El análisis de Alberto Bautista… Gran tarde de Luque en el cierre de temporada de Las Ventas

Una oreja paseó el de Gerena ante el cuarto, en una labor firme y de compromiso que le permite encarar con posibilidades el nuevo curso. Descastada corrida de Salvador Gavira García con el que tomó antigüedad, en el último festejo del año en Las Ventas.

En la última de la temporada en Madrid, Daniel Luque resurgió de sus cenizas y brilló con luz propia en una de las tardes de mayor peso de su temporada. Y es que viendo su hondura se hace complicado entender que sea la última de un año que comenzó de manera irregular y que le ha acabado catapultando a lo más alto. En ocasiones, más vale un final brillante que unos comienzos fulgurantes. Y es que su última tarde del curso, le permite a Luque encarar el 2018 en un gran momento artístico.

En su último cartucho de la temporada, acabó por arramplarle una oreja al cuarto, un toro deslucido e incierto que el sevillano parafraseando a Enrique Ponce acabó por inventarse una faena ante el de Gavira. El cuarto, tocado de pitones, llevaba dos puñales a cada lado. Todo un tío, que aniquiló Luque a base de sobar y consentir a un ejemplar desrazado y justo de fuerzas. Todo lo que le faltó al toro lo suplió el sevillano a base de compromiso. Arrimones de mucha fuerza y muletazos de mano baja enroscándose al burel fue el epílogo de unos pasajes de máxima entrega, y eso que lo de mayor calado llegaría con el cierre por luquesinas que encendió a los tendidos. La estocada sin puntilla le sirvió para cortar un apéndice que le debe permitir volver la próxima temporada a los grandes circuitos. Y eso que bien pudo salir a hombros, a menos que el primero de la tarde le hubiera permitido ciertos lucimientos. Y es que es cuanto menos una quimera romper plaza en Madrid y más si eso ocurre en una tarde fuera de feria, con el que pretender encender un coso con la piedra vacía y en el que muchos son turistas. Ni por esas Luque se vino abajo, y le aguantó a su primero desconcertantes miradas. No terminaba de pasar el de Gavira, y Luque le hilvanó un par de tandas sobre la diestra de mucha firmeza ante un ejemplar tan noble, como justo de fuerzas. Cerró por bernardinas una actuación de firmeza y seguridad dejando una soberbia estocada. Lástima que el público no despertara del letargo.

Y es que el lote del descastado y flojo encierro – no así su envidiable presencia – con el que Salvador Gavira García tomó antigüedad en la primera plaza del mundo, dejó con la miel en los labios a un Luque que ha resurgido mediada la temporada a raíz de ciertos triunfos en plazas de segunda categoría. Y es que una vez más, la feria de Ciudad Real – una de ellas con Victorinos – vino a confirmar el momento del torero de Gerena.

Los aires hispanoamericanos los puso el colombiano Sebastián Ritter, mostrando sus encantos de cómo se le iba un «Entonado» de bandera, e intentando arreglarlo con su segundo a base de descarados arrimones sin ninguna necesidad, con el que se jugó por milímetros la cornada. Incomprensible. El que hizo segundo, estrecho de sienes y de magistral opulencia. Un señor toro, tuvo un gran pitón derecho con el que Ritter le estiró la mano sin llegar nunca al pleno convencimiento. Los circulares a media altura fueron lo más destacado de un trasteo al que le faltó momentos de mayor acople. Dejó una estocada tras pinchazo y saludó una ovación desde el tercio. Intentó arreglarlo con el quinto, pero se embarulló entre una amalgama de pases y arrimones con tal de convencer, hasta el punto de que se dejó pegar una cornada estando en muchos momentos a merced de un «Fundador» de escasa transmisión. Falto de oficio se mostró, frente a un ejemplar al que obsequió con un festival de enganchones. La manía de querer alargar lo inalargable como si eso fuera torear. Antes ya le había mostrado la otra cara el de Gavira, propinándole una dura voltereta en la que aparentemente no hubo consecuencias, y eso que el parte médico firmó un «puntazo corrido en tercio medio de la cara posterior del muslo derecho, unido a una contusión en el hemitorax izquierdo«. Aun así, quiso darse la vuelta al anillo de rigor mientras surgían las protestas por el tendido más contestario que no entendió el descaro. Y es que lo único que quedó claro de Ritter en ambas actuaciones, fue sencillamente que la base de su toreo, es gracias a la entrega y a un valor inmaculado, características que se le presuponen, y con las que Ritter hizo patria con la necesidad por bandera de un sistema que aboca a toreros de su condición, a una agónica situación.

Quien no pudo más que confirmar su mejoría aún costándole entrar en los carteles al tirar por tierra lo conseguido la temporada pasada en el mismo escenario, fue Javier Jiménez que volvía tras dos tardes en blanco en la plaza que le vio despegar: Las Ventas. Y es que cuando uno triunfa con fuerza como lo hizo el rubio sevillano durante la temporada pasada, y no alcanza cotas de la misma envergadura, prácticamente es decir adiós a lo cosechado. El pobre balance de su tercera comparecencia de la temporada en Madrid, puso en valor su condición y suplió con creces el exabrupto lote de Gaviras que sorteó. Con el tercero, se le intuyó un carácter templado con las telas en una labor que brindó a la Presidenta de La Comunidad de Madrid, con momentos de acople, y otros con ausencia de transmisión. Faena de cara a la galería que no pasó a mayores. Con «Varillo» se cerró la temporada, y la carrera del torilero de la plaza Manuel Pérez tras más de dos décadas de servicio. Antes de la salida del sexto, se cortó la coleta y Madrid le tributó una calurosa ovación.

El que cerró función, lo recibió Jimenez con verónicas de tanteo. Brindó a su progenitora una labor anodina al volver a empotrarse frente a otro ejemplar de imposible lucimiento. De desclasado y deslucido viaje transcurrió un trasteo que nunca llegó a tomar vuelo. Fue silenciado en sus dos turnos. No fue su culpa.

Con el festejo del día de la Hispanidad, se puso el broche final a 64 festejos celebrados en la primera temporada de Simón Casas y Nautalia al frente de la primera plaza del mundo. Doce meses con más sombras que luces, y con un descenso en cuanto al apartado artístico y de espectadores, se refiere. Unas cifras que, junto con la necesidad de acometer una serie de mejora en la plaza, prevén una complicada situación invernal.

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@alb_bautista

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