su casa y al poco tiempo de platicar y comentar su obra, le dice:

¡Oiga Pepe!, ¡usted es un gran escritor!

Yo lo sé, respondió Pepe”.

Además, usted también es un gran poeta”, replicó Garibay, “… también lo sé”, respondió Pepe. “Y nosotros, ¿por qué no lo sabemos?”, inquirió Garibay. “No me lo explico”, respondió Pepe, agregando, “… yo lo sé desde hace mucho, y perdone la inmodestia, sí soy un gran poeta”.

Era tarde cuando se despidió Garibay, don Pepe se bebió él sólo todo el coñac que tenía en su casa. Bebía y bebía sin parar. En algún momento descubrió que el tequila era mejor que el coñac para tomar sus antibióticos.

Cuando su médico de cabecera se enteró, se lo prohibió enérgicamente, Pepe montado en cólera lo corrió (echó): “¡Largo de aquí mierda miserable!”, le gritaba, “¡Yo soy una República y en mi República mando yo!”.

Y Pepe se dio instrucciones así mismo para morir.

¿Por qué no he muerto ya?”, protestaba enojado muchas veces. Otras se quejaba, “¡Yo debía haber muerto hace tiempo!”.

¿Y por qué quiere morir don Pepe?, le pregunté en alguna ocasión. “Porqué yo debí haber sido un gran tribuno y no esto…”, me dijo, señalando un manojo de cuartillas con la reseña de la última corrida de toros.

Y un buen día, tarde de toros, domingo 28 de enero de 1990, Pepe decide morir. Dieron la noticia en el parlante de la gran plaza de toros y estalló la ovación más sentida, más doliente, más triste que se haya dado a persona alguna en la Monumental Plaza de Toros México.

Todos queríamos a Pepe, la afición taurina sabía de su gran valor. Alameda fue siempre el Maestro Alameda, un maestro entre muchos profesores

Y sabiéndose que era un gran poeta, nos dejó en sentidos versos, su biografía:

Su autorretrato

Paso a paso, he pasado por la Tierra
camino de la muerte prometida.
Sin poder detenerme.
Y la muerte me ha dado cada día
un poco de polvo. Y he vivido
con una vida ambigua,
ofreciéndome la muerte por dentro
detrás de la sonrisa.
Hasta quedar al cabo en un pequeño
montón de huesos y ceniza.
Ese soy yo.
Tal es mi biografía.

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