En Algeciras… Puerta grande por un metisaca en medio de varias orejas

Algeciras (Cádiz). Sábado 29 de junio de 2019. Con poco más de media plaza, se lidiaron toros de Santiago Domecq, muy justos de presencia, algunos anovillados, mansos, descastados, el tercero con genio; con una sospecha de ‘cornincure’ en sus pequeñas cornamentas.

Miguel Ángel Perera: Oreja y oreja tras metisaca bajo.

Cayetano: Ovación con saludos y oreja.

Pablo Aguado: Silencio y oreja.

Detalles:

Tras el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del propietario de la cuadra de caballos.

Curro Javier saludó en las banderillas del cuarto.

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Hay públicos, buenos, muy buenos, muy gentiles y poco exigentes. Como pareció ser el maravilloso público que asistió este sábado a la plaza de Algeciras, que acaso habrá llenado el medio aforo, lo que seguramente enseña que el cartel no era de la complacencia para haber traído mayor asistencia.

Tarea difícil para el empresario llenar una plaza de 11.222 lugares. Y más complicadas se ponen las cosas, cuando de buena fe arma carteles para complacer al respetable, y no logra ni la media plaza; como ocurrió esta tarde.

Han salido al redondel bovinos de Santiago Domecq, mansos, descastadones, alguno por allí con genio que no es otra cosa que la casta mala, y mal presentados, muy justitios y algunos hasta anovillados.

¿Por qué mandar este tipo de corridas a una plaza que merece más por el cariño que muestra el público?

Seguramente la consabida respuesta será, es plaza de segunda; con embargo, esto no justifica en nada seleccionar estos seis bovinos que no son dignos para la conmemoración del cincuentenario de este recinto taurino.

Al margen de lo anterior, hemos visto salir sorpresivamente por la puerta grande a, Miguel Ángel Perera, por dos faenas que no han dejado nada para el recuerdo y un metisaca bajo.

Tuvo un primero al que le extrajo una faena aseada por el lado derecho, por donde iba con borreguno caminar el de Santiago Domecq, mientras que por el lado izquierdo se resistió. Dejó media estocada caída y se le concedió una oreja, que nunca debió haber dado el presidente.

Como no debió haber dado la segunda que le abrió la puerta grande a, Perera, tras espantoso metisaca bajo al que hizo cuarto, y una faena que no dijo mucho, porque sólo acompañó el reticente andar del remilgoso ejemplar.

Sí, el público pidió esa oreja. La nobleza del público animoso, entusiasta la solicitó, pero era el momento en el que el presidente debió haber elegido entre mantener el respeto al arte del toreo, y la hora de las complacencias.

El presidente prefirió el camino fácil de las complacencias faltándole el respeto al rito; pero tampoco hizo nada Perera por mostrar dignidad y grandeza, y no aceptar esa muy devaluada oreja.

Cayetano estuvo con su habitual voluntad ante dos ejemplares que tampoco han dicho mucho. Con su primero una faena con la mano diestra pegado en tablas porque ahí quiso estar el manso burel; con la zurda nada pudo hacer digno de narrarse. Escuchó ovación con saludos, tras medio espadazo trasero.

Tremenda paliza sufrió, Cayetano, con su segundo -quinto del festejo-, mientras hacía unas gaoneras; en una de ellas, el toro con sus cuartos traseros le alcanzó sus pies y le envió a la arena. Ahí le dió fortísimos guantazos al torero, por fortuna, sin herida que lamentar.

La faena después de un inicio espectacular de hinojos, no pudo ir a más, porque no acabó sujetando al huidizo toro que ya no dejó de buscar la salida. Dejó tras algunos pases por alto, medio espadazo, y un descabello. La bondad del público pidió una oreja para el torero.

A quien insisten en sacarlo de sus cualidades para hacerlo un torero combativo, cuando esa no es su tauromaquia, es a Pablo Aguado. Ciertos taurinos decidieron inventar en él un mesías del toreo, así como el rival de Roca Rey; pero ni los mesías se inventan ni tampoco los rivales.

A, Pablo, quien tiene cualidades, se le debe dejar evolucionar de acuerdo a su nivel, dejar que vaya tomando forma su expresión. Apresurar su evolución podría llevarle a un serio extravío.

Tuvo un primero al que requería dominarlo, hacerle una faena lidiadora, pero no lo hizo, intentó sin haber motivos realizar una faena con base en series con ambas manos, y el toro protestaba, se ponía por delante.

Pablo se vio notoriamente rebasado por el complicado astado. Como pudo dejó una estocada trasera, y escuchó respetuoso silencio.

Con el que cerró plaza, un toro manso, dócil, dibujó algunos lances aseados, correctos, recortando con dos medias de buen gusto. No pudo dominar al toro, insistió sin poder hacerse de él, con algunas series tan similares a su toreo de capa, aseadas, correctas, sólo que a gran distancia, abusando del pico de la muleta.

Hubo también detalles de buen gusto, mostrando que todavía le hace falta tener más experiencia, más serenidad con el fin de estructurar mejor sus faenas, ya que no siempre verá salir toros fáciles.

Volvió a vivir la diferencia que existe entre consumar una faena con bobitoros e intentar dominar toros mansos y complicados.

Tras un pinchazo, dejó una estocada con tendencia, y el amable público decidió exigir una oreja para él.

La lección que deja esta tarde es dejar a Pablo Aguado ir a su aire, los falsos elogios hacen daño y extravían a muchos toreros.

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