En la Opinión de Pepe Mata… Si se promete la verdad, simplemente hay que cumplirla

Todos los buenos empresarios saben que para mantenerse en el pináculo del triunfo, se requiere de estar en constante evolución, siempre mantenerse en la vanguardia, estar vigilante de lo que el público -su clientela- va exigiendo en los tiempos que van llegando, pero sobre todo salvaguardar la esencia de la verdad en el espectáculo que presenta.

Cuando falta la verdad en lo que ofrecen, su clientela, su público, comienza abandonarlos hasta casi dejar vacíos sus auditorios, plazas de toros, teatros, etcétera, etcétera, etcétera.

Vivimos en una sociedad de consumo que exige compromiso al empresario en cumplirle la verdad prometida, que cumpla su palabra si es que tiene honor.

Así de sencillo.

Lo anterior en el mundo de los toros se traduce, en algo tan simple como si se le promete el toro bravo y encastado, impecablemente presentado, con astas íntegras, eso justamente se debe cumplir.

Y, por supuesto, quien esté frente a este imponente ejemplar no sólo tenga el necesario valor, sino la inspiración para enfrentarlo con gloria.

Cuando lo anterior pierde la esencia y ganaderos sin escrúpulos, sin ética envían bovinos mermados, pequeñajos con notoria cornicure y la bravura se eliminó para transformarla en una mansedumbre bobalicona, provoca el rechazo…

… y provoca ese rechazo, porque en lugar de escenificarse la contienda de un héroe que domina a un toro bravo y encastado, para luego transfigurarse en artista para crear luminosos momentos escultóricos…

… aparece una parodia que no deja nada para la posteridad y sí aleja al gran público de la plaza por la falta de verdad, seriedad y honestidad.

Una cosa debe quedar muy clara, muy entendible y mejor comprensible para los empresarios…

el público se aleja porque el empresario ha sido incapaz de investigar lo que en la realidad quiere, desea ver su clientela y se pasa imponiendo carteles que no le resultan atractivos al gran público, aunque para el empresario sí sean de su gusto.

Hasta donde se entiende, la finalidad de un empresario taurino es llegar al mayor número de clientes y posicionarse con ellos, a través de la variedad en su producto -todos los toreros tiene su sello-, calidad -todos los toreros la muestran en sus propuestas-, diseño de su imagen -cada torero crea su imagen para impactar visualmente-.

El arte del toreo necesita que le devuelvan su verdad no de un rediseño frívolo para pretender consolidar más miserias taurinas.

No se pueden pasar imponiendo a los figurines porque su imagen ya está muy desgastada, sumamente deteriorada, porque son un producto que ha infringido en muchas engañifas, al imponer un toro menoscabado de su casta y su bravura, para convertirlo en una reminiscencia de la dulce ovejita camparina que les permite estar a gusto, sin mucha fatiga y entonces al descubrir esto…

… al descubrir esto el público, se siente burlado, por conocer que llevan años repitiendo esta parodia sin tasa ni medida.

Los actores de la Fiesta no quieren entender que la evolución tecnológica, la globalización no sólo invadió al arte del toreo, sino los rebasó a ellos.

Resulta ridículo verles pasarse a ‘bobitoros’ creados por ganaderos sin ética para mantener vigente a un sistema arcaico, obsoleto e inoperante.

¿Es difícil devolverle atractivo a la Fiesta?

¡Por supuesto que no!

Ahí está el ejemplo y esfuerzo por mejorar de los actuales empresarios de Mérida, Yucatán.

Hace falta investigar que tipo de toreros y que tipo de ganaderías quieren ver los públicos.

Hace falta que le permitan al público crear a sus ídolos a través de conocer las diferentes tauromaquias de toreros que han sido postergados por los figurines y por empresas complacientes, impidiendo por consecuencia que la tauromaquia evolucione.

Un ejemplo de esto, ha sido la revolución que causó en España, Octavio Chacón, a la que se unieron, Emilio de Justo, Javier Cortés, Pepe Moral, Rubén Pinar, la resurrección de, Diego Udiales, en fin; el público español comenzó a exigirlos, y no acabaron de entender los empresarios integrantes del “sistema” arcaico e inoperante, de esta exigencia.

Habrán visto las penosas entradas, por ejemplo, en Bilbao, y qué decir de las de Jaén, en donde en un cartel conformado por Diego Ventura, Enrique Ponce y David Fandila El Fandi, la plaza lució semidesierta…

… la respuesta es simple y no requiere de mucha ciencia:

El público ya no quiere ver esta oferta desgastada y sin sustento, que les intentan obligar a aceptar.

El público ha cambiado merced al apoyo que ofrece la globalización del internet, de las redes sociales, y ha descubierto que más allá de los demasiado vistos figurines, existen mejores opciones que sí ofrecen la verdad que andan buscando.

Pero no todas las plazas quieren ver lo mismo, por eso se hace necesario apoyarse en la mercadotecnia, en la investigación de mercados, para conocer lo que quieren ver los diferentes públicos, y a través de las estrategias mercadológicas difundirlo y promocionarlo profusamente.

Ahora mismo, el “sistema” obsoleto muestra estentóreamente este fracaso en los países taurinos.

En México se ve en las plazas en donde “mandan” los figurines; se está haciendo notar en España; en la bicentenaria de Lima, faltó la verdad del toro auténtico, por llevar las ganaderías comerciales; y en Colombia, dentro de sus proyectos taurinos que vienen, está la de “proteger” a los figurines.

Sólo en Francia han ido evolucionado, por permitir que el público deguste de otras tauromaquias, que nada tienen que ver con los figurines.

La Fiesta tiene un plus… un mágico misterio evidente.

Sí, la Fiesta tiene muchísimos seguidores, habrá que multiplicarlos y convencerles que regresen a las plazas con base en la verdad extraviada; y a los detractores habrá que convencerles a través de esa sólida verdad, que en este instante no aparece.

Los tiempos cambian, quien no esté a la vanguardia tecnológica, mercadológica y carezca del objetivo de prometer y cumplir la verdad, está perdido, porque merced a la globalización, hay puntos de comparación.

Con esto, se llega a la conclusión de que la renovación es lo fundamental, así como volver a consolidar los valores y principios que condujeron al arte del toreo a ser una expresión luminosa, pero todo se debe regir bajo el principio de:

El toro auténtico para el torero de verdad.

¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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@PERIODISTAURINO 

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