En Huelva… Pablo Aguado abre la puerta grande y oreja para David de Miranda

Huelva. Sábado 3 de agosto. Tercera de la Feria de las Colombinas. Toros de Albarreal y uno de Torrealta (5º bis) bajo de trapío y de escaso juego salvo el 3° muy noble. Casi lleno.

Morante de la Puebla, Pitos y ovación con saludos.

David de Miranda, Oreja y ovación con saludos.

Pablo Aguado, Vuelta al ruedo y dos orejas.

Detalles:

Se guardó un minuto de silencio en memoria de José Luis García Palacios.

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Pablo Aguado culmina a lo grande todas las expectativas puestas por el público que casi llenó hoy los tendidos de la Plaza de Toros y firma una tarde de toros sencillamente sublime, enmarcada por la Puerta Grande final tras cortarle las dos orejas al sexto. Otro par de apéndices pudo hacer suyo del tercero, el mejor toro de la corrida de Albarreal, de mucha clase, al que cuajó de principio a fin y sin mácula alguna tanto con el capote como con la muleta. Fue la suya una composición de enorme belleza, basada en una naturalidad deslumbrante y sorprendente ante la que el público se puso en pie ya con el capote. A la rotundidad y ligazón de cada una de sus tandas, cimentadas en la esencia misma del toreo, la salpimentó de detalles de una inmensa torería. Fue la suya una obra redonda y asombrosa, ante la que la gente reaccionó en varias ocasiones poniéndose en pie. Pero pinchó Aguado y por ahí perdió las dos orejas que ya casi tenía. Sí las obtuvo el sexto, un toro noble, pero al que le costó romper hacia adelante. Con paciencia y un temple maravilloso, lo fue consolidando y afianzando hasta extraerle cuanto llevaba dentro para enjaretar muletazos, otra vez, de preciosa estampa. Como el poso de la faena, fue creciendo la conexión con el tendido, que se terminó rindiendo a la exhibición del sevillano, más aún, tras el soberbio volapié con que lo abrochó.

Una oreja hizo suya David de Miranda, del primero de su lote, ante el que compuso un trasteo en el que todo fue por obra y gracia suya. Bajo el pilar innegociable y tan personal en David de la quietud, se gustó toreando a la verónica en el recibo y construyó luego una faena de muleta con varias series, sobre todo, por el pitón derecho, que tuvieron emoción en sus formas y largura en su fondo y, en ambos casos, con absoluto ajuste. Pero lo pinchó y perdió la segunda oreja, que el público pidió con insistencia. Casi no tuvo opciones con el segundo, un sobrero de Torrealta, que se agarró al piso y con el que insistió incansable sin hallar respuesta alguna. Se le fue baja la espada y, por primera vez en su vida, se fue a pie de la Merced.

Por su parte, Morante de la Puebla, que abrevió con el deslucido primero, maravilló a Huelva con su toreo de capote, ya en el recibo a la verónica -una lección magistral de torería, delicadeza y majestad, ya en el galleo con el que llevó al caballo al toro de Albarreal, ya en el quite posterior, donde se expresó a la dimensión que le es propia. Empezó bonita su faena de muleta, pero el astado se paró en seco y le robó toda continuidad a la composición del sevillano, que mató pronto y recogió una cerrada ovación del público onubense.

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