El Comentario de Williams Cárdenas… Toros y Expolio Cultural en Venezuela

La Tauromaquia y otras expresiones del mestizaje cultural venezolano, luchan hoy por sobrevivir a la arremetida del Socialismo del Siglo XXI, cuya última víctima, además de una joven mujer embarazada de 18 años que protestaba por la falta de alimentos, asesinada por los esbirros del régimen, es la propia Navidad.

Esta ha sido la Navidad más triste que ha vivido el pueblo venezolano en su historia. No sólo por la falta de alimentos, que ha llevado a miles a protestar en las calles de pueblos y ciudades de Venezuela para mostrar su desesperación, sino que asimismo, ha acabado con las expresiones culturales vinculadas propias de esta época del año.

No ha habido las tradicionales misas de aguinaldo, ni la alegría de los fuegos artificiales que acompañan estas fiestas, y el pesebre ha sido sustituido la gráfica de pobres de solemnidad, buscando comida en la basura.

La llegada del nuevo año, lejos de ser sinónimo de esperanza, solo hace presagiar mayores carencias y penurias, con un régimen compuesto por charlatanes criminales, cuyos líderes están dispuestos a todo por mantenerse en el poder.

El narcotráfico, la corrupción, los crímenes de lesa humanidad y la vinculación con las organizaciones terroristas, incluido el castro comunismo cubano, son la fuente de sustento sobre la que pivota el secuestro chavista de todo un pueblo hambriento.

La Tauromaquia, que forma parte de nuestras tradiciones populares, lucha denodadamente por mantener su impronta cultural, contra el peor escenario económico y social, que jamás haya conocido la patria de Bolívar.

El recién electo Alcalde de Maracaibo, un chavista retrogrado, anuncia el fin de la Tauromaquia en esa ciudad, como si no hubiera problemas más graves que resolver.

Dos ferias, las de San Cristóbal y Mérida anuncian carteles con la base de dos toreros de la tierra, que ilusionan a los aficionados: Manolo Vanegas y Jesús Enrique Colombo. En éllos están puestas nuestras esperanzas para evitar que este expolio cultural, acabe con llevarse por delante esta parte de nuestras tradiciones.

Entre tanto, Nicolás Maduro, el charlatán mayor, continúa con su función y no para de hablar, mentir y amenazar a su pueblo. Este es el teatro en el que se desarrolla la peor tragicomedia vivida por pueblo alguno en América Latina. Otras democracias del continente deberían tomar distancia de charlatanes semejantes, que sólo traerán hambre y dolor a sus ciudadanos.

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@wcardenasrubio

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