Rafael Gastañeta, el torero peruano de talla mundial que pudo ser…

Evocar al torero limeño Rafael Gastañeta Diez, es para los aficionados peruanos reverdecer la memoria y contener el aún latente desconsuelo de haber podido tener un torero importante que se situara de mucho antes dentro de la gloria actual que vivimos con la consolidación de figura de Andrés Roca Rey y el alentador camino de Joaquín Galdós Moreno en la élite mundial, el cual, pese a todas aquellas expectativas e ilusiones de entonces, no pudo ser. Condiciones y arte no le faltaban, entregarse un poco más a esto, quizás.

Nacido en el seno de una familia típica de la clase media acomodada limeña, el 13 de abril de 1974. Siendo hijo de ganadero, el doctor Pedro Gastañeta; nieto del periodista y cronista taurino Fausto Gastañeta Espinoza Que Se Vaya y sobrino nieto del actor y torero español Mario Cabré Esteve Cabrerito, su origen mesocrático no le fue óbice para decidirse por ser torero en un medio tan difícil para la profesión como es el Perú.

Hace su debut en la localidad de Santa Cruz, en Cajamarca. Debuta en Lima, el 26 de setiembre de 1993, con el español Carlos Neila y el colombiano Sebastián Vargas.

Participa en una novillada organizada por la Fundación Por los Niños del Perú, en Acho, el sábado 6 de noviembre de 1993. Se lidiaron novillos de J.M. Roca Rey e hicieron el paseíllo, Jesús Romero, Juan Carlos García y Rafael Gastañeta, que vistió de verde botella y oro.

En 1994 parte hacia la península debutando en Santiesteban del Puerto en mayo de ese año en una novillada de Hermanos Collado Ruiz, junto a Javier Clemares y Conrado Muñoz.

Toma la alternativa en la Plaza de Acho, el 8 de diciembre de 1995, teniendo a Enrique Ponce como padrino, y a Pedrito de Portugal de testigo, ante el toro  Camborio de 511 kgs. procedente de la mexicana ganadería de Huichapan al que desorejó luego de instrumentarle una faena variada y muy aseada, con mucho acople y mando.  Con el que le tocó segundo, que se le quedaba corto, derrochó entrega calando prontamente en los tendidos. Compartió aquella tarde, puerta grande con el valenciano maestro de Chiva.

El siguiente año de 1996, se vuelve a presentar en Acho, el 2 de octubre, partiendo plaza con Alejandro Silveti y Vicente Barrera. Ganado de Javier Garfias. Luego, el 1 de noviembre, junto a Miguel Baez Litri y Jesulín de Ubrique, ante toros mexicanos de Santa Rosa de Lima.

Gastañeta, que además de torero es Licenciado en Administración de Empresas, confirmó a los 23 años de edad, nada menos que en la catedral del toreo, la plaza de las Ventas en Madrid, el 24 de mayo del 1997, ante el toro Palomo de 520 kgs. y  apadrinado por Luis Miguel Calvo Juncal, y testificando el acto, Uceda Leal.  Ganado de Martín Lorca y Criado Hidalgo. Silencio y vuelta al ruedo.

El espada limeño, hizo hasta entonces cuatro temporadas en España bajo la protección de Juan Ruiz Palomares, apoderado de Enrique Ponce.

Ese mismo año hace alrededor de catorce presentaciones en España. Con 20 trofeos en el esportón. El 23 de noviembre, ya de regreso en Lima, triunfa rotundamente en Acho, cortando 4 orejas a los toros mexicanos de Santiago y haciéndose merecedor del Escapulario de Oro de la Feria del Señor de los Milagros.

En la temporada española de 1998 cumple 15 actuaciones, cortando 15 orejas. Torea dos tardes en San Isidro. En agosto torea en un pueblo de Jaén un mano a mano con toros de Campillo, alternando con José Luis Moreno. En el primero toca pelo y al segundo lo desoreja, saliéndo por volandas de la plaza. Más adelante, corta una oreja en la madrileña Miraflores de la Sierra, donde alternó con el reaparecido Emilio Oliva y Julio Norte lidiándose en esta oportunidad seis ejemplares de Terrubia . El 25 de octubre sale a hombros en Villacarrillo, Jaén.

Vuelve a presentarse en Lima, el domingo 14 de noviembre de 1999, conjuntamente con el maestro Emilio Muñoz, ganador del Escapulario el 94 y que desde entonces no volvía a Acho, y con Raúl Gracia El Tato. Luego repetiría a la semana siguiente, con Manuel Caballero y Vicente Barrera.

Cómo no recordar aquella tarde en Acho, durante la feria del Señor de los Milagros, el 25 de noviembre del 2001, con la presencia del rey Juan Carlos de España; el presidente de Colombia, Andrés Pastrana y Mario Vargas Llosa, que llegaron para ver la vuelta a los ruedos del maestro Paco Ojeda acompañado por El Juli y Rafael Gastañeta. Aquí una breve reseña de la actuación del paisano:

La plaza de Acho lució lleno impresionante  en tarde nublada y mucho ambiente en los tendidos. Se lidiaron toros mexicanos de Fernando de la Mora, que cumplieron. En su primero, Ojeda y El Juli brindaron al rey.

