La voz sevillana de Ignacio Muruve… “El resurgir de lo eterno”

La brújula del toreo puede que esté marcando un nuevo rumbo y no es ni norte, ni sur, ni este, ni oeste. Es el del resurgir de lo que siempre ha gustado, gusta y gustará. El toreo eterno vuelve a tomar fuerza entre la afición y los nombres de los toreros que lo llevan por bandera, suenan en las bocas de los que pagamos en las plazas.

El clasicismo resurge de las cenizas del toreo accesorio que lleva reinando durante estos últimos años. Morante, Urdiales, De Justo, Juan Ortega, Octavio Chacón o Javier Cortés son ejemplos de matadores que lo llevan dentro y han sabido encandilar a todo aficionado que ama lo verdadero. La siempre añorada naturalidad, comienza a reinar por el bien de todos. El componer la figura, el relajar los movimientos, el echar la pata hacia adelante, el cargar la suerte y el poderle a los toros sin tener que forzar el cuerpo comienza de nuevo a causar expectación entre los simpatizantes de la tauromaquia.

El toreo moderno y obligado a bajar la mano hasta el inframundo sólo tiene dos máximos exponentes como son Juli y Roca Rey, y uno ya viene de retirada. Mientras todo sigue y esto no para, vivimos un San Isidro distinto, pero aún más tras todo lo que viene sucediendo de antes.

Las figuras del toreo se ven en ciertas ocasiones, débiles a ojos del aficionado y sólo sacan la cabeza del agujero en el que están metidos en sus principales feudos. Con todo el respeto hacia él, todavía no he escuchado a nadie preguntar por Enrique Ponce tras su desgraciada lesión (desde aquí mandarle fuerzas). Algo está cambiando en nuestra manera de concebir y afrontar la temporada.

El público se está dando cuenta de lo que verdaderamente vale en esto. Los forofos de El Juli ya no sólo van a ver a El Juli, ni los de Perera sólo a Perera. Dividen sus gastos taurinos entre su predilección y dos nombres más: Roca Rey y uno nuevo que ha surgido por gracia del toreo de verdad, Pablo Aguado.

El huracán peruano se ha convertido en una figura muy difícilmente derrocable de su trono y bien que lo están sufriendo los demás reyes. Su reino, se extiende allá por donde va, dejando en evidencia a las demás figuras. El no dejar respirar a nadie hace que el aficionado tenga una motivación más para sacarse los billetes en cualquier plaza en la que toree este torero. No hay quien frene a Roca Rey, por ahora. Y digo por ahora, porque en sólo dos tardes, otro joven de ese tipo de toreo antes descrito, ha puesto a todo el orbe taurino de acuerdo.

Sevilla en primer lugar con una puerta del príncipe apabullante y Madrid con una faena antológica han sido testigos del resurgir del toreo clásico con Pablo Aguado. Un diestro con el que percibir la naturalidad de Bienvenida, la torería de Pepe Luis o los remates de Gallito en un solo cuerpo. Más de once mil personas se partieron la camisa viendo como un torero encumbraba el toreo de siempre y lo ponía en primera línea de una sola tacada en la Real Maestranza.

Más de uno pensaba que era cosa de una tarde, pero llegó a Madrid y le dio la vena otra vez. La vena de salir y acariciar las embestidas de un toro basto de Montalvo y hacer que, por primera vez en mucho tiempo, Las Ventas durmiese en un silencio creado por la despaciosidad. La monumental crujía en cada natural o cambio de mano. La rutina creada hace años y presidida por el triunfalismo barato y el toreo accesorio se ha venido abajo gracias a él.

¿Otro mesías? Puede ser, pero ya van dos y queremos más. Él puede ser uno de los únicos que pueda hacerle frente y darle motivos para apretar en cada tarde a Roca Rey. Y orientándonos hacia mi tierra, en Sevilla hay latidos que perciben una posible figura del toreo. Podemos tener delante de nuestros ojos a ese torero que nos ilusione y nos catapulte a la maestranza cada vez que lo veamos acartelado. Su segunda cita en Madrid será el termómetro del tirón de taquilla que tiene mi paisano. Dios nos ayude a que este torero salga adelante, porque está tocado con la varita de los elegidos.

Y ahora les lanzo una pregunta: ¿Podemos estar ante el resurgir de lo eterno? ¿Podemos estar ante un cercano fin de ciclo de las figuras y el acercamiento de la rivalidad entre dos conceptos? Sí, claro que podemos y sería tremendamente bueno para la tauromaquia.

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@ignaciotaurino

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