En Monterrey… A pesar del pésimo ganado, salieron en hombros Andy y Padilla

El día de hoy 9 de noviembre después de más de 10 minutos de espera y  ante más de media plaza pese al clima húmedo, y frío, muy frío, en la Monumental Monterrey se llevó a cabo la tan anunciada corrida de lujo, la cual dejó mucho que desear, debido al ganado, sí bien ha estado correctamente presentado, ha resultado manso, descastado, soso, con genio e inválido, de la ganadería de Marrón.

Andy Cartagena: Oreja con división y oreja.

Alfredo Ríos El Conde: Palmas y división del público.

Juan José Padilla: Vuelta al ruedo y dos orejas.

Detalles: 

La empresa es multada por no haber contratado parches y metales.

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Andy Cartagena, es un gran rejoneador, lo hemos comprobado no sólo en su estupenda campaña española, sino aquí en México. Pero un gran rejoneador requiere de ganado digno para que pueda lucir su gran toreo, y con estas sabandijas de Marrón, tuvo que no sólo redoblar, sino quintuplicar esfuerzos.

Ya son muchos años de que, José Marrón, decidió hacerse ganadero, y sólo nos ha comprobado que es un gran financiero.

El torero de a caballo recibe al primero de la noche con la grupa llevándoselo a recorrer todo el redondel con inobjetable aguante, para posteriormente colocarle dos rejones de castigo, uno en buen sitio y el otro un tanto trasero.

Siempre toreando, antes y después de imponer los rejones, y rematando la suerte.

En el segundo tercio, con las banderillas intenta dejarle la primera pero el astado cae a la arena, realiza un segundo intento y la deja en lo alto, el toro quiere hacer por el caballo pero este desafortunadamente vuelve a perder las manos visitando la arena por su evidente descastamiento.

A pesar de las condiciones del todo, Andy, continuó con la lidia y dando lo mejor de él y su maravillosa cuadra; sin embargo el toro por tercera ocasión pierde las patas pero esta vez las cuatro quedando todas tendidas hacia atrás.

Un acto evidentemente bochornoso, que muestra la decadencia de la ganadería de Marrón, que si bien es cierto nunca consiguió levantar vuelo, ahora está ubicada abajo del piso.

Por esta razón, el rejoneador decide abreviar su faena y toma el estoque de muerte. Buena decisión que lamentablemente por la condición borreguna del bovino al resistirse a embestir, deja un rejón de muerte exageradamente trasero. A pesar de que nuestro espléndido juez vio lo sucedido y la escasísima petición de oreja decide donar a las estadísticas de Andy, la primera oreja de la noche, la cual en su entrega fue reprobada por la mayor parte del respetable.

Son los flacos favores que hace un juez carente de autocrítica, carente de seriedad y carente de respeto; no sólo al gran público que le hizo notar su pifia, sino a la tradición que reprueba su falta de verdad, y a él mismo que pisotea su dignidad.

Con el cuarto de la noche un toro que en definitiva salió igual al resto de sus hermanos, manso y descastado, con la invalidez manifiesta. Ahí estuvo Andy Cartagena, quien supo obligar al torillo para realizar una faena con un poco más de trayectoria, aunque en ocasiones se distrajera y anduviera conociendo a los que estaban en los tendidos.

Andy, le pudo torear con el banderín tras el primer rejón de castigo, para posteriormente torearlo con la grupa por todo el redondel donde el publico se emocionó y se lo reconoció con palmas, porque nadie pone en tela de juicio que es un gran rejoneador.

Antes de culminar su faena, decide adornarla con tres rosas, a posteriori se dirige y toma el rejón de muerte, en donde de nuevo vuelve a dejar un estoque traserisimo (casi como caballito de feria), pero no se notaba, debido a la ubicación de las flores antes colocadas.

El juez le vuelve a proporcionar una oreja ante una baja petición.

Ya que nadie quiere cambiar a este juez, habrá que mandarlo a la escuela nocturna, ojalá y aprenda algo.

