Don Arístides Vargas, el artista peruano que viste a los toreros del mundo…

Recientemente, camino de regreso a Lima desde Cutervo, hicimos una parada en la capital de la primavera, la ciudad de Trujillo, con la intención de visitar al artesano,  don Arístedes Esteban Vargas Azañero, más conocido como Siete Lenguas, uno de los pocos  sastres de toreros que hay en el Perú y que en su juventud fue torero, de maletilla a novillero, que por aquella época aún, “… no sabía pegar ni un botón“, siendo luego por esas circunstancias de la vida, que se marcan a base de tesón y deseos de superación, que lo llevaron a convertirse en un afamado sastre de toreros, requerido por todo el mundo, desde las figuras más relumbrantes hasta los más modestos aspirantes.

Don Arístedes, en quien asoma esa afable espontaneidad del hombre sencillo, nos habla de sus inicios, de su eterno agradecimiento para con la gente que le ayudó, pero sobre todo, nos regala una charla maravillosa sobre su oficio y parte de su vida, la cual compartimos con ustedes, amables lectores…

– Maestro Arístides, buenos días, encantado de estar en su casa…

Al contrario, el gusto es mío, por favor, siéntanse cómodos…“.

– Nos puede contar, ¿cómo se inicia en este arte de la confección de trajes de torear?

Por la afición taurina, yo quise ser torero desde niño… practicando en encerronas, tientas, donde los señores Bustamante, los matadores“.

– Hablamos de la ganadería de Salamanca, que fue de los señores Larco. Tras la fallida y nefasta reforma agraria, Telmo Bustamante, se hizo cargo de ella como Cooperativa Cartavio.

Así es, don Telmo, fue hijo del antiguo mayoral, el señor Ricardo Bustamante…ellos me dieron la oportunidad de tentar muchas veces en su ganadería, siendo que en 1975, nos hacen debutar de maletillas junto a otros aspirantes de la zona“.

– ¿Qué edad tenía por entonces?

Entre 14 y 15 años. Recuerdo que el matador Paco Céspedes nos hizo participar en un concurso al año siguiente, 1976, en Tumán, Lambayeque. Toreamos cuatro festivales seguidos, diariamente.Yo no tenía traje, no habían para mí“. 

– ¿Cómo resolvió ese inconveniente, imagino lo embargaría cierta desazón que no melló su aprehensión por estar y torear?

Bueno, yo tenía muchas ganas e ilusión, imagínese. Felizmente estuvo el torero José Moreno El Crespo, quien me prestó un traje suyo. Era de corte mexicano el traje, pero además, muy chico para mí. Tenía que desarmarlo por completo, descoserlo todo y entallarlo a mi medida. Luego para devolverlo lo volvía a armar a su talla original. Así me pasé esa jornada, arma y desarma el traje“.

– ¿Tenía algún conocimiento o destreza, de antemano, en costura?

Para nada, no sabía ni pegar un botón“.

– ¿Entonces?

Luego de eso, aquí en Trujillo, había un gran aficionado, el señor Julio Reynel, que tenía en su establecimiento muchos libros, afiches y cosas de toreros. Donde él llegaban matadores como Daniel Palomino, El Nene, toreros como Félix Rivera, Antonio Castillo y muchos otros…toda esa gente llegaba allí y era un ambiente muy especial, muy torero. A mí me obsequiaban esas revistas y folletos de los cuales yo veía los trajes y sus diseños hasta que un día me animé a hacerme un trajecito comprándome materiales con lo que juntaba de mis propinas, de poco a poco“.

– ¿Recuerda cuánto gastaba en ello?

Cómo olvidarlo, si de allí empezó todo. Mi primer metro de tela y cordoncillo, los compré con cinco soles. Hice unos garabatos de rayitas, más sencillo que uno goyesco. Cuando lo terminé me gustó y se lo presté al finalista de un concurso, Daniel Sánchez. A todo el mundo le gustó el trajecito. Era de grana y plata“.

– Sorprendente, y sin ninguna idea de sastrería, como ya me dijo…

No, nada, como le dije, ni sabía pegar un botón ni coger un dedal. Le sigo contando, ese traje lo vio Lola de España y le gustó mucho por eso su padre, don Augusto Velásquez, me pidió que se lo vendiera“.

– Se quedó sin su primer traje, pero me contaba algo más sobre el matador Bustamante…

Así es, también el matador Ricardo Bustamante lo vio y me dijo, ‘hazme uno para mí’. Fuimos a su casa y de un traje español que él tenía le sacamos el molde con la idea de que le confeccione tres vestidos que el matador los usó en varias presentaciones. Guardo mucho agradecimiento al matador Ricardo Bustamante pues me dio cinco mil soles de esa época para los materiales y mis gastos por hacerle los trajes.