Rafael Gastañeta no logró acoplarse ante su primer enemigo, tomando distancia entre los muletazos a un toro que pedía ser consentido en corto. Lo bueno y mejor vino en el quinto, al que recibió con buenas verónicas. Fue un toro probón que escarbó y echó la cara al suelo, el paisano lo sacó a los medios y allí le pudo y se entregó. Pases de todas las marcas compusieron una faena a gran altura. Muletazos largos, templados, ligados fueron los que engarzaron las series, y aún más largos los pases de pecho. Hubo molinetes, pases del desprecio, capeínas entre series magníficas, pases de pecho rodilla en tierra y manoletinas. Pidieron el indulto y sonó un aviso, se eternizó con la espada y aún sonó otro aviso que diluyó el entusiasmo general.

Por su parte, esto es lo que reseñó en la revista «Caretas» el 29 de noviembre, sobre la actuación del nacional, el recordado amigo y cronista, el Marqués de Valero de Palma:

«El primer toro de Gastañeta le salió a contraestilo. Gastañeta necesita la embestida larga. Este toro, que no era tan difícil como la gente creyó, hubiese sido perfecto para Paco Ojeda, que trata de agotar al toro para torearlo en corto. Aquí, a contraestilo, naufragó Gastañeta. Pero emergió en su segundo con un toro que «rompió a bueno» con la muleta y al cual le hizo una faena estupenda, de corte artístico impecable, dictando cátedra de buen toreo y convenciendo a todos de que si hay toros peruanos con Roberto Puga hay torero peruano con Rafael Gastañeta. Se pidió el indulto y se ganó un inmenso lío entre la división de opiniones del público y el despiste del presidente de la plaza y los ganaderos. Mató mal, con descabellos prolongados y perdió todo. Un aviso. El tiempo se lo comió.»

Dentro de sus actuaciones más destacadas podremos señalar la de la feria de Chota en la palza El Vizcaíno, la segunda plaza y feria del Perú, en la temporada 2002, el 25 de junio comparte cartel con Angel Gómez Escorial y Antonio Bricio. Al día siguiente, se acartela con  Curro Martínez y el tristemente desaparecido Reina Rincón. Una jornada cumbre, donde se cortaron 5 orejas pudiendo haber sido más por parte del nacional a quien el usía le negara el segundo trofeo en su primero que el público exigía, concediendo las dos en su segundo luego de sendas faenas a un encierro complicado de buenas hechuras de San Simón y San Pedro, respectivamente.

Domingo 27  de octubre del 2002, Feria del Señor de los Milagros, ante toros de La Viña, con el mexicano Ignacio Garibay y el maestro valenciano Vicente Barrera, culminando su participación en esa temporada el 1 de diciembre, junto a Antonio Ferrera y César Jiménez con ganado variado.

Luego de su retiro, ha participado en los festivales taurinos del balneario de «Las Palmas» del distrito de Asia en la provincia de Cañete, a una hora de Lima. En la actualidad se encuentra dedicado a su actividad profesional como ejecutivo de una reconocida empresa nacional.

Muchos rumores se han tejido en torno a las razones de la pronta retirada del matador nacional. Que si el fallo del no brindis al rey de España en casa (lo hizo en cambio a la candidata presidencial de entonces Lourdes Flores) hecho que quedó marcado y le fue muy criticado; o aquel del tercer aviso en Madrid que extrañamente y evidenciando suspicacias, sonó muy tempranamente, cuando el toro ya rodaba por sí solo y no como se quiso hacer ver que se lo devolvieron vivo. Lo cierto es que Rafael fue un torero de muy buen corte, artista y de valor al que le faltó quizás ese «hambre» por creerse de verdad llegándosele a considerar por muchos, entre ellos el que fuera cronista del diario “El Comercio”, don Bartolomé Puiggrós, como «el mejor torero peruano” (hasta entonces).

Lo cierto es que durante aquella estancia en España es claro que adoleció de la falta de un buen apoderamiento, de esos que por aquellas épocas eran de menester adentrarse en las entrañas taurinas donde se digieren y logran los contratos. Pues argumentos los tuvo y muy sólidos para destacar en esto del toro, aquí y allá.

Con lo que tuvo e hizo que fue mucho para lo que otros paisanos hasta entonces pudieron lograr, sobradamente mostró condiciones alentadoras en sus finas maneras para torear. Torero de embeleso más que de dominio y gran estoqueador con el plus que le daba su espigada figura.

El por qué de las razones que lo llevaron a retirarse prontamente y con una carrera aún muy alentadora por lo menos en su patria, permanecerá siendo un misterio guardado bajo el carácter inescrutable de aquel torero peruano de talla mundial que pudo ser y llegar lejos.

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