El segundo espada ha sido, El Conde, en su campaña de despedida inició su lidia pegado a tablas con verónicas jugando las manos. Hubo entrega del torero con un astado bobillo que desde el inicio comenzaba a quedar parado, sin trayectoria alguna.

Con la tela roja, decide iniciar pegado a tablas donde lo va llevando poco a poco a los medios, mientras se encontraba en el trayecto, el toro tiraba hachazos de consecuente mansedumbre, aun así el torero lo supo entender y lo comenzó a jalar con la muleta y tocarlo con la voz para poderle realizar tandas de gran valor sobretodo con la derecha. Al percatarse de que el toro ya no podría sacarle más pases forzados, decide ir por el acero para perfilarse y dejarlo delantero y tendido.

Al quinto de la noche lo recibe con una larga cambiada pegada a tablas para reincorporarse y continuar con el capote a pies juntos para terminar adornándose con una revolera.

Realiza la labor de llevarlo al caballo por chicuelinas andantes, y tras un simulacro de suerte de varas, porque el astado recibió el mínimo castigo debido a que el torero ya había visto el resultado de los hermanos anteriores del toro en turno, no quiso seguramente exponer.

El Conde consuma un quite por chicuelinas antiguas.

Decide realizar el tercio de las banderillas, sin embargo desafortunadamente este se vio demasiado mal, ya que se le notaba que tenia tiempo de no ensayar con los palos; desafortunadamente en este tercio el bovino se lástima su mano izquierda la cual no podía apoyar por mucho tiempo, y aun así el torero no podía colocarle las banderillas.

Llega el turno del ultimo tercio, y desde uno de los lugares se escuchó a un asistente gritarle ¡ya mátalo!; era lógica esa protesta, la mala casta del toro, así como por lo de su mano mermada.

Aun así el torero quiso ver que podría hacer con el bovino, pero el intento fue en vano ya que el toro no tenia nada, nada, que ofrecer o transmitir, por lo cual El Conde decidió tomar el estoque para dejar en el primer viaje un pinchazo y en el segundo un estoque entero y tendido.

El turno del tercero de la noche llegó, correspondiéndole a, Juan José Padilla, quien saluda a su enemigo con una larga cambiada pegado a tablas para reincorporarse de inmediato y seguirlo toreando por verónicas muy del gusto de la gente y pone fin al recibo con un adorno por verónica soltando una punta del capote.

Todo pasión e indiscutible entrega.

Da inicio al turno de la muleta con las rodillas en la arena dejando cuatro pases para después ponerse de pie y rematar con el de pecho.

Continua su faena con la mano derecha, por donde mayor obediencia tenía el borreguno astado y a quien Padilla supo bien como taparle esos enormes defectos con los que contaba.

Decide, Juan José, poner fin a su faena dejando un pinchazo en el primer intento, y en el segundo deja un estoque entero y ligeramente delantero.

A pesar de la petición del publico, el fabuloso juez -no porque venga de una fábula- no quiso otorgarle el apéndice.

¡Pues que con su pan se lo coma!

Sale el cierra plaza a la arena, un toro que al principio se cree seria el que salvaría la noche por la forma tan alegre y “brava” en que dejó su querencia, no obstante, de inmediato sacó a relucir las mismas características del resto de sus hermanos. De inmediato comenzó a distraerse a tirar de cabezasos. Es por eso que Juan José decidió abreviar con el capote.

Con la tela roja, da principio a pies juntos cerca de tablas cuando remata por desde con la mano izquierda y el débil toro cae a los pies del torero. Aun así el torero, no se rindió y decidió darle su espacio para que tomara aire y se repusiera, para posteriormente realizarle una faena cubriendo defectos y obviamente obligándolo a pasar por la muleta, el público presente le reconoció su labor hecha por ambos lados.

Toma el acero para dejar en el primer viaje un estoque entero y certero, y pese a la gran petición del publico el señor juez decide hacer tiempo para al final otorgarle ambas orejas.

Qué le vamos hacer con este anacrónico juez, rezar porque ya diga adiós al biombo del que ha hecho una segunda casa.

Juan José Padilla, recibe el doble premio ante la entrega del público y al final salió en hombros junto a su compañero, Andy Cartagena.

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