Lo dice Pepe Mata… La Fiesta mansa

Paco Ureña cortó meritoria oreja, porque se impuso a la adversidad de la mansedumbre y al descastamiento de su segundo ejemplar que le correspondió. Un astado de Alcurrucén que ha resultado igual que los otros cinco, manso y descastado.

Paco le fue robando algunos pases pintureros, dejando episodios bonitos, y tras un pinchazo y una estocada caída delantera y perpendicular, el público pleno de bondad, exigió una oreja motivacional para un torero que es entrega inquebrantable.

Al astado -el mismo bondadoso público- le tributó sentida ovación, mientras llevaban su inerte geografía corpórea rumbo al cachetero, sólo porque tardó en doblar.

¡Imagínese lector amigo!

Se rindió tributo a la mansedumbre en el coso titular del mundo.

Tardó en caer simplemente, porque la estocada estaba mal colocada y por lo tanto no fue efectiva ni fulminante.

Esa ovación para la mansedumbre ofendió, sin lugar a dudas, a la grandeza de una Fiesta que alguna vez fue brava, y que sí que existió.

Esa ovación para la mansedumbre, fue tanto como avalar que la Fiesta mansa sea un símbolo que representa a la fiesta actual en medio de la mediocridad.

Sí, porque ni David Mora, pudo hacer algo más importante de lo que su voluntad pudo sumar incluyendo hasta con un soberano guantazo que le propinó su primer manso, ni tampoco Álvaro Lorenzo, ambos también se estrellaron con ese muro infranqueable de la mansedumbre, del descastamiento; y toda la tarde, salvo esa oreja que el respetable decidió conceder, ha brillado el esfuerzo de los toreros.

Todavía hay algunos que andan por ahí justificando inadmisiblemente esto del descastamiento y de la mansedumbre, afirmando:

¡Dime donde hay ahora mismo una ganadería que tenga toros bravos!”.

Como si eso fuera un consuelo, en lugar de animar a todos a exigir la verdad que debe prevalecer en la Fiesta, un día sí y otro también.

¡Urge la renovación!

Sí, urge y no sólo generacional en el redondel, que por fortuna ahora mismo hay bastantes jóvenes con cualidades capitaneados por la primera figura del toreo mundial, Andrés Roca Rey; igualmente existen todos estos toreros como Paco Ureña, quienes tienen pasión y entrega sin cortapisas.

Pero…

… también urge la renovación en las ganaderías.

Urge que los criadores de toros, a través de sus empadres, devuelvan al toro bravo y encastado, que pareciera han extinguido por intereses ajenos a la verdad de la Fiesta.

¡Sí!

¡Sí! ¡sí!, disminuyeron la casta y la bravura para “bienestar” de los comodines figurines, y ahora mismo se hace necesario que todos en su conjunto investidos en honestidad, respeto y grandeza, devuelvan esos atributos de casta y bravura tan necesarios para darle verdad al mágico arte del toreo.

¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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@PERIODISTAURINO 

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