Lo dice Pepe Mata… Cuando los detalles se magnifican pueden extraviar a los prospectos

Llegó, Pablo Aguado, precedido de una gran publicidad en la que casi lo elevaban a presidir el Olimpo taurino; tras su venturosa actuación en la reciente Feria de Sevilla, casi le han puesto como la reminiscencia de Curro Romero y Rafael de Paula. Le han intentado hacerle ver inalcanzable y que sólo los dioses pueden estar a su altura.

Sólo que la realidad, siempre la realidad, aterriza toda esa cauda de supuestos y, más cuando se magnifican los hechos que al final pueden acabar extraviando a los prospectos.

Debe quedar claro que, Pablo Aguado, no nació en la reciente feria sevillana, sus argumentos los ha tenido desde que nació.

Nos han tratado de vender, sobretodo la prensa al servicio del engaño, que el Espíritu Santo aquel 10 de Mayo se posó sobre Pablo y le hizo el Apolo del toreo.

Pablo es un joven con muchas cualidades pero le hace falta más experiencia, estar más consciente de todas sus virtudes y saber como superar sus limitaciones.

Este domingo en cuestión le correspondió un toro bonancible de Santiago Domecq, que iba con la carilla alta, deslucidón, con el que no dibujó nada que impactara para la posteridad con el capote, al margen de reponer mucho terreno; quizá alguna media tan similar a muchas que hacen ahora todos los buenos toreros jóvenes, puede ser destacable.

Porque a todos los buenos toreros jóvenes, les han enseñado a torear muy bien, y así torean… bien.

Sólo que muy pocos saben cómo defenderse a través de la lidia cuando les aparece un toro violento.

Pero…

… pero siguiendo con la historia de hoy, el joven Aguado ya con la muleta ha estado pulcro, con detalles de mucha importancia, algunas veces ajustándose, otras más toreando con el pico de su muleta y alejando por momentos su geografía corpórea del astado.

Faena breve, porque se percibió que tuvo la limitante de no poder hacer más de lo que había consumado en el redondel.

El público está en su derecho de magnificar lo que ve, la tauromaquia es su espectáculo, otra cosa es que eso ocurra en la realidad.

Lamentablemente el joven Aguado, al poner punto final a su faena en el encontronazo que tuvo quedó en la cara del toro, sí habiendo dejado un pinchazo no pudo salir y justamente fue el momento en el que el toro le infirió una cornada en el muslo derecho, de la que ya ha sido operado con éxito.

¿Le falló el Espíritu Santo al joven Aguado?

No, simplemente que le hace falta más experiencia para haber podido concretar una faena no sólo pulcra como fue, sino de mayor relevancia, porque se pudo haber realizado.

La falta de aguante le hizo dejar detalles, reitero, sí de suma importancia, varios brillantes, pero son al final de cuentas detalles, que no concretan una creación artística.

Y el arte sólo se puede apreciar por su conjunto no por una pincelada, por un acorde, por un muro por un verso.

Deseo que en estos momentos de reflexión, en medio de esta nueva experiencia, Pablo Aguado, al margen de ese océano impresionante de halagos desmedidos que le han inventado tras sus importantes faenas en Sevilla…

… analice en donde han estado sus limitaciones en esta faena, para trabajar en ellas, corregirlas y superarlas.

Pablo Aguado puede llegar a ser un torero importante, si no se extravía en el océano interminable del elogio sin medida.

Claro, claro que en la tarde hubo más, y los dos mejores toros de la tarde, por su obediencia borreguna fueron el primero y sexto, que le correspondieron a, El Fandi, un torero luchón pero vulgar.

Que impresiona sobretodo en el tercio de banderillas, y con la faena desluce sin tasa ni medida, por falta de argumento.

Exageró con el que cerró plaza al haberlo obligado a estrellarse en el peto hasta en tres ocasiones desde largo, por supuesto, que con la velocidad que genera eso y con el peso que lleva el toro (velocidad más peso… leyes de la física) al impactarse con la cabalgadura tiene que moverla y casi tirarla, por ello en el segundo impacto voló por los aires el señor picador, pero…

… pero otra cosa es llegar al peto y no sólo estrellarse, sino meter la cabeza abajo y empujar con notable poderío hasta obligar sucumbir a caballo y picador, cosa que no ocurrió.

Luego en el tercio de banderillas, hasta cuatro pares le puso, y cuando llegó el toro al tercio final, pues…

… pues, ya no podía ni con su alma, se ‘apagó’ como dirían los amigos del engaño.

De, Alberto López Simón, no quedó nada para el recuerdo, estuvo ahí, se le vio esforzado, pero hace falta mucho más que estar esforzado para convencer a propios y extraños.

Al final, cuando salíamos de la monumental venteña y nos despedíamos de los amigos, porque ya estamos próximos a volar hacia la Ciudad de México, queda el grato recuerdo de muchas faenas importantes que han dejado los jóvenes en esta sesión isidril…

… y esto nos hizo notar estentóreamente, que no hiciera falta los figurines.

Los jóvenes ha mostrado que en ellos habitan toreros de verdad, y eso…

… eso sí que ilumina el porvenir del arte del toreo.

¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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@PERIODISTAURINO 

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