Me pidió tres vestidos pero yo saqué uno más, entonces fueron cuatro los que le entregué. Le cuento, a propósito, yo con ese dinerito de lo que quedó de los materiales, les invité unos ceviches y cervecitas a los toreros que conocía, algunos de los cuales le fue con la historia la matador quien pensó que me había gastado la plata sin hacer nada. Pero como yo le entregué no tres sino cuatro trajes quedó muy contento y de ahí nos hicimos muy amigos“.

– Sigamos con los inicios de la costura, ya tenía usted colocados por lo menos esos cuatro trajes iniciales…

Fui a Lima en el año 1980 y me hice conocido con los matadores y toreros, algunos ya me conocían cuando pasaban a torear a Trujillo. Así, me encargaron vestidos para los matadores Gabriel Tizón y Guillermo Santillana, para los picadores y subalternos. Poco a poco comenzaba a hacerme conocido hasta que vio mi trabajo el matador y hoy ganadero don Rafael Puga quien me dijo ‘te voy ayudar’“.

– Por entonces, ya figura nacional, don Rafael Puga, hasta ahora el único nacional que cortó dos rabos en Acho en una misma temporada como novillero y también como matador de toros. Escapulario de Oro en 1973… supongo lo tomó como un espaldarazo en su carrera.

Así es, figúrese. El matador Puga me dijo: ‘mira, voy a traer raso y punto español para que me hagas los trajes que usaré en Acho…’. Le hice los trajes y los usó en Acho al lado de las figuras del toreo de ese entonces“.

– Manzanares, El Niño de la Capea, Paquirri, Galloso, Teruel… ¿verían de cerca sus trajes, maestro?…casi nada.

Al matador Puga, todos ellos le preguntaban: ‘dónde te haces tus trajes…’, y él les respondía que se los hacía ‘un muchacho de Trujillo…’. Fue una ayuda muy grande la que me echó el matador Rafael Puga“.

– Imagino que Rafael Puga pudiendo vestirse en las mejores casa de España lo haya hecho con usted sin casi conocerlo aún y dándolo a ver, por ayudarlo, guarda un significativo detalle en su trayectoria maestro Vargas.

Nunca me voy a olvidar del gesto que tuvo el matador y actual ganadero, don Rafael Puga. Por él es que llevo ya todo este tiempo recibiendo pedidos de todas partes“.

– ¿Cuántos años van siendo en esto?

Unos cuarenta años dándole seguido al oficio y con la satisfacción de tener pedidos constantes desde España, de México, de Colombia. En Ecuador les hemos vestido a todos, lo mismo aquí en el Perú“.

– ¿Cómo se inspira para trazar un diseño?

Partimos de una idea ya en la mente que con el diseñador luego llevamos a cabo en el trazo“.

– Se dice que los colores en el traje de torear definen la personalidad de los toreros, ¿con cuál color se siente más a gusto trabajar?

Me gustan los colores asentados de las figuras, los serios, azul marino, azul rey, grana, burdeos, vino tinto…que son de los que gustan la mayoría de toreros“.

– Sus colegas españoles, casi todos, coinciden en señalar que lo más difícil de confeccionar un traje es la parte de la taleguilla, ¿sucede lo mismo con usted?

Claro que sí. El entallamiento es fundamental. Que quede lo más simétrico posible, lo que decimos bien adornado. La cruz debe ceñirse y verse bien“.

–Aprecio aquí en su taller, unos trabajos realmente excepcionales, nada que envidie a las sastrerías más renombradas de España, tanto en trajes como en capotes de paseo…

Utilizamos el mejor material español, desde el raso, el punto y los accesorios, los canutillos, pedrerías, hilos y lentejuelas. También usamos excelente material nacional, todo de acuerdo al pedido y gustos.

– En la confección de un traje, evidentemente en la actualidad existe una parte mecanizada, pero en sí todo el proceso se diría que es aún artesanal.

La parte mecanizada es necesaria pues con la tecnología se avanza mucho, pero como dice bien usted, básicamente este trabajo es artesanal en todos sus extremos, la parte sastreril no solo se limita al entalle sino a todas las etapas desde las más simples hasta las más laboriosas“.

– Finalmente, don Arístedes, nos intriga saber, ¿de dónde le viene ese apelativo que lo ha hecho tan famoso como su trabajo, el Siete Lenguas?

Es una anécdota muy graciosa, mi sobrenombre me lo pone estando en La Huaca, un novillero ecuatoriano, de Riobamba, El Carmelitano, que como yo hablaba muy rápido él me decía, ‘pareces un siete lenguas’… y a todos les hizo gracia y así me quedé, como el Siete Lenguas“.

–Muchas gracias maestro Vargas por esta cortesía suya de poder conocer su taller lo cual para todo aficionado resulta invalorable.

Al contrario, muy honrado por su visita, esta es su casa“.